Los agravios inútiles | El Imparcial de Oaxaca
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Opinión

Los agravios inútiles

 


No paran. Agreden. Incitan. Insultan. Golpean. Humillan: y se esconden: y huyen: y se ocultan en máscaras que son trapos: y se mezclan con la multitud, según sus reglas de acción: son los presuntos ‘Anarquistas’ que se han adueñado de la situación y que ponen en entredicho la capacidad de acción de la policía del Distrito Federal y los de Seguridad Pública Federal… 

Ya hace tiempo aparecían en movilizaciones sociales. De pronto, junto a quienes se expresaban  estaban como si fueran parte del grupo, pero se distinguían porque ellos van a otra cosa, no a expresarse en contra de algo concreto, bien focalizado y de contenido ya político, económico o social: no: ellos están ahí para confrontar… 

El primero de diciembre de 2012 cuando tomó posesión de la presidencia Enrique Peña Nieto se mostraron feroces. Muchos supusieron que era una muestra de la indignación de un sector de la opinión pública por el regreso del PRI al gobierno, o porque no ganó la izquierda, o porque salía el PAN del gobierno…: sus agresiones fueron extremas: los vimos: y ellos como si quisieran que se les viera: como si buscaran las cámaras para exhibir su odio… ¿odio?… ¿a qué?… ¿a quién?… 

Nunca dijeron qué quieren o por qué lo hacen, ni entonces ni después. Quizá no lo hagan nunca. Acaso tienen algún ideal ¿anarquista? –no por las formas, no en el sentido de filosofía política y social que proclamaba la abolición del Estado, entendido como gobierno, y de toda autoridad, jerarquía o control social que se imponga al individuo. 

Quizá les hayan dicho que esta filosofía político-social surgió a finales del siglo XVIII en la obra de William Godwin, y que otros anarquistas, no de piedras ni palos o petardos ardientes, que sí de ideas, fueron Sebastian Faure y Pierre-Joseph Proudhon que pregonaba el “sin amo ni soberano”.

Tampoco han definido si dentro del anarquismo que se dicen ser, siguen la corriente del anarquismo individualista, mutualismo, anarquismo comunista o anarco sindicalismo… ¿acaso el colectivismo?… 

Nada hay ahí que indique si en verdad son anarquistas o quizá sólo les gustó la etiqueta que alguien les endilgó y son un grupo de confrontación violenta, ya por su propia cuenta y bajo consigna de enfrentamiento político o quizá mercenarios a los que alguien paga por desafiar a la sociedad para conseguir llamar la atención y conseguir objetivos no esclarecidos ¿son mercenarios?

Como quiera que sea, un grupo se ha definido como Anarquista Cruz Negra y el jueves 3 de octubre reclamaron que son 25 los detenidos en agencias ministeriales luego de la refriega del 2 de octubre en el centro histórico del Distrito Federal. 

En todo caso, corresponde al gobierno aportar a la sociedad la información que ya posee; porque seguramente tiene claro quiénes son y qué persiguen: o de otra manera el estado mexicano tiene sistemas de inteligencia insuficientes para saber lo que pasa y lo que ocurre aquí. Es probable que no sea así y que ya los tenga detectados en su origen y quién los comanda y tan sólo está a la expectativa ¿de qué?… 

Como quiera que sea, será bueno saber qué es lo que quieren en realidad; en qué punto del quiebre ideológico se encuentran; qué país quieren y bajo qué reglas de gobierno. Eso es. Es propio de un gobierno democrático escuchar las voces que provienen de la sociedad: y esta es una parte de ellas. Y a todos nos importa saber quiénes son y qué quieren. 

Por supuesto, en democracia hay reglas de convivencia. Y esas reglas vinculan a los gobernados y a los gobernantes: son reglas de equilibrio: nunca la violencia es el primer mandamiento, desde ninguna parte: si el diálogo: si el contraste de ideas: si la contención de feroz indignación: si el identificar puntos de vista para asumir errores y corregirlos o para esclarecer dudas… 

A menos que los muchachos violentos quieran mantener su línea de acción de confrontación y agravio, la autoridad debe actuar con base en las leyes y en el ejercicio de su responsabilidad de gobierno, que incluye el respeto a los derechos humanos: y a la inversa… 

Por lo pronto fue lamentable la visión de un México que nadie quiere ver ni en sueños. El de la agresión a punto de crimen; el de la lucha descarnada y extrema y, en contraparte, el de la defensa de la autoridad en una prudencia que para muchos es desquiciada pero que es eso, prudencia, y que, por lo mismo, podría tener un límite marcado por la ley. 

¿Es eso lo que quieren? quizá: Que se rompa el hilo delgado de la prudencia para iniciar una confrontación aun mayor siendo ellos ‘víctimas’ del atropello de gobierno. 

Si debemos permitir excesos de autoridad, tampoco habremos de permitir excesos de grupos beligerantes sin causa.   

Pero está la posibilidad del diálogo. Está la grandeza de un gobierno que sepa escuchar: y acaso ellos quieran ser escuchados: ¿Alguien se ha preocupado por intentar conocer sus razones? Comencemos de cero: ¿quiénes son? ¿qué quieren? ¿hacia dónde va lo que proponen…? ¿es viable? ¿si? ¿no? ¿por qué?… 

Una forma de desactivar la violencia es el diálogo. Habría que intentarlo. Quizá funcione también en este caso… Corresponde al gobierno mexicano intentarlo y parar, ya, los agravios inútiles.