Urge Observatorio Ciudadano | El Imparcial de Oaxaca
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Editorial

Urge Observatorio Ciudadano

 


Cada día se hace más necesaria la creación de algún organismo de la sociedad civil, que verifique o al menos se convierta en freno, de los excesos legislativos. Una especie de Observatorio Ciudadano que lleve un puntual seguimiento de nuestra flamante representación popular, en donde privan el dispendio, la ineficiencia y la opacidad. Lo anterior, ante la difusión en El Mejor diario de Oaxaca que, en menos de tres años de gestión, la Sexagésima Cuarta Legislatura del Estado, nos ha costado a los oaxaqueños más de dos mil millones de pesos. Sin rendir cuentas a nadie, diputados y diputadas se despachan con la cuchara grande. Tienen la facultad de validar recortes presupuestales en áreas importantes como Salud, programas sociales, protección civil o en organismos autónomos. Pero que no les afecte las constantes ampliaciones a su presupuesto, las cuales se auto-asignan, con un cinismo impresionante. 

Para la bancada mayoritaria del Movimiento de Regeneración Nacional –Morena-, la política de austeridad republicana, se puede aplicar –como dice el dicho vulgar- en “los bueyes de mi compadre, no en los míos”. Enajenados con el discurso presidencial de decir no a los gastos excesivos, a su arribo al edificio de San Raymundo Jalpan, en septiembre de 2018, un grupo de diputadas se rasgó las vestiduras para abanderar una supuesta austeridad. No a las remodelaciones de oficinas, a los boletos aéreos, al pago de teléfonos celulares. Pero fue sólo una llamarada de petate. Luego de que vieron el jugoso pago por evento, que son millones adicionales que pasan por debajo de la mesa, se olvidaron de su fallida política de ahorros, economías y austeridad. Demagogia pura, frente a calficaciones duras como las que les ha impuesto el Instituto Mexicano de la Competitividad –el IMCO- quien ha calificado a nuestra legislatura como una de las más onerosas e improductivas a nivel nacional. 

Contrario a lo que pregona el presidente de México de que no puede haber gobierno rico y pueblo pobre, aquí sus leales y seguidores lo han interpretado justamente a revés: Congreso rico, que derrocha y despilfarra a placer, frente a cientos de comunidades empobrecidas, que aparecen en el directorio nacional como pueblos en pobreza extrema. Lo más grave de ello es que ni leyes, ni iniciativas, ni puntos de acuerdo o reformas. La prioridad es el bolsillo, el pago por debajo de la mesa, el soborno y el conflicto de interés, en su relación con el Poder Ejecutivo. ¿No es tiempo ya de parar estos excesos, desde la sociedad civil? 

Fiestas, con protocolos sanitarios

Por segundo año consecutivo, el mes de julio no es el mismo al que nos acostumbramos desde hace décadas. El ambiente festivo, de tradición y cultura se ve menguado por la preocupación de una tercera ola de Covid-19. Miles de turistas han llegado. Pero no en la proporción que años anteriores. Y es la gran atracción que tiene nuestra capital y los Valles Centrales, ante los visitantes potenciales que buscan estos destinos. Nuestro evento folklórico más conocido y famoso, La Guelaguetza, de nueva cuenta fue suspendido. Desde aquel lejano año de 1932, cuando un grupo de oaxaqueños notables creó el famoso Homenaje Racial, que devino después en los Lunes del Cerro y, hasta años recientes en Guelaguetza, hasta nuestros días, es la tercera vez que se suspende. La primera, en 2006, cuando un grupo de facinerosos quemó el templete, mientras el magisterio y la tristemente célebre Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca –la APPO- con el argumento de que se trataba de un evento burgués, obligó al gobierno a suspenderlo.

El movimiento magisterial obtuvo como prebenda, los recursos económicos que desde entonces ya están etiquetados de manera oficial, para realizar la llamada Guelaguetza popular. Lo mismo, sólo que con un ingrediente adicional: la visión ideológica torcida, de que dicho evento es para el pueblo y no para los ricos. Al final de todo fue la conveniencia y no la convicción. Tal vez ésta fue una de las causas por las que el movimiento social y político de ese año nunca permeó a nivel nacional. El año pasado y éste, por evidentes razones de salud pública, también ha sido suspendida. Cuestión de ver el impacto económico que ha tenido. Y no sólo en los hoteles, restaurantes, agencias de viajes, mercados y tiendas de artesanías, sino en todo un entorno comercial. Desde las familias que venden sombreros para cubrirse del sol, en espacios del Cerro del Fortín, hasta las señoras que elaboran empanadas o comida tradicional; nieves o dulces regionales, entre otros muchos productos que Oaxaca ofrece al mundo.

La idea es pues, con lo que tenemos, tratar de hacer de julio un mes de fiesta, de remembranza de nuestra tradición ancestral. Tratar de aprovechar la escasa afluencia de visitantes y darles lo mejor que los oaxaqueños podemos aportar a quienes nos visitan. Evitar los abusos. Hacer de estos tiempos de penurias, tiempos de esperanza. Pero sobre todo, cuidar al turismo y cuidarnos todos. El mal pende sobre nosotros. No bajar la guardia.