La siembra de cizaña | El Imparcial de Oaxaca
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La siembra de cizaña

 


El sustrato cultural de Occidente se funda en varias civilizaciones de la antigüedad. Del mundo helénico hemos heredado las bellas artes, la filosofía, la democracia, la terminología científica y técnica. Del mundo romano o latino recibimos como legado las instituciones del Estado, el corpus jurídico; de la lengua latina surgieron las lenguas romances entre ellas nuestra rica lengua castellana. De la muy ancestral cultura hebraica o judía nos llegó la concepción metafísica del monoteísmo, las órdenes sagradas, la liturgia y muy destacadamente el Decálogo, los Diez Mandamientos que, dice el libro de Éxodo, recibió Moisés directamente de Dios en el monte Sinaí. Pero la gran base y la gran estructura que ha permitido a Occidente una identidad y una forma de crecer espiritualmente y aún en lo material, se le debe al cristianismo, sobre el cual no sólo se estructuraron creencias religiosas, sino que también principios y valores éticos, normas de conducta, códigos legales; sin omitir que nuestra forma de datación se basa en el calendario gregoriano, que rige prácticamente en todo el mundo. En el mundo occidental, la temporalidad de las fiestas, de las grandes celebraciones y la devoción mariana y el martirologio, han fijado también las épocas de siembra, de cosecha, de preparación de la tierra, la vendimia en los viñedos y muchas otras formas de vida que rigen las costumbres y las prácticas en ambos extremos del Atlántico.
No todo es armonía y paz. En la cristiandad, como se denominaba a la Europa del Medioevo y en el Nuevo Continente, hasta nuestros días, se han sostenido guerras y formas de mando gubernamental extremas: tiranías, despotismo, millones y millones de muertes, sangre derramada y pueblos arrasados. En el fondo del ser humano y sus ambiciones prevalece la inquina y el encono, lo cual tampoco está exento en el Oriente próximo y lejano; el mundo del islam y las antiguas culturas y civilizaciones en África o en Asia. El mundo pagano también aporta mucho a extremos en el curso de sus vivencias. Aunque conocemos las formas de vida y gobierno en las sociedades prehispánicas, sería imposible en Iberoamérica o en cualquier parte del mundo, vivir conforme a las reglas de los tlatoanis: nos rige la cultura mediterránea, por fortuna.
En nuestro México parece que, en los tiempos presentes, están reviviendo peligrosos rasgos que rigieron antes de la Conquista: la persecución política e indudables intenciones de realizar sacrificios humanos ya no en el tzompantli o en las alturas del templo mayor, sino de una forma menos cruenta en lo físico, pero destructiva en cuanto a la convivencia civil. De igual manera, parece que el Santo Oficio ha vuelto a establecer su picota en la plaza central de México, en el mismo suntuoso palacio que fue de los virreyes, hoy usado para denostar, para injuriar, para vilipendiar a quienes piensan de manera distinta a los criterios y voluntad de un líder que confunde el mando con el escarnio y que supone al Estado como un ente menor, al servicio del ánimo y circunstancias de quien dicta lo que se debe hacer, aun cuando esto sea contrario al progreso y desarrollo del pueblo mexicano.
Sin duda, las enseñanzas bíblicas, de las cuales creen apoderarse los iluminados mesiánicos, nos han dejado, en el Nuevo Testamento, aquella parábola de la cizaña que crece en los campos de trigo. Los sirvientes quisieron arrancar la hierba mala, pero el amo sabiamente dispuso que se la dejara crecer y en tiempos de cosecha se desechará y se separará del trigo limpio (Mateo 13:24-30). La lección es sencilla: demos tiempo a que venga la época de la siega y con el voto democrático desecharemos la inmundicia que está creciendo en nuestras parcelas.
EXTRA. Enrique Krauze es un gigante de la cultura, las letras y la historia de México. Merecidamente ha recibido de manos del Rey Felipe VI de España, el galardón “Premio de Historia Órdenes Españolas”. La obra de Krauze, como el trigo limpio, prevalecerá por encima de la cizaña que trata de mancillar la brillantez de su trabajo.