¿Y la oposición? | El Imparcial de Oaxaca
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Opinión

¿Y la oposición?

 


El zafarrancho del martes 29 de junio a las afueras de las instalaciones monumentales del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en la Ciudad de México sirvió para dos cosas: exhibir la pugna interna de grupos de distinta catadura por hacerse del mando del partido, y para darnos cuenta de que el partido ya no está. O que prácticamente ha desaparecido.

Ese día, con dimes y diretes de ‘yo no fui, fuiste tú’, o ‘fue un montaje’ o ‘fue un auto-atentado’ o ‘fue una agresión’…: todo, se expusieron rencillas y luchas de poder. Lo de siempre. Lo histórico ahí.

Tanto el ex gobernador de Oaxaca, el muy mal averiguado Ulises Ruiz, como Nallely Gutiérrez Gijón acudieron para exigir la renuncia del actual presidente del instituto, Alejandro Moreno, alias “Alito”, luego de los resultados de la elección pasada: Fatales, por cierto.

Lo que se vio ahí es que los priistas no entienden o no se dan cuenta o es intencionado el grado de debilidad en el que se encuentran y en lugar de tratar de arreglar la situación y su subsistencia como organización representativa de una corriente de pensamiento, resulta que se confrontan, se acusan, se señala y por lo mismo, debilitan aún más el poco aliento que le queda al PRI que durante muchos años fue el sistema político mexicano mismo. O la ‘dictadura perfecta’ si se quiere.  

Pero nada. No toman en cuenta que en las elecciones de 2018 se fueron a la lona y que apenas en las elecciones del 6 de junio pasado perdieron 8 de los estados de la República que les quedaban; que perdieron municipios y posiciones legislativas en estados y en la Cámara de Diputados federal, y que sobrevivieron debido a la alianza que hizo con el Partido Acción Nacional y el Partido de la Revolución Democrática –éste, otro caso de anorexia política-.

Es cierto que al famoso “Alito” se le acusó de estar cercano a los intereses presidenciales del actual gobierno federal; que no dio muestras de dar una batalla a la altura de las circunstancias y para reposicionarse como fuerza política de interés nacional; no consiguió garantizar que pudiera ser una oposición a la altura del arte, del tipo de oposición tan necesaria como factor de equilibrio y para garantizar la preservación del sistema democrático mexicano…

…Con una fortaleza que radique en sus planteamientos de gobierno, que exponga por qué mexicanos tendrían que devolverles su voto u otorgárselo. Un despliegue de inteligencia en el que muestre las debilidades del adversario pero sobre todo las virtudes propias.

Estas virtudes garantizadas por el compromiso de solucionar los grandes problemas nacionales, con un sólido proyecto de nación, con una ideología firme y doctrina como instituto político. Nada.

La dirigencia del PRI estaba ahí, para decir “sí” o “no”… para acompañar, no para ser guía…para obedecer y callar…, o por lo menos así se percibía. Y ahí están los resultados.

Pero lo que ocurre en el PRI como partido débil y parte de una oposición asimismo débil, ocurre con los otros partidos que se supone que darán la batalla para hacerse del poder político en las elecciones del 2024 y cuyo proceso electoral ya comenzó.

El mismo presidente de la República, en su “Mañanera” del 5 de julio y con un hálito triunfalista dio nombres de ‘quien podría sucederlo en la presidencia del país’, dando por hecho que él y su partido, Morena, serán triunfadores y que uno de estos nombres será el que ocupe la silla presidencial del 24 al 30 de este siglo. Lo que llevará a que, a partir de ahora, estos nombres se harán la guerra, se meterán el pie para que el otro caiga, intrigarán, les harán caer en error…

¿Y la oposición? ¿Existe oposición en este momento? Si, de membrete. Pero en los hechos está prácticamente anulada, es inexistente, no se le ve por ningún lado en el sentido de que el ciudadano encuentre distintas alternativas para lo que podría ser el país a partir de ese 24. 

El Partido Acción Nacional (PAN), hoy segunda fuerza política del país, está lejos aún y requiere apoyos para fortalecerse, aparte de sus propias pugnas internas que igualmente le debilitan, no hay razones por las que un ciudadano podría votar por este partido, a menos de que el actual gobierno, por sus hechos, obligue a votar por todos, menos por Morena y su coalición.

El Partido de la Revolución Democrática (PRD), de cuyas filas se nutrió Morena, está ahora prácticamente en agonía. Sin fuerza, sin credibilidad toda, sin ánimo de ser él mismo, como fortaleza y refugio de una izquierda que no se encuentra en Morena y que busca espacios necesarios. Una izquierda auténtica y propositiva, creciente y justa. Pero no. Ya no en el PRD. Si, urge una alternativa para la izquierda mexicana ¿dónde está?

Movimiento Ciudadano se fortalece en su independencia, pero aún no tiene piernas de jinete para ser la gran fuerza política opositora al actual partido en el poder. Los otros partidos pequeños ni en cuenta. Son rémoras: el Partido del Trabajo; el Partido Verde Ecologista de México. Los nuevos que nos hicieron gastar millones pero que terminaron por perder el registro. ¿A quién se le ocurre darles ese registro?

Así, en general la oposición mexicana se nutrió de ganancias en las pasadas elecciones gracias a los errores y fracasos del actual gobierno federal y al descontento de muchos ciudadanos.

Pero no obtuvieron ganancias por sí mismos, no por sus glorias o grandezas. Y lo peor, que de seguir así, las elecciones del 2024 serán un fracaso para la democracia mexicana y, lo más peor aún, que para entonces se repita de otro modo, lo mismo.