La ruta de la normalización | El Imparcial de Oaxaca
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Opinión

La ruta de la normalización

 


Jesús Emilio de Leo

Es indiscutible que la pandemia generada por la COVID-19 ha ocasionado cambios en la forma de llevar la vida día a día. El confinamiento ha traido consecuencias positivas y negativas en los ámbitos político y económico, sin embargo, las relaciones personales se han visto alteradas por la falta de actividades de convivencia, aunque pareciera que algunos sectores sociales ya han restablecido su actividad social.
La incertidumbre latente tiene diversas lecturas, los gobiernos han intentado poner en operación planes de contención a la movilidad social, tratando de motivar el consumo local; el sector económico ha implementado estrategias de distribución empleando medios y plataformas para no ver reducida su capacidad financiera y el sector público ha motivado el trabajo desde casa para evitar la concentración de sus colaboradores en espacios reducidos, incluidas las escuelas, las cuales han cancelado cualquier posibilidad de retorno masivo a las aulas, pese a algunos intentos.
En las ciudades, por momentos se perciben mayores desplazamientos, los aeropuertos y centrales de autobuses están operando, restaurantes y centros comerciales están abiertos, algunos trámites oficiales se pueden concretar previa cita y el flujo vehicular denota que otros sectores de la vida económica y social se encuentran en la ruta del reestablecimiento de servicios.
De acuerdo a informes noticiosos, países europeos han dado cuenta de fases con más contagios y mayor contracción de actividades, así como fases de menores contagios con menor restricción de actividades. Pocos son los casos en los que se han incorporado a las actividades artísticas como estrategias de entrenamiento para el establecimiento de la nueva convivencia social. Aun cuando el proceso de vacunación avance de acuerdo a la disponibilidad de dosis como es el caso mexicano, el cubrebocas seguirá teniendo un alto desempeño para evitar la transmisión de virus y bacterias. Ya se agotó la polémica en torno a su uso y ahora es una prenda habitual por su necesidad.
Despúes de un año, aún estamos lejos de una estrategia planificada para un arranque formal de todas las actividades, se requiere de un proceso de reeducación social para enfrentar el reto. Sin embargo, ha pasado desapercibido el sector que puede contribuir a avanzar de manera más certera hacia la ruta de la normalización, el artístico-cultural, el cual después de la burocracia, es el sector que concentra mayores espacios públicos, tal es el caso de bibliotecas, centros recreativos, hemerotecas, galerías, fonotecas, academias de arte, archivos, cines, teatros, tiendas de arte popular, zonas arqueológicas, parques temáticos y museos. Aunque no tiene la misma afluencia de las escuelas, eso le permite promover entradas progresivas a sus recintos. Por la naturaleza de sus actividades no se requiere del consumo de alimentos, excepto en los cines y fácilmente puede acatar la disposición de la sana distancia para evitar contagios si también se se respetan los filtros sanitarios. La segmentación de sus servicios es posible a partir del establecimiento de días de atención al público en general y días de visita mediante la concertación de agenda o reservación.
Los ensayos para la normalización de actividades en el sector artístico-cultural solo van a funcionar si el proceso logra hacer efectivo que en el país es requisito hacer filas, dejar pasar, esperar nuestro turno, ser puntuales y acostumbrarnos a planear nuestra vida en el futuro inmediato, algo que se antoja difícil es un país en el que por momentos hacemos todo lo contrario.