Los infames bloqueos | El Imparcial de Oaxaca
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Editorial

Los infames bloqueos

 


Oaxaca se ha convertido en la comidilla y crítica de pasajeros o automovilistas que transitan por sus carreteras. No hay un solo día en que la Carretera 190, que pasa por el Istmo de Tehuantepec no esté bloqueada. O lo está en el Canal 33, el llamado Puente de Fierro o en el puente conocido como El Caracol. Cuando grupos, organizaciones, comuneros u otros bloquean este último lugar, la circulación a la capital oaxaqueña, Chiapas, Veracruz, la Ciudad de México, Huatulco o Acapulco, queda de inmediato suspendida. Es decir, quienes chantajean al gobierno con este método infame, lo hacen con toda la mala fe y premeditación, para despertar la ira ciudadana. Cuando ello ocurre no hay salida, menos para los autobuses o camiones pesados de carga que pueden quedar varados horas o días completos, sin que autoridad alguna intervenga.

Si bien es cierto que en los discursos oficiales se menciona el proyecto del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec (CIIT), que para muchos es una simple ficción pues no ha avanzado ni en un pequeño porcentaje, viene a la memoria la situación de la protesta permanente en la zona istmeña. Hay días en que se montan hasta seis bloqueos carreteros. La ciudadanía está harta de la impunidad con la que operan vecinos de algunas comunidades del Bajo Mixe que, por quítame estas pajas, cierran la Carretera Transístmica. Esta situación se dio durante la temporada en que la pandemia de Covid-19 fustigó duramente a las poblaciones de la región. Inclusive, los chantajistas impedían el tránsito de ambulancias y camiones con tanques de oxígeno. Esta actitud, identificada como negligencia criminal, debería ser castigada con penas severas. Pero no. Oaxaca es tierra de impunidad.

¿Cómo puede avanzar o transitar un proyecto tan importante como el CIIT, en una zona que es rehén permanente del chantaje y la presión? El gobernador del estado, Alejandro Murat ha sido cuestionado al respecto, pues para que el citado proyecto camine se requiere, principalmente, un ambiente de paz social, gobernabilidad y derecho a la libre circulación. Y la situación se repite de manera cotidiana. Insistimos: no hay un solo día en que el pasajero, el transportista o el automovilista pueda transitar libremente y sin obstáculos por la zona. Los bloqueos han creado un justificado hartazgo social, mientras las autoridades federales y estatales siguen fingiendo demencia o simplemente soslayando el reclamo ciudadano.

Estercolero citadino   

Muchos nos preguntamos: ¿hasta cuándo las autoridades locales en coordinación con el gobierno estatal, resolverán el problema del comercio en la vía pública, sobre todo el que ya tiene secuestrado el Centro Histórico? Se trata de un problema serio que cada vez se extiende más. Hoy el Andador Turístico, los alrededores de Santo Domingo y zonas que se habían mantenido libres de ambulantes, hasta hace al menos un año, están completamente invadidas de puestos de toda clase de mercancías. Este asunto se ha politizado y nadie quiere entrarle, justamente porque hay desde organizaciones solapadas por sectores del Partido Revolucionario Institucional (PRI), hasta grupos simpatizantes del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). A ello hay que agregar que funcionarios municipales tienen las manos metidas hasta el fondo, pues ha trascendido que hay uno o dos servidores del ayuntamiento que cuentan con decenas de puestos, los cuales rentan.

Las lluvias y temporales de los últimos días han puesto en alerta a los organismos de protección civil, ante el peligro de desplome de algunos de los centenarios laureles de la India que cubren el Zócalo capitalino, lo cual se ha convertido en riesgo inminente para quienes tienen sus puestos ahí y hasta pernoctan por las noches. No se salvan de esta realidad los triquis que están cumpliendo once años de haberse apropiado de los pasillos del Palacio de Gobierno, situación que los dos órdenes de gobierno, estatal y municipal, han soslayado con una apatía inexplicable. Y es que las medidas cautelares que les otorgó la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), no son en absoluto una patente de corso para que esta decena de cautelados, sigan contribuyendo a una pésima imagen de la ciudad capital.

De los citadinos, ya nadie quiere tomar el café o desayunar como antaño en los portales históricos que rodean al zócalo. Es tal la pestilencia de desechos líquidos y sólidos, así como flujos corporales, que hacen del ambiente algo pesado e insoportable. El corazón de nuestra ciudad, una de las más bellas de México y del mundo, ha devenido un estercolero, ante la mirada complaciente de las autoridades que, sencillamente, se encogen de hombros. Los triquis se han mantenido ahí desde el año 2010, justo desde la llegada del ex gobernador Gabino Cué y ahí seguirán, seguramente, hasta que se renueve el gobierno estatal en el 2022.