La herencia de los libros | El Imparcial de Oaxaca
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La herencia de los libros

 


—La inflación
Amigos de mi generación se enfrentan a una serie de problemas que nos son comunes. Uno de ellos es ¿qué vamos a hacer con nuestras bibliotecas? Afortunadamente la mayoría de mis amigos tienen amplias y extensas casas para sus colecciones y han preparado todo para que los nietos puedan disfrutar de sus libros.
El que no se midió fue “Catón”, Armando Fuentes Aguirre, que tiene tantos libros como días ha vivido. Hace unos dos años hizo un primer balance y resulto que en su casa ya no puede vivir porque ha inundado de libros todos los espacios posibles.
Tenía unos 30 mil volúmenes de historia, literatura y filosofía que fueron rigurosamente contados y registrados por un personal especializado. Se habla en Saltillo de crear una biblioteca regional con sus textos que está dispuesto a donar. Froylán López Narváez, se compró una casa en la ciudad de México donde metió más de 18 mil libros.
José Fuentes García, tiene colecciones de revistas completas, además de los libros y se enfrenta al mismo problema. Don Eliseo Mendoza Berrueto, cuenta con un acervo de más de 80 años de comprar diversos volúmenes, en inglés, francés y español, además de los que ha escrito. Me comenta que de algunos de sus textos no tiene ningún ejemplar.
Yo tengo libros en tres ciudades distintas y ahora que estoy tratando de ubicarme en una sola casa el problema de los libros es una de las piedras que tengo en el zapato. ¿Dónde pongos los libros que he adquirido después de 55 años de editor? Por lo menos guardo libros desde los 10 años, cuando vi en un puesto de periódicos que el Selecciones del Readers Digest, la revista que utilizó el “imperialismo yanqui” para invadirnos, había cambiado de forma de encuadernarse, antes era a “caballo” y ahora lo hacían por pliegos. En esa época entendí que salir con un libro bajo el brazo y leerlo en cualquier lugar le daba a uno otra personalidad. Se lo comenté a mi madre y se rió. En casa leíamos por lo menos el Selecciones cada mes. Más tarde me dediqué a editar libros y revistas.
El libro se enfrenta en estos momentos a una crisis existencial la consulta de textos en blanco y negro ha disminuido y los libros han bajado sus ventas ante la invasión de los sistemas electrónicos de consulta. Cientos de librerías han cerrado ante la escasa venta que existe. La disminución de la compra de libros empezó hace unos 40 años y ha ido disminuyendo en forma permanente. Ahora las librerías que sobreviven son objeto de culto. Contra los catastrofistas yo no creo que desaparezca el libro, la historia de la pandemia se escribirá en un libro.
Se ha popularizado la donación de los libros a las bibliotecas locales mediante el sistema de “legados”, pero algunas bibliotecas ya piden esquina y ponen una serie de requisitos para recibir este tipo de donaciones. Los familiares de algún lector ven como una salida fácil y sofisticada donar los libros y lo hacen en muchas ocasiones sin que todos los libros tengan las condiciones para de formar parte de una biblioteca. Recuerdo que algunas bibliotecas y hemerotecas tienen un cajón que se llama “Miscelánea” donde ubican ciertas publicaciones y si después de un tiempo no se consultan los tiran.
Como experiencia personal en materia de donación de libros tengo una que ocurrió hace aproximadamente 20 años y la repito para que no se vuelva a repetir. . Mi madre, maestra rural más de 65 años, realizo una limpia en su biblioteca y sacó cerca de 500 libros que había leído y que quería regalar. Decidió donarlos a la escuela de Ejutla de Crespo, Oaxaca, población donde ella había nacido. Hicimos el viaje desde la ciudad de México, en un vehículo apropiado para la carga. Al llegar a Ejutla preguntamos por el maestro y las autoridades municipales para hacerle entrega de las cajas con libros. Aparecieron dos personas y ante un grupo de niños y jóvenes de la comunidad hicimos entrega de las cajas que contenían el precioso tesoro. Nos firmaron unos recibos. Regresamos contentos, habíamos llevado los libros más de 600 kilómetros para que se iniciara una pequeña biblioteca en esa escuela rural llena de tanto significado
Años después en el mercado de viejo de La Lagunilla, en la Ciudad de México que se pone los domingos encontramos mi madre y yo que parte de los libros que habíamos regalado. Estaban a la venta, habían recorrido nuevamente 600 kilómetros distantes de la escuela donde los habíamos entregado. ¿Quién fue, la autoridad municipal, los maestros, rateros profesionales? No lo sabemos. Sin embargo, estos libros se convirtieron en una muestra de la rapiña que ocurre en esas áreas. Yo espero que haya más control de los libros o de las diferentes donaciones que se hacen a las escuelas y estos pequeños y grandes asaltos se destierren.
Por lo pronto no sé qué libros llevarme, cuáles regalar, a quién regalarlos, me dan ganas de poner los libros en la puerta de mi casa con un letrero “Se regalan libros”. Creo que voy a tener que alquilar una mudanza más grande. Amo tanto mis libros.
LA INFLACIÓN IMPARABLE
Todos los comerciantes y prestadores de servicios que tuvieron que cerrar durante la pandemia tienen la idea de recuperar a la mayor velocidad posible las ganancias que dejaron de percibir durante ese trágico 2020. La fórmula que han encontrado es la más sencilla del mercado, la que les asegura en el corto plazo volver a tener los negocios boyantes o por lo menos con un buen porcentaje de ganancias: subieron los precios estratosféricamente. La inflación aumentó el doble el mes pasado, con lo cual se asegura que no va a ser posible lograr en este 2021 lo que se había previsto de crecimiento e inflación. Las víctimas de la voracidad de los comerciantes son la población consumidora, porque antes de que haya un aumento de sueldos, hay un aumento de precios. ¡Cómo estará la situación que a las pensiones de los adultos mayores les aumentaron 50 por ciento a partir de este mes!
El problema no es sencillo. Como hay una economía de libre mercado es la iniciativa privada la que fija los precios de sus productos. No hay manera de frenarlos, de exigirles una conducta ética, de multarlos por sus abusos. El neoliberalismo nos quitó el control del precio de una canasta básica de productos y los dejó a ellos como querían, en absoluta libertad. Fin.
ENTRETEXTO
“Todos los comerciantes y prestadores de servicios… tienen la idea de recuperar a la mayor velocidad posible las ganancias que dejaron de percibir durante ese trágico 2020. La fórmula que han encontrado es la más sencilla del mercado, la que les asegura en el corto plazo volver a tener los negocios boyantes o por lo menos con un buen porcentaje de ganancias: subieron los precios estratosféricamente”

ENTRETEXTO DOS
“El problema no es sencillo. Como hay una economía de libre mercado es la iniciativa privada la que fija los precios de sus productos. No hay manera de frenarlos, de exigirles una conducta ética, de multarlos por sus abusos”