Nochixtlán, una tierra de nadie | El Imparcial de Oaxaca
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Editorial

Nochixtlán, una tierra de nadie

 


Un día como hoy, pero de 2016, un grupo de maestros de la Sección 22, en coordinación con organizaciones sociales que buscaban desestabilizar la administración del ex gobernador Gabino Cué Monreagudo, montaron un bloqueo carretero por varios días en la autopista Oaxaca-Cuacnopalan, a la altura de Asunción Nochixtlán. El hecho generó tanto daño económico y perjuicio social, que tuvieron que intervenir diversas corporaciones policíacas, como la Federal y la Estatal para un posible desalojo, lo que dio lugar a un enfrentamiento que trajo como consecuencia que ocho personas fallecieron y hubiera centenares de heridos, tanto policías como civiles. Ese día se celebraba en la comunidad mixteca el día de la plaza. De inmediato, como ya es propio de “su lucha social”, maestros y adláteres iniciaron una serie de movilizaciones para reiterar su rechazo a la “represión”.

Si bien es cierto que hubo exceso de fuerza, también lo es que las heridas de armas de fuego que se registraron entre los policías de las diversas corporaciones, hacen presumir una respuesta violenta de quienes se asumieron víctimas. De inmediato intervinieron las comisiones de derechos humanos, que validaron la victimización de maestros y activistas. Si bien se documentaron excesos de ambas partes, ello fue minimizado. Nochixtlán y esta fecha se convirtió en una bandera “de lucha”, como lo ha sido hasta hoy, el 14 de junio de 2006, en recuerdo del fallido desalojo. Visitadores y legisladores; organismos de derechos humanos y órganos de justicia del gobierno federal, ratificaron el uso excesivo de la fuerza. Rodaron cabezas; se integraron expedientes, etc. A partir de ahí, la antes tranquila población devino rehén de grupos radicales y, sobre todo, de personas sin escrúpulos que tomando como bandera la sangre de los caídos, formaron el llamado “Comité de Víctimas” (Covic), que hasta hoy, sigue manipulando la tragedia.

Desde hace cinco años, el entronque carretero con la autopista, en donde se mantuvieron por mucho tiempo vehículos calcinados por las supuestas víctimas y hasta un monumento se levantó, ha devenido rehén permanente de los grupos que, con oportunismo más que convicción, celebran cada año la llamada batalla de Nochixtlán. La historia de estos hechos se ha analizado de manera sesgada. Ha prevalecido la ideología y el oportunismo; la mentira y la victimización, pero no la realidad de lo que ocurrió. 

Prioridad política no social

El pasado fin de semana, por enésima ocasión, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador estuvo en territorio oaxaqueño. No es un secreto, Oaxaca es como su feudo. Vino a supervisar la situación de algunos de los programas sociales que puso en marcha la 4T, como los llamados Bienestar, Caminos Rurales y carreteras. Pinotepa Nacional, San Vicente Coatlán y Santo Domingo Tepuxtepec, fueron algunas de las comunidades visitadas. Con al menos 23 visitas, creemos que algunos de los grandes proyectos ya deberían haberse concluido, como es el caso de las carreteras a la Costa y al Istmo. Pero ahí siguen, a paso de cojo. Capítulo aparte merece el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec que, a decir de observadores y funcionarios estatales, no ha avanzado ni un ápice. Es decir, hasta la fecha, todo ha sido una ficción. Cualquier ciudadano istmeño puede constatar el nulo avance de este proyecto.

Y no se trata sólo de la visión de los medios de comunicación, a quienes el viernes 11 de junio acusó de “inmorales y faltos de ética” o del punto de vista de los “intelectuales orgánicos”, a quienes calificó de serviles al poder económico. Tampoco se trata de una tesis de los conservadores, neoliberales o la clase media ilustrada, su platillo favorito y cotidiano, sino de la realidad simple y llana. Los proyectos carreteros y el corredor interoceánico han sido hasta hoy, puro jarabe de pico. Oaxaca tiene algo más que votos. Tiene recursos naturales, una posición geográfica y estratégica única, gran diversidad cultural y una ubicación envidiable en el litoral del Pacífico, en lo que se refiere a polos de desarrollo turístico. Este pueblo noble merece respeto. Que no se nos vea sólo como feudo político o bajo el prisma de la conveniencia partidista. Porque el interés genuino de contribuir al desarrollo de la entidad, no se ha visto por ninguna parte. 

En el pasado proceso electoral, el partido Movimiento de Regeneración Nacional -Morena- de nueva cuenta se posicionó en la entidad. Los diez diputados federales de mayoría relativa, son de dicho partido. Sin embargo, es lamentable nuestra pobreza de iniciativas, de gestión, de capacidad de debate. Lo único que han hecho hasta hoy, y seguramente harán los tres años adicionales, será levantar el dedo y rendirle tributo al Tlatoani. Incapaces de hacer suya la demanda de justicia histórica hacia los oaxaqueños, para ellos, bien podemos esperar las cacareadas carreteras otros veinte o más años.