La Justicia (I) | El Imparcial de Oaxaca
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La Justicia (I)

 


Por Eduardo Aragón Mijangos

La Virtud radica en la Justicia, la persona virtuosa necesariamente tiene que ser justa, el vicio radica en la injusticia. Cualquier persona que actúa perniciosamente sobrevive en sociedades donde reina la injusticia, porque no hay espacio para ésta en sociedades justas, donde se valora la virtud, por encima de cualquier otra cosa.
La persona mala no tiene futuro en una sociedad justa y el bien no tiene futuro en una sociedad injusta. Pero para construir una sociedad justa cada individuo que la conforma tiene que ser justo.
Si la virtud radica en la Justicia, cualquier ser humano o sociedad que aspiren a obrar bien, a ser buenos y por lo tanto a ser felices, tienen que apelar a la Justica, a ser justos en su actuar. La justicia en nuestros actos cotidianos determina la bondad de los mismos y su ausencia la maldad de ellos. Los actos justos son intrínsecamente buenos y los actos injustos son intrínsecamente malos.
Por otro lado, la apatía respecto de la injusticia ajena, nos hace injustos. Permitir o tolerar actos injustos por el simple hecho de que no nos afectan en lo individual es actuar injustamente.
Hay que señalar la injusticia incluso ajena hasta el cansancio, para que todos estemos de acuerdo en que algo está mal y que no va a pasar desapercibido nunca, hasta que sea corregido o sancionado, no sólo por justicia, sino para obstruir el paso impune de la injustica que puede permear en toda la sociedad con mucha facilidad y normalizar la maldad, la apatía normaliza.
Si en la injusticia indirecta no se es solidario, estamos abonando a construir una sociedad injusta, por eso la apatía es cómplice y mejor amiga de la injusticia, la apatía es el agua con la que crece la hiedra de la injusticia, y necesita muy poca para abundar.
Pero, ¿qué es la Justicia? Algo que es justo es algo que es bueno para la mayoría de las personas, no sólo para mí; actuar con justicia implica buscar la opción más benéfica para todos, no para uno o un grupo particular.
Por otro lado, no hay que confundir Justicia con democracia o con el bienestar material, la justicia implica un discernimiento racional-intelectual, personal y luego colectivo que determina lo mejor para la comunidad, lo mejor para la mayoría; y no siempre lo mejor para la comunidad o lo mejor para la mayoría es lo que beneficia directamente a más personas o lo que más personas quieren. Hay veces que lo mejor para todos es beneficiar a una minoría, para nivelar los derechos y privilegios, igualdad le llaman, porque eso procura la armonía colectiva, porque sin equidad, sin igualdad, tampoco puede haber justicia.
Un acto justo es aquel que ve también por los derechos de las minorías y sectores más desprotegidos, y un individuo y sociedad bondadosa tienen que visualizar que el bien está en eso también, en la igualdad, en la armonía y el bienestar general, aunque parezca que se beneficia solo a un grupo; cuando se beneficia a un grupo por un sentido de igualdad y equilibrio, este acto se vuelve bueno y por lo tanto justo.
Para determinar lo justo también tiene que existir una escala de valores donde se pueda establecer qué valor debe defender la sociedad con más fuerza, por entender que es el mejor para el bienestar general o simple subsistencia. En esa escala de valores también debe existir un sentido total de Justicia.
¿Es justo que una persona que no trabaja, por las razones que sea, muera de hambre, cuando otra tira la comida?
Parecería claro que no es justo, pero cada sociedad determina que es más importante, si la vida o el trabajo, si la vida es más importante, habría que darle de comer, cuando sobra al grado del desperdicio, aunque no trabaje, después se podrán ver formas de convencer a esa persona que es importante contribuir trabajando.
En cambio, si para esa sociedad es más importante el trabajo, es decir, que todas las personas estén conscientes que deben colaborar con su trabajo para el desarrollo personal y colectivo de la sociedad, entonces, para esa sociedad lo más justo será que esta persona muera de hambre, aunque haya comida.
Claro que en este último supuesto, habría que preguntarse qué tan justa o virtuosa es una sociedad que antepone el valor del trabajo al valor de la vida que es la esencia de todo, es decir, sin la vida no existe nada, ¿qué debería ser mejor o que debería de tratar de conservar con mayor convicción una sociedad verdaderamente virtuosa: el trabajo o la vida?
Si partimos de la deducción de que sin vida no hay trabajo, pero que aún sin trabajo la vida puede existir, creo que para una sociedad inteligente y buena, sería muy claro que la vida es el valor que hay que preservar por encima de todas las cosas.
Pero por muy claro que esto parezca, la gente sigue muriendo de hambre en este mundo, y lo que es peor, a nuestra sociedad le parece justo que esto suceda. Por eso, hay que determinar muy bien cuáles son los valores de una sociedad y su jerarquización, para poder obrar con justicia de manera colectiva.
Continúa…