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Opinión

Banco de México

 


Federico Ponce Rojas

Desde su Independencia nuestro país ha vivido una economía sumamente accidentada y, desde luego, vinculada necesariamente a la economía mundial, la cual en Europa a partir de finales del XIX concibe la necesidad de crear una banca central como autoridad reguladora de las políticas monetarias, responsabilizándose de la emisión de moneda de curso legal; es el Banco de Inglaterra el primero en asumir este papel, pero como banca privada.
Durante el Porfiriato corresponde a los bancos privados emitir papel moneda con el respaldo de metales preciosos, en 1884 el Banco Nacional de México, desde su fundación, hace las veces de banco central, con el pago de impuestos, pago de deuda y emisión de billetes únicos para el pago de obligaciones.
En 1913 nace la Banca Central norteamericana, conocida como Fed, e inmediatamente se vuelve un referente determinante para el resto de América.
El deteriorado sistema bancario del Porfiriato, aunado a la emisión de billetes de facciones revolucionarias, de circulación regional, cuyo valor se perdía súbitamente, los préstamos forzosos que el dictador Victoriano Huerta imponía a todos los bancos del país, la fuga de capitales y la incautación del gobierno de los pocos bancos que operaban, aceleró aún más el deterioro.
El primer jefe constitucionalista Carranza propone la creación de una sola banca para emitir billetes, considerándolo un “atributo de soberanía”, así nace constitucionalmente en el artículo 28 de nuestra Carta Magna el principio de la autonomía del Banco de México.
En 1936 se publica la Ley Monetaria, con el objeto de limitar el crédito al gobierno, nunca se aplicó debido a la política expansiva del aumento del gasto público, el desequilibrio fiscal, déficit de la balanza comercial, inflación, y la primera devaluación del peso, de $3.60 a $5 pesos por dólar, en el régimen del presidente Cárdenas.
Durante la II Guerra Mundial, las cosas no fueron mejor: aumento del gasto público e inflación; que, si bien, las reservas habían aumentado no había en qué gastar, pues las fábricas producían sólo materiales de guerra.
No es sino en 1958, y hasta 1970, cuando la coordinación fiscal y el control monetario entre Hacienda y Banco de México logran una estabilidad económica con un 3.5% de inflación, 6.5% de crecimiento y 6% de aumento salarial, todo esto anualmente.
Las acciones de regímenes estatistas y populistas desestabilizan la economía nacional continuamente, de 1970 a 1982 el abuso y dispendio del gasto público provocaron de nuevo el caos financiero.
De 1982 a 1994 hubo regímenes que regeneraron la economía, reduciendo el gasto público, reprivatizando la banca, abriendo la comercialización, renegociación de la deuda y apertura comercial (TLC) cuando Banco de México logra la autonomía constitucional.
De 1994 a 2018 se repiten los trastornos económicos, el préstamo Clinton y la línea de crédito con el FMI atemperan el problema, probado está que el Banco de México ha sido, hasta la fecha, la mejor herramienta para coadyuvar a la recuperación de la estabilidad económica del país.
Los azarosos precedentes históricos y difícil camino que ha recorrido el Banco de México para alcanzar su autonomía y su desempeño en la economía mexicana, no puede ser minada por decisiones caprichosas, que, si bien es facultad del Ejecutivo proponer al próximo gobernador, corresponde al Senado su aprobación, obsecuente con el Ejecutivo, y aprobará sin resquicio alguno la propuesta presidencial del próximo gobernador de este órgano constitucional autónomo.