Las más sangrientas elecciones | El Imparcial de Oaxaca
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Las más sangrientas elecciones

 


Las campañas políticas por las elecciones del próximo 6 de junio están en todo su apogeo y cada vez tienen más sorpresas y detalles sorprendentes. Además de ser las más sangrientas de que se tenga memoria. Hasta el viernes, 39 candidatos a diferentes puestos y a más de 50 participantes habían sido asesinados en los prolegómenos de los comicios. Ahora empiezan a meterse las publicaciones extranjeras dirigidas desde México en nuestras elecciones. La revista The Economist, que se edita en Londres y que maneja una cobertura internacional de las economías y de los organismos internacionales, echó su cuarto de espadas sacando una nota de avanzada de lo que será su publicación del 29 de mayo. Publica en la portada una caricatura del presidente de México Andrés Manuel López Obrador, acusándolo de ser un falso mesías mexicano y un peligro para la democracia. The Economist es una publicación derechista que lo mismo saca una portada con la leyenda “Time to go” cuando le dan un golpe legislativo a la presidenta Dilma Rousseff, que alaba a Enrique Peña Nieto porque llega a la presidencia.

Hace 20 años se hubiera acabado México con esta publicación. Que una revista extranjera hablara en esos términos de nuestras autoridades seria como un golpe de Estado. No se pondría en duda la calidad moral y la veracidad de la publicación. Hoy con profunda satisfacción vimos que el presidente, ni tardo, ni perezoso y con todos los pelos en la mano. Sabiendo cuáles son los orígenes de ese artículo y quiénes lo mueven aquí en México le metió una felpa de padre y señor mío. La razón es muy simple. Cuando un medio publica mentiras o medias verdades e inventa situaciones falsas pierde toda autoridad moral y se convierte en un pasquín mentiroso y falto de ética, difusor de propaganda ramplona, como lo calificó el presidente. Un medio y un periodista cuando mienten pierden parte de su autoridad moral, cuando miente varias veces se convierte en un pasquín.

Antiguamente los personeros del presidente se habrían trasladado a Londres. Con un calendario azteca de oro para llevárselo como regalo al director de The Economist y arreglar las cosas mediante pesos cambiados a libras. No hay que olvidar que la prensa extranjera también se vende y también miente.

Ahora con el presidente AMLO y el cambio la política de prensa de corrupción, silencios y compras de planas, la relación con los medios se ha transformado en una búsqueda permanente de la verdad. Cuando alguien escribe y publica una mentira se le denuncia y se le exhibe, así se ha hecho con los periodistas, con los periódicos y con las diversas publicaciones que mienten. La nueva política se inició con dar a conocer los montos que recibían un grupo de comunicadores que prácticamente manejaban la realidad que los mexicanos conocíamos. La realidad de querían que conociéramos se fabricaba en Los Pinos y los periodistas más famosillos se encargaban de divulgarla. Se ha dicho muchas veces y debe de decirse siempre, había comunicadores que llagaban a ganar más de 100 millones de pesos al año. Ahora, cuando se publica una mentira esta se denuncia en público y en ese momento se aclaran las paradas. Nada queda suelto y aunque sigue siendo válida la sentencia de que una mentira que se repite mil veces llega a ser verdad, cada día estamos más cerca de una realidad menos maquillada.
Verdaderamente suicida la actitud de The Economist al lanzarse de frente contra un presidente que no le tiene miedo a la prensa y que busca la verdad periodística por encima de todas las cosas. Se sabe que el periodista que firma la nota es amigo de Enrique Krauze.
Si algo faltara en el escenario además de los periodicazos, está la violencia que se presenta cada día, hay un muerto cada tres días en nuestro país con motivo de las elecciones. Evidentemente que el crimen organizado quiere y está metiendo la mano en algunos municipios donde los candidatos que no son de su agrado desaparecen.

La violencia no es nueva. Habrá que recordar el 6 de julio de 1988 cuando Cuauhtémoc Cárdenas desafío al PRI y la venganza de Carlos Salinas de Gortari fue sangrienta y efectiva. Asesinaron a Francisco Xavier Ovando Hernández y a Román Gil, dos hombres claves en el proceso electoral ellos eran quienes tenían todos los contactos con los representantes de los estados del PRD y llevaban el peso de la elección. Al asesinarlos destruyeron la estrategia de Cuauhtémoc para ese día. Fue un crimen de estado fríamente calculado para desbaratar a un contendiente político. Desde esa época cientos de simpatizantes del PRD, así como simpatizantes de otros grupos de izquierda han sido cruelmente sacrificados.

La violencia es la antítesis de la democracia, es la imposición de la fuerza ante el diálogo y la contienda civilizada que es la política. Uno de los indicadores del nivel de desarrollo de los países es el grado de democracia que existe y de candidatos que elige. Ahora nadie habla de eso, de la democracia, de la calidad de los votantes y de los procesos electorales.
Grave peligro vive el país, una derecha fascistoide dispuesta a los peores atracos y crímenes para evitar que el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, no tenga la mayoría de la Cámara de diputados y esta se convierta en un freno para sus transformaciones. Ahí está el conflicto donde se van a centrar los peores momentos de este proceso electoral que lleva cientos de agresiones y violaciones y será recordada como la más violenta de la historia.