Una buena lección | El Imparcial de Oaxaca
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Editorial

Una buena lección

 


El pasado viernes 21 de mayo, el gobierno de Alejandro Murat dispuso, a través de la Secretaría de Seguridad Pública, un mecanismo de disuasión para evitar nuevos disturbios y afectaciones sociales de parte de normalistas manipulados por los ya conocidos grupos. Sin acciones de violencia; sin gases lacrimógenos; sin golpes o toletazos, la Policía Estatal pudo rescatar al menos 13 autobuses que los pseudo estudiantes mantenían en su poder, liberarlos y evitar mayores daños. ¿Ocurrió algún incidente desafortunado o acciones fuera de la ley o violaciones a los derechos humanos? La respuesta es no. ¿Hubo necesidad de que visitadores de la Defensoría de los Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca, estuvieran presentes para verificar la actuación policial y que ésta fuera conforme a derecho? Tampoco. Sin embargo, con ese operativo se pudieron evitar mayores daños y que los vándalos se asumieran impunes.

Se trata de una acción inédita que, por motivos que se desconocen, no ha puesto en marcha el gobierno estatal. Se presume que es un operativo de disuasión que se debe instrumentar cuando se den este tipo de eventos tan graves como los ocurridos la semana anterior. Y es que los actos vandálicos que afectaron a centenas de negocios: bancos, comercios, distribuidoras de automóviles y otros, causaron una justificada protesta de algunos organismos empresariales como la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (Canacintra). Con justa razón expusieron en un comunicado haber cumplido las restricciones que ha traído consigo la pandemia; ser un sector que, pese a los coletazos de la crisis económica, siguen adelante creando empleos y generando riqueza. Lo único que piden es seguridad para sus empresas y para sus trabajadores.

En efecto, es inconcebible un gobierno con miedo de aplicar la ley; que valide los disturbios ante el temor de llevar consigo el estigma de la represión que, obviamente no es tal. Con un rasero similar al operativo que se puso en marcha, del que hablamos al principio, deben medirse grupos y organizaciones que han puesto de rodillas a la sociedad ante la mirada complaciente e indolente de las autoridades. Basta ya de continuar con la manida política de diálogo y más diálogo. Ya se vio que éste, sin los mecanismos de fuerza, simplemente son sólo discursos ociosos.