El misterio de las identidades y la conciencia | El Imparcial de Oaxaca
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El misterio de las identidades y la conciencia

 


El ser humano, esencialmente es bueno, es su naturaleza. Muchos de los males que nos aquejan en la actualidad, como la pobreza, la desnutrición, el consumismo, el calentamiento global, la guerra, generalmente se generaliza y se dice “por el ser humano pasa esto o aquello”; pero no es así. Es más correcto decir, por un puñado de humanos, que el mundo está destruyéndose. En efecto, los grandes males que aquejan a la humanidad y al planeta son causados por la avaricia, la maldad, la estupidez y la deshumanización de un puñado de seres humanos que dirigen los mega bancos, los gobiernos de los países o las mega empresas transnacionales, que solo ven en la concentración desmedida y enloquecida de la riqueza en unas cuantas manos como el fin de su existencia.

Este es el verdadero problema de la humanidad, ese puñado de, -“no sabemos realmente si son seres humanos”-, personas que toman las decisiones más despiadadas, insensibles e inhumanas en contra de los seres humanos y la Madre Querida Tonantzin. Ese uno por ciento de la población global, que posee el 50% de la riqueza del planeta.

Del lado opuesto, existe otro uno por ciento de personas que poseen una mente crítica, analítica y responsable, que trata de defender a los demás seres humanos y al planeta de las atrocidades de ese uno por ciento de DESALMADOS, es decir, que no tienen alma.

Pero, qué pasa con el 93% de la población restante, quitando el 5% que representan los pueblos ancestrales que viven de acuerdo a sus milenarias culturas y que, aunque parezca increíble, son ellos los civilizados que defienden lo poco que queda virgen de la Madre Tierra. 

Qué pasa con esa inmensa cantidad de personas de todos los colores, de diferentes lenguas y culturas, de diferentes religiones, que viven dentro de la inercia de la destrucción planetaria y humana, y al parecer, no les interesa, viven desconectados, totalmente enfocados en su esfera existencial, en su día a día, en sus deseos personales de consumo y de exaltación de su ego, sin importarles en lo más mínimo la tragedia humana y planetaria.

Cierto día, daba una plática en E.U. a unos niños mexicanos de quinto año de primaria sobre “los misterios de la identidad cultural”. Después del largo discurso “barroco de ideas”, pregunté a mi público menudo, si alguien quería hacer alguna pregunta. De repente, una niña alzó la mano y dijo, que si podía pasar al pizarrón a explicar lo que yo había dicho. Me quedé asombrado y confuso, pero le dije que sí. La niña tomó un pulmón y en el pintaron dibujó una cebolla partida a la mitad, delineando sus capas concéntricas, y dijo, “-la identidad es como las capas de la cebolla”-.

En efecto, la identidad es una serie de identidades que van de adentro hacia afuera. Desde el yo consciente íntimo, interior y primigenio, hasta el yo terrícola, pasando por la familia, la comunidad, el estado, el país, etc. Quedé maravillado por la síntesis. La identidad de una persona se “arropa” por una serie de identidades, de adentro hacia afuera, de lo íntimo e invisible a lo externo y visible. Pero el centro de todas las identidades, la identidad de las identidades, indiscutiblemente que es la conciencia espiritual de existir. Somos esencialmente una carga energética con conciencia de Ser. Y este es el punto de esta entrega, amable lector.

La maravilla de ser y estar, es justamente la conciencia. Esto es lo que nos da la sacralidad de la existencia. Pero volviendo al principio, esa enorme masa informe del 93% de seres humanos que NO TIENEN CONCIENCIA, que son enajenados y deshumanizados por el sistema que maneja ese uno por ciento, son “bots humanos”, que el sistema crea y echa a andar hacia modas, fobias, filias, necesidades, ideologías y politiquerías, para mantener vivo al Sistema Mundo Moderno.

El sistema mundo y el uno por ciento se ha dedicado a extinguir las especies en el planeta. Ellos están extinguiendo a los seres humanos conscientes. No podía ser de otra forma. Cada día hay menos seres humanos conscientes y cada día el mundo muere. Mueren las plantas, los animales y los seres humanos.  

La conciencia del ser espiritual, es el centro, la génesis de las identidades. El saberse un ser sagrado y actuar en consecuencia en un mundo sagrado es la parte más valiosa de la vida. Es paradójico que la Modernidad, llame pueblos primitivos, a los pueblos más civilizados, humanos y espirituales que todavía habitan este planeta. Son los seres humanos que viven en armonía con los demás seres vivos, y desde luego, con la suprema energía creadora. Amable lector, usted, qué opina. Educayotl AC. Educar para el futuro con la sabiduría del pasado. www.toltecayotl.org