Cambiar para que todo siga igual: El gatopardismo mexicano | El Imparcial de Oaxaca
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Cambiar para que todo siga igual: El gatopardismo mexicano

 


Tanto la revolución industrial como la francesa trajeron consigo una infinidad de cambios que se vieron reflejados en todos los ámbitos de la vida privada y pública, y que siguieron permeando aún después de muchos años de la conclusión de las mismas. Los cambios de mayor trascendencia estaban directamente relacionados con las cuestiones sociales y económicas, y partir de ellas se gestarían otros más que contribuyeron a las transformaciones constantemente aceleradas. Con la revolución francesa, antecedente inmediato de otros cambios sociales, la nobleza recibió un golpe directo que cambiaba la concepción arraigada hasta ese entonces y abriría el camino a la burguesía para colocarse por encima de todos. Sin embargo, la realeza seguiría ocupando un puesto de honor.

 

En la novela “El Gatopardo” de Lampedusa, se deja ver un fragmento de la vida social de la realeza Siciliana, con preocupaciones aparentemente triviales y modismos sobrevalorados, dignos de la alta sociedad. Sin embargo, uno de los personajes (Tancredi) está muy consciente de la vida política de la nación y parece intuir que la principal herramienta para conservar el lugar que ocupan, es procurar que todo cambie para que todo se conserve igual. Esta premisa estará presente a lo largo de la narración y será, por decirlo de algún modo, el motor de la no-acción.

El gatopardismo, resulta ser un recurso utilizado para referirse a que, pese a los cambios que se pretendan, las cosas no van a cambiar, es decir, no de fondo. Las transformaciones por las que atravesaba Italia en ese momento, a los ojos de la realeza, serían cambios superfluos, sin mayor relevancia y con la única finalidad de mostrar un giro en apariencia. Pese al posicionamiento de la burguesía como clase dominante, amenazando a las demás clases sociales, los nobles no tenían la mínima intención de participar en dicha revuelta; sin más, seguían preocupándose por cuidar las formas  y realzar el apellido de la familia.

 

Por otro lado, las características formales de la obra son mucho más llamativas que el argumento. La prosa utilizada lleva un ritmo sumamente lento y el estilo literario impide que pueda ser leída a prisa. No obstante, pareciera una obra que utiliza dichas particularidades  con la finalidad de transportar al lector al contexto en que se narra, utilizando un ostentoso vocabulario más barroco que romántico. En cuestión al argumento, se le da gran importancia al sentir de los personajes y, aunque la mayoría no son personajes complejos, tienden a expresar pensamientos y emociones profundas, mismas que son el motor de la novela romántica; una obra desfasada temporalmente.

 

“De pronto en el grupo se abrió paso una joven. Esbelta, con un traje pardo de viaje y amplia tournure, con un sombrero de paja adornado con un velo moteado que no lograba esconder la maliciosa gracia de su rostro. Insinuaba una manecita con un guante de gamuza, entre un codo y otro de los que lloraban, se excusaba y se acercaba a él. Era ella, la criatura deseada siempre, que acudía a llevárselo. Era extraño que siendo tan joven se fijara en él. Debía de estar próxima la hora de partida del tren. Casi junta su cara a la de él, levantó el velo, y así, púdica, pero dispuesta a ser poseída, le pareció más hermosa de cómo jamás la había entrevisto en los espacios estelares.

El fragor del mar se acalló del todo.”

 

Para finalizar, el gatopardismo mexicano se ha dado en diversos momentos de la vida pública de nuestro país. El más reciente de ellos en el año 2000 con el cambio de partido en la presidencia. A nivel local, todo apunta a un cambio inminente, puesto que la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia supone un foco de atención y la posibilidad de ver algún cambio sustancial. Aún es muy temprano para saber si el gatopardismo se hace presente en esta nueva etapa de la vida pública de nuestro país y, sobre todo, de nuestro estado.