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Editorial

Un hecho deleznable

 


El fin de semana pasado, de nueva cuenta, la Sierra Sur se tiñó de sangre. Tres policías municipales de San Pablo Coatlán fueron emboscados por desconocidos en un paraje solitario. Después de asesinarlos presuntamente con armas de alto poder, los criminales prendieron fuego a los cadáveres que yacían dentro de su patrulla. La zona de los Coatlanes, históricamente, ha sido de violencia y muerte, no sólo la que pertenece al distrito de Miahuatlán, sino, sobre todo, San Vicente Coatlán, distrito de Ejutla de Crespo. Es vox populi que el cultivo de estupefacientes ha sido el caldo de cultivo para una serie de acciones criminales, como fue el asesinato de cinco policías estatales, a principios de noviembre de 2019 o el de tres jóvenes músicos, que fueron acribillados por desconocidos a principios de enero de 2021.

Desafortunadamente, que se sepa, ninguno de dichos crímenes –y otros más- han sido esclarecidos. Es decir, se han dejado en la impunidad. La zona de Ejutla de Crespo por donde transita la súper carretera a la Costa, en el tramo Barranca Larga-Ventanilla, se ha convertido en territorio de grupos delictivos, lo que hace presumir un grave riesgo para viajeros y automovilistas que se atreven a transitar por esa vía, pese a que aún no está concluida. De no ponerles un alto el Ejército, la Guardia Nacional o la Policía Estatal Preventiva, la inseguridad puede generar serios descalabros a una obra en la que el gobierno de Alejandro Murat ha puesto especial empeño y el pueblo oaxaqueño sus esperanzas. La región de los Coatlanes, particularmente la de San Vicente, requiere de medidas enérgicas y de fuerza, no de discursos conciliatorios o componendas. El asesinato de los cinco policías hace año y medio o el de los tres municipales el fin de semana pasado, son abiertos desafíos al Estado de Derecho y al gobierno.

Urgen mecanismos de inteligencia para detectar dónde radica el mal y cómo combatirlo. Resulta paradójico que los grupos criminales locales tengan mejores armas que las corporaciones policiales; mal pagadas y sin los elementos necesarios para llevar a cabo su labor, como mucho se dijo durante el tiempo en que se mantuvo su reciente movilización. Lo cierto es que una afrenta como la que describimos líneas arriba no debe dejarse pasar, para que sea otra más sin esclarecerse ni castigarse, como la masacre de cinco policías que ya hemos mencionado.

Campañas sofocantes

Desde el pasado domingo 4 de abril, dieron inicio de manera formal, las campañas políticas que habrán de terminar, según la Ley de Instituciones Políticas y Procedimientos Electorales, antes de la jornada del próximo seis de junio. Están en actividad, los candidatos de 10 partidos y coaliciones, que buscarán posicionarse en los 10 distritos electorales federales, 25 diputaciones locales y 153 presidencias municipales y centenas, tal vez miles, de candidatos a concejales y otros. El ambiente estará muy contaminado de ruidos, mítines, spots radiofónicos y televisivos, además, de las bardas pintadas y toda esa parafernalia de la que el pueblo en sí deplora. Desde la madrugada del pasado domingo, algunos candidatos (as) publicitaron el arranque de sus campañas que, como siempre ha ocurrido, no estarán exentas de diatribas, denuestos, descalificaciones y hasta insultos para el adversario político.

La sociedad oaxaqueña, a través de diversos mensajes ciudadanos, ha exigido de parte de los candidatos, propuestas serias, campañas civilizadas y maduras, no de demagogia y promesas falsas. De ninguna manera debe prevalecer el odio y el encono. Hay que recordar que en el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y desde el podio de las conferencias de prensa matutinas que encabeza el presidente Andrés Manuel López Obrador, se ha alentado mucho el discurso del odio, que mantiene al pueblo de México, confrontado y enconado. Esa situación no debe prevalecer más. Los oaxaqueños ya no queremos más confrontación, ni campañas políticas extenuantes, permeadas por más de lo mismo. Ciertamente hay un hartazgo ciudadano en todo lo que huela a campañas política y que tenga que ver con partidos políticos. 

Lo que hemos visto en los tiempos previos al arranque de campañas, nos ha llevado al convencimiento pleno del deterioro de la política, del desprestigio de quienes participan en un partido y hacen votos de él, para estar al día siguiente en el de enfrente y abjurar del anterior. La tránsfuga y las traiciones; los golpes bajos y la guerra debajo de la mesa, se pusieron de manifiesto. Algunos institutos políticos recogiendo el lastre que otros tiraron para llevarlos como candidatos; la escasa formación académica; la ignorancia e improvisación de muchos que aspiran a estar en el Congreso de la Unión o en la Legislatura local, hacen pensar en que el juego de la política y de las elecciones no son más que conveniencia personal, jamás la vocación de servicio al pueblo.