LA IDEOLOGÍA CRIOLLA | El Imparcial de Oaxaca
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LA IDEOLOGÍA CRIOLLA

 


Para las personas que tienen un mínimo de información, sentido crítico y capacidad de análisis, saben que en este país vivimos en un sistema neocolonial, no solo de explotación del pueblo y de la depredación de los recursos naturales, sino, prevalece desde hace cinco siglos, un desprecio por el pueblo base, es decir, los descendientes de los invadidos desde hace cinco siglos.

Existe un racismo y un clasismo exacerbado en las relaciones sociales, políticas, económicas, académicas y culturales. La casta divina de mega millonarios de este país, esas 16 familias que tienen el dinero suficiente (guardado en el extranjero) para pagar la deuda externa y no se quedan pobres. Así como los millonarios, sean empresarios, comerciantes, ganaderos, agroindustriales, transportistas, rentistas, turisteros, etc., más la clase media alta, en general, son personas de tez blanca, de nobles apellidos o por lo menos “compuestos”, tienen una forma de ver y entender la vida y el mundo muy “occidentalizada”.

En efecto, estas personas por lo general sienten que sus raíces están en otras latitudes, presumen con verdad o mentira sus líneas consanguíneas con Europa y el Medio Oriente. Se dicen “orgullosamente mexicanos”, pero siempre están poniendo de ejemplo a otros países y otras culturas. Desprecian lo propio y exaltan lo ajeno. Les molestan y desprecian a los humildes e indígenas, pero se saben despreciados y menospreciados por los extranjeros a quienes tanto admiran, de ahí su sentido de frustración y su baja autoestima.

Esta forma de pensar se le llama “La ideología criolla”, que surge desde que los compinches de Hernán Cortés empezaron a ser desplazados por la burocracia de origen noble que llegaba al Virreinato a tomar el poder. El símbolo del criollismo fueron los hijos de Cortés, que fueron siempre tratados por la nobleza y la burocracia como presuntos traidores a la corona y gente de poco fiar. Después de tres siglos de contener su odio y envidia a los gachupines, en 1810, uno de ellos grita en Dolores “es hora de matar gachupines, vivan los reyes de España”, y en 1824, fundan su país de ellos y para ellos, donde la ideología criolla encontrará campo fértil para crecer.

La ideología criolla del Estado mexicano, insiste tercamente, en enfocar la historia del Anáhuac, en la tergiversada historia de los mexitli, después llamados mexicas por Tlacaélel, y posteriormente bautizados por el historiador gringo William Prescott, en su obra “Historia de la Conquista de México” de 1844 como aztecas.

Para el Estado mexicano, de ideología criolla, es un imperativo desaparecer o empequeñecer los más de mil años de esplendor teotihuacano del periodo Clásico, o los 1350 años que duró la construcción y operación de Daany Beedxe (Monte Albán) y los casi ocho milenios de periodo Preclásico formativo, que iniciaron hace diez mil años en el Valle de Tlacolula con la invención del maíz y la agricultura, y que, durante 7800 años trabajaron en el desarrollo epistémico de los primeros cuatro niveles de la pirámide de la plenitud armónica tolteca, es decir, el sistema de alimentación, el sistema de salud, el sistema de educación y el sistema de organización, que concluye con la aparición de la cultura olmeca en el año del 1500 aC. Para el Estado mexicano es imperativo porque se pretende mantener el discurso que inició Hernán Cortés y que las llamadas “fuentes históricas del siglo XVI”, es decir, las mentiras, injurias e imprecisiones que básicamente escribieron los invasores con espada y los invasores con la cruz en la mano, hombres producto de la Edad Media europea.

En ese discurso, se pretende, reducir los 9500 años de historia ancestral anahuaca a los 196 años, de una falsa y mítica historia del inexistente y fantasioso “Imperio Azteca”, quedando desaparecidos los momentos más luminosos y las acciones más importantes de una de las seis civilizaciones más antiguas de la humanidad y la que alcanzó la más alta calidad de vida para sus pueblos y culturas.

Con esta acción colonizadora de los gobiernos e instituciones coloniales del Estado mexicano, se refuerza en el subconsciente del pueblo, el centralismo y poder de “Tenochtitlán-CDMX”, la supremacía cultural y religiosa de los criollos, parientes de los gachupines (el mito de que un puñado de españoles vencieron a un poderoso imperio). Se refuerza la idea inconsciente de un país dividido en dos partes, una pequeña de vencedores y otra mayoritaria de vencidos.

La ideología criolla es el alma, esencia y fundamento del poder en este país. El Estado por medio del sistema educativo, los medios masivos y la iniciativa privada, tratan de que el pueblo no tenga memoria histórica e identidad cultural ancestral para mantener el sistema neocolonial y así, seguir exprimiéndole grandes beneficios inmorales e ilícitos, como los hechos en los últimos 36 años del periodo neoliberal.