Justa exigencia | El Imparcial de Oaxaca
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Justa exigencia

 


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En este espacio editorial hemos sido constantes y permanentes críticos de dirigencias y sindicatos, sean éstos de maestros, universitarios, trabajadores de salud, etc. A algunos los hemos tildado de prohijar vicios y componendas; de ser permanentes acicates y enemigos del progreso. Sin embargo, luego de constatar en los últimos meses la lucha heroica de médicos, enfermeras, camilleros, empleados de limpieza, trabajadores administrativos, entre otros, consideramos que, en estos tiempos, sus demandas han sido justas. Desde luego que no todas, pero hay una que nos llama la atención: la exigencia de que Oaxaca pase a semáforo rojo, justo cuando el sistema hospitalario local está a punto de colapsar. Si bien es cierto que el promedio de ocupación estaba el fin de semana pasado, se estimaba arriba del 50%, en los hechos, nos comentan, la cifra es muy superior, sobre todo al enterarnos que, desde el mes de diciembre, algunos nosocomios como el Hospital Regional de Alta Especialidad (HRAEO), el de zona del IMSS o ISSSTE, ya no pueden más,

Sin embargo, el problema es mayor. Decenas y decenas de médicos y enfermeras, han fallecido en su lucha en contra de este mal, al estar en primera línea de combate. El domingo pasado y en ocasión de la celebración del “Día de la Enfermera y el Enfermero”, nuestro colaborador de la Sección Política, Moisés Molina escribió lo siguiente: “Escribo para homenajearles y agradecerles, pero también para recordar y honrar la memoria de las y los 11 enfermeras y enfermeros que desafortunadamente perdieron la vida salvando la de los demás: Martha Flores Jiménez, Irving Hernández Ortiz, Vianney Monserrat Gómez Hipólito, Miguel Ángel Chávez, Emperatriz Camacho Monjaraz, Ignacio Ángel Aguilar Aguilar, Isabel Pérez Trenado, Blanca Silvia Martínez, Liberia López Ramírez, Margarita López Méndez y Alejandra Hernández Díaz. Oaxaca los llevará siempre en su memoria”.

Se entiende que haya presiones y justificaciones de los grupos empresariales y del comercio establecido para normalizar las actividades. Sin embargo, el ejecutivo estatal tiene que escuchar la voz de los trabajadores de la salud que una y otra vez han dicho que ya no aguantan más, que han estado sometidos a cargas inhumanas de trabajo y que, ante la irresponsabilidad ciudadana, en Oaxaca se tiene que aplicar el semáforo epidemiológico rojo, que implica confinamiento obligatorio, restricciones severas y otras medidas. 

Retroceso democrático

Muchos mexicanos tenemos una duda: ¿quién o quiénes asesoran al presidente Andrés Manuel López Obrador, en asuntos de Estado, que no han podido darle a este gobierno el rumbo que los mexicanos esperaron desde el triunfo electoral de julio de 2018? Sin duda alguna y en caso de existir, han de ser radicales pero torpes e ignorantes. Hay opiniones de que el titular del Ejecutivo Federal no escucha a nadie. Que se sigue guiando por prejuicios, doctrinas extintas o ideas absurdas como aquellas de que con AMLO nació la democracia en este país. Con la idea torpe de que la lucha anti-corrupción es el eje de su gobierno, aunque en la práctica se sepa que miembros del gabinete legal y ampliado incurren en dichas acciones de las que dicen abjurar, sigue con la espada desenvainada en contra de los órganos autónomos, específicamente el Instituto Nacional de Acceso a la Información (INAI), que desde sus orígenes fue considerado una conquista de la sociedad civil, frente al autoritarismo gubernamental. 

El INAI fue producto de la lucha de un grupo de académicos, investigadores, periodistas, editores y organismos de la sociedad civil, que en 2001 se aglutinaron en el llamado “Grupo Oaxaca”. Luego de su creación, en cada uno de los estados del país, los congresos locales autorizaron la formación de los llamados órganos garantes, como en Oaxaca, el Instituto Estatal de Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (IEAI). La idea ha sido acabar con la discrecionalidad de los gobernantes, la opacidad en el uso o abuso del gasto público y la exigencia ciudadana de que los gobiernos rindan cuentas. Pretender desaparecer dicho órgano y hacerlo parte de una estructura burocrática de las secretarías de Estado, implica un burdo retroceso en la ruta democrática que, desde hace al menos tres décadas, inició la citada sociedad civil.

Nada ofende tanto al pueblo mexicano que la soberbia de quienes arriban al poder e investidos en el mando, lanzan diatribas y denuestos por doquier, culpando de todo al pasado y sin proponer alternativas viables. Se presume que antes de lograr el éxito en los comicios, el presidente y su equipo sabían la situación del país. No es fortuita pues la crítica demoledora de la prensa norteamericana y aún de la europea, como The Economist, haciendo referencia a que nada bueno augura un gobierno que pretende desmantelar las instituciones democráticas, por más arraigo, aceptación o respaldo popular tenga.