Desarrollo cerebral infantil | El Imparcial de Oaxaca
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Comentario Pediátrico

Desarrollo cerebral infantil

 


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(Primera parte)

A partir del nacimiento el cerebro de los bebés empiezan a recibir estímulos variados por el ambiente y sus familiares cercanos. Este tipo de estímulos actúan sobre condiciones funcionales evolutivas del cerebro para ir perfeccionando o deteriorando su función. El conocer las características del desarrollo cerebral, puede permitir a los padres en forma primaria llegar a influir para estimular o inhibir el potencial de las funciones cerebrales.

Todos los padres durante el proceso de maduración de sus hijos, se llegan a enfrentar a diversos conflictos, que pueden ser cuestiones muy concretas y prácticas, como el elegir entre regañar o tenerle paciencia al hijo; pero también pueden existir cuestiones más complejas como inculcar valores personales, motivar autoestima y desarrollar alternativas de solución ante diversas condiciones adversas. Lo trascendental de estas decisiones a lo largo de la vida del niño, es que influyen en sus diversos procesos cerebrales para establecer un particular progreso funcional (maduración), que definirá sus capacidades potenciales futuras como adulto. Hay padres que no se interesan en este proceso y simplemente dejan que la maduración sea espontánea y otros tienen intención de influir de forma específica para lograr un desarrollo máximo, pero sin conocimiento apropiado la opción para conseguir el resultado será infructuoso. 

El cerebro del bebé para su desarrollo, requiere de elementos básicos para su progresión como la integridad anatómica y funcional que depende en su continuidad de nutrición apropiada a base leche materna por tiempo prolongado (combinada en su momento con otros nutrientes). Como segundo factor se establece la seguridad apropiada, evitando traumas físicos y emocionales. Un tercer elemento es la influencia emocional por su pequeño ambiente (familia) y el ambiente adicional (sociedad y ambiente físico) que le permitan ir desarrollando su autoestima progresiva y como última condición, requiere finalmente de libertad y confianza que le puedan ir permitiendo el desarrollo de talento además de la satisfacción a los resultados de su exploración, juegos y/o experimentos. 

Elegir programas como el de estimulación temprana podrá influir para adquirir habilidades motoras en forma anticipada, pero no será determinante en las funciones cerebrales superiores (inteligencia, emociones, capacidades).

Otro error común suele considerar que la inteligencia del niño viene determinada en un 50% por características genéticas y el resto se produce por la interacción con sus compañeros y el ambiente donde se desarrolla. Esto no incluye la influencia tan significativa de los elementos mencionados antes, que involucran: la alimentación al seno, cuidados especiales por padres y/o familiares adicionales, muy cargados de su influencia emocional e intelectual personal durante sus primeros cinco años, en que el cerebro se desarrolla en su mayor capacidad. 

Nuestro cerebro representa la evolución máxima en todo el reino animal, pero en sus componentes quedan estructuras de vidas más primitivas hasta la más compleja de sublime creación. El primitivo o reptiliano ubicado en la parte inferior (del cerebro) nos permite estar en alerta para la supervivencia. En sus funciones elementales está la respiración, actividad cardíaca, sensación de hambre, temperatura, sueño. En segundo nivel se ubica el cerebro emocional con estructuras en ubicación intermedia. Tiene capacidad de distinguir sensaciones y emociones agradables, como: alimentación, seguridad, confianza, cariño que generalmente son buscadas; y detectar las desagradables: peligros, miedo, amenazas, agresiones para huir de ellas o evitarlas. El último nivel de evolución es el cerebro racional que se encuentra en la corteza del cerebro, permite al individuo tener conciencia de sí mismo, comunicarse, razonar, analizar, imaginar, crear y todas las demás funciones cerebrales superiores del ser humano. Así en el desarrollo cerebral, a través de los años del niño, es natural ir encontrando funciones a cada tipo de evolución. En el primer año, por la influencia del cerebro primitivo exige satisfacer en forma mayoritaria las sensaciones de hambre, frío o sueño, dando paso en forma progresiva al lado emocional con necesidades especiales de amor y seguridad y a partir del tercer año el cerebro racional cobra gran participación en la vida del niño.

La habilidad de lograr funciones especializadas y definir conductas particulares, se establece por la capacidad de las células cerebrales (neuronas) de poder establecer la mayor cantidad de conexiones (sinapsis) con otras células. Cada conexión suele representar un aprendizaje especial. Cada conexión se desarrolla en tan solo dos segundos de cada experiencia que el niño experimenta durante sus primeros años, así hay conexiones nuevas cada vez que le hablan a su hijo, al besarlo, acariciarlo, observarlo simplemente. Con agresiones o déficit emocional hay pérdida de conexión o deficiencias. 

Las estrategias afectivas a emplear establecerán calmar su molestia o satisfacer su necesidad en funciones primitivas. Para las funciones emocionales, se deberá de ayudar a conseguir lo que busca, conformarlo con lo que no pueda obtener y darle seguridad, empatía y afecto. Para el cerebro racional habrá que ayudarlo a pensar, concentrarse, recordar, imaginar, crear, experimentar, analizar y probar ayudando a desarrollar su confianza a obtener resultados acertados o equivocados de acuerdo a sus conclusiones. Es muy importante, mantener en el niño la motivación adecuada para cada proceso. Nada se consigue mediante obligación o conductas repetitivas o aburridas.