Políticamente incorrecto | El Imparcial de Oaxaca
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Políticamente incorrecto

 


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¿Es que acaso no hay nadie más que se canse de ser el mismo todo el tiempo, de repetirse infatigablemente hasta la muerte? Quizá esa es la razón principal por la que invento historias. La única, quizá por la que busco en las historias de otros, la posibilidad de ventura o de fatalidad. Eso no quiere decir que en mi propia vida no la tenga, sólo que es difícil mirarnos a nosotros mismos y nombrar nuestros propios demonios.

Hace un par de semanas me despertaron unos toques tímidos a la puerta de mi casa. Eran las seis de la mañana. Se trataba de mi amigo quien padece de insomnio. Lo dejé entrar y me di cuenta de que había caminado de su casa a la mía, más de 8 kilómetros. Llevaba la pijama puesta y encima un abrigo negro. Lo constaté cuando ya bebíamos café. Sus ojeras eran inmensas. Le pregunté qué era eso que llevaba bajo el brazo. Él contestó que Saki. “Hector Hugh Munro es inglés, ¿verdad?”, pregunté. “Así es”, dijo. Mientras yo daba algunos sorbos a mi taza, él me contaba algunos de los cuentos del escritor como si él mismo hubiera estado ahí, viéndolo todo. 

Héctor Hugh Munro (1870-1916), conocido bajo el seudónimo de Saki, murió en campo de batalla durante la primera guerra mundial. Existe un cuento en particular por lo que se le reconoce como un gran fabulador: “La puerta abierta”. El hipocondríaco, Framton Nutell, visita a la señora Sapplenton. Vera, una damita de quince años bastante perspicaz lo recibe con gran aplomo. El joven Framton, quien desconoce los pormenores de la familia, se ve envuelto en las fabulaciones fantasmales de la quinceañera. Framton sale despavorido sin volver la vista atrás. Al igual que el personaje, yo también me aterré por un momento. Después me pregunté, ¿cuántos mentecatos caminan por el mundo creyéndose cuanta palabra le susurran al oído? ¿Cuántos Framton Nutell hipocondríacos creen estar infectados por la genialidad artística? En Oaxaca ninguno es cretino por decisión, sino por ingenuidad. 

En Oaxaca se viven dos escenarios culturales contradictorios: la proliferación de mentes sensibles, por un lado, y el fanatismo por el arte folclórico y mediocre auspiciado por mentes obtusas y burocratizadas, por el otro. Cuando Secretaría de Cultura se fusiona con Turismo es probable que ni tan siquiera entendamos la palabra “arte”. De la ciudad se habla mucho de sus envidiables ofertas culturales, de sus innumerables talleres, ¿y por qué no existe una escuela digna de humanidades, de artes plásticas, de literatura? ¿Acaso para el arte no se necesita profesionalizarse? ¿Es que el juicio crítico se adquiere por ósmosis? ¿No hay otra opción que depender del juicio mercantil? ¿O acaso resulta que todos somos políticamente correctos y sólo decimos lo necesario?

Hace unos meses se otorgaron varios estímulos económicos a más de doscientas propuestas artísticas, 167 individuales y 39 colectivas, con el propósito de apoyar a creadores y promotores culturales. Nunca estaré en contra de que se reparta el dinero al mayor número de personas, y más aún cuando se trata de un sector que a lo largo de los años se le ha tenido en una descortés indiferencia. Sin embargo, la gestión de los proyectos culturales que encabeza el gobierno no sólo depende de dinero, sino de planificaciones culturales que brinde productos culturales significativos para su comunidad, no para un informe de gobierno. Una convocatoria que carece de criterios de evaluación no ofrecerá más que una vergonzosa cantidad de inutilidades. Pero en efecto no culpo a quienes ingenuamente han participado con su mejor trabajo y disciplina, sino aquellos que acríticamente han alardeado por tan tremenda falta. 

A veces me pregunto si no estaremos enterrando la originalidad, la delicadeza y la dedicación entera por un momento de atención. La premura con la que se dan las cosas resulta ser mortífera. No es que en Oaxaca no exista la crítica, es que se ha querido sepultar para no alterar el ciclo de las cosas, el ciclo de las remuneraciones económicas, el ciclo de los boletos de entrada al mundo artístico de Oaxaca. Quizá con todo ese dinero repartido por SECULTA, que a decir verdad estoy muy agradecida, se pudo haber iniciado un proyecto educativo de artes a largo plazo para cultivar la inteligencia creativa y promover un juicio crítico constructivo. Pero en Oaxaca lo primero es la vendimia turística. 

No dudo de que en el mundo habiten cientos de Framton Nutell, siempre habrá una juventud más suspicaz y avispada que le dé un giro de tuerca a este desbarajustado universo. 

nenufarcolorsol@gmail.com