Más de Fratelli tutti, el proyecto mundial | El Imparcial de Oaxaca
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Más de Fratelli tutti, el proyecto mundial

 


(Concluye)

En memoria de María I. Herrera

y la legendaria Librería “Logos”

La encíclica Fratelli tutti, a poco más de un mes de su publicación, ha causado revuelo en la comunidad católica mundial. Para algunos dignatarios, es una expresión viva del pontífice Francisco no sólo para unificar al mundo cristiano con otras religiones, sino un llamado a todas las ideologías y a estadistas, para dar al mundo una nueva perspectiva de “fraternidad y amistad social”, como reza el subtítulo. Para otros, es un manifiesto político que preconiza un gobierno mundial gnóstico y tal vez ateo. Ha causado hondas diferencias.

La visión de personalidades del mundo eclesiástico, como Monseñor Carlo María Viganò, ex nuncio apostólico en Estados Unidos y el obispo Anastasio Schneider, de Astaná, Kazajistán, consideran que la encíclica no sólo se aparta de la verdad evangélica, sino que es un pronunciamiento masónico: la Gran Logia de España elogió la encíclica, por los contenidos afines a la Revolución Francesa y del gnosticismo.

El ideario de Papa Francisco, no es nuevo ni inusitado. Responde a la dialéctica que surge del ‘modernismo teológico’, ideado por los sacerdotes franceses Alfred Loisy, Luis Duchesne y el irlandés George Tyrrel, que a principios del siglo XX hicieron  propuestas que ponían en duda dogmas de la Iglesia y con ello se propiciaban cuestionamientos y divisiones, que desembocaron en las transformaciones litúrgicas y doctrinales del Concilio Vaticano II y los documentos postconciliares (Unitatis redintegratio y Nostra Aetate, principalmente) y que han dado lugar a un relajamiento de la fe, la falta de vocaciones e interpretaciones que se desvían de la doctrina original. El Vaticano II originó divergencias y surgió un movimiento en contra (la Sociedad San Pio X), que encabezó Monseñor Marcel Lefebvre en Francia y, en México, el sacerdote jesuita Joaquín Sáenz y Arriaga, apegados a los postulados del Concilio de Trento, del cual se apartó el aggiornamento de Paulo VI, que ha minado a la Iglesia.

Los grandes temas de Fratelli tutti incluyen un gran interés por aceptar las migraciones, dado que con ello se practica la caridad cristiana, pero claramente el mensaje es para los países europeos, a donde llegan inmigrantes de África y Asia, muchos de países musulmanes. Pero Bergoglio no invita a los países del mundo islámico a aceptar migrantes, sólo alude a su cercanía personal con el Gran Imán Ahmad-al-Tayeeb, sin que para éste dirija mensaje de evangelización, como sí lo hizo San Francisco de Asís con el sultán Malek Al-Kamel, con el propósito de convertirlo al cristianismo, lo cual ni por asomo pasa por la cabeza de Bergoglio, quien sacó de contexto ese encuentro de hace 800 años.

La encíclica de Francisco es considerada por muchos, como una aportación al nuevo orden mundial y un gobierno universal, unificador y pacifista. Para otros es una herejía y la fractura y decadencia total de la Iglesia, el canon, la doctrina y la evangelización, de tal suerte que es la propuesta de claudicación de la civilización occidental judeo-cristiana, en favor de un nuevo orden que favorece la penetración del islam (como está ocurriendo aceleradamente en Francia), del budismo, del esoterismo, de la New Age, del gnosticismo, de la santería, del ateísmo, del populismo, del individualismo, lo progre, y de toda forma de descomposición social en un mundo ya proclive al abandono de los viejos principios y normas de fe. Bergoglio, jesuita de origen, parece haberse apartado del espíritu ignaciano.

Hoy se desconoce hacia dónde va el mundo tan polarizado y fragmentado; un mundo de populismo, encono, xenofobia, racismo, esclavitud, adicciones, tráfico humano, abuso infantil, lobbies contra natura, entre otros males, campean sin control y permean en iglesias, gobiernos, parlamentos, sistemas de justicia, organismos y organizaciones.

La ONU, tan manipulada por las potencias y tan desviada de sus principios originales, bien haría en tomar en cuenta el documento pontificio, muy ad hoc en un mundo laico, pero que debería ser extensivo no sólo al occidente liberal, sino al oriente fundamentalista, del mundo abrahámico e ismaelita. Bergoglio encendió una mecha difícil de apagar.