Show televisivo
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El Crematorio

Show televisivo

 


La política mexicana se ha convertido en el “show televisivo” de todos los días,  con un actor principal: el Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, quien le quitó al quehacer político la seriedad y formalidad que revestía el caso, olvidando la máxima del politólogo e ideólogo Jesús Reyes Heroles, quien afirmaba que en la política se debía de respetar la forma y el fondo. Pero en el gobierno de la Cuarta Transformación (4T) no se respetan en lo más mínimo los cánones del arte de gobernar.

Esta pandemia sólo ha acelerado este dramatismo “televisivo” de López Obrador,  que tergiversa la realidad y la política de este país, al grado tal de aseverar que “no es fantasía, vamos saliendo de la crisis sanitaria y económica”, pero esta declaración está lejos de la realidad, quizás porque él tiene otros datos. Lo cierto es, que nos estamos hundiendo cada vez más y el optimismo presidencial no raya con la verdad.

El poder de la imagen de AMLO es indiscutible ante sus adeptos que, en su mayoría, son gente que no piensa en las grandes consecuencias que tienen las mañaneras y las ocurrencias presidenciales, que se presentan bajo una insuperable apariencia de veracidad. López Obrador nos quiere obligar a ver, oír y callar; siendo que no hay nada más pernicioso que dejarnos conducir solo como espectadores pasivos de la actuación presidencial.

A López Obrador, los muertos y desaparecidos le causan una espontánea risa criminal, que indigna y ofende a las víctimas y a sus familias, que cada día ven cómo se derrumban los buenos deseos de la Cuarta Transformación, que a dos años de distancia solo ha servido para sembrar el odio, la discordia y la división  entre los mexicanos,  que cada día están más cerca de los balazos y muy lejos de los abrazos.

 


 

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