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Cuando aún las vacunas están lejos de ser aprobadas y aplicadas en la población –al menos a meses de distancia– y cuando los tres escenarios para el fin de la pandemia implican la pasividad de los dos niveles de gobierno encargados de velar por la salud de las y los mexicanos ( HYPERLINK “https://bit.ly/2F4rxyG” https://bit.ly/2F4rxyG; https://bit.ly/359IpPw), la carga de las y los ciudadanos para adoptar medidas que eviten la propagación del virus SARS-CoV-2, se vuelve más pesada.

La precariedad económica que ha aquejado a la economía nacional por décadas, ahora ha empujado a una apresurada reapertura de las actividades económicas y a millones de mexicanos a volver a sus actividades laborales –incluso gran parte de ellos, nunca paró.

El avance de la enfermedad es alarmante y no importa de qué color imaginemos el semáforo, el virus sigue ahí.

Es por ello que hoy más que nunca debemos de reforzar las medidas para evitar que la propagación del Covid-19 se desate aún con más fuerza en nuestras comunidades.

Las medidas, casi desde el inicio de la pandemia, han sido las mismas: sana distancia, lavado continuo de manos, no tocarnos la cara, quedarnos en casa. Ahora, se han agregado el uso de cubrebocas. Todas medidas que no representan acciones o equipos especiales, pero a la hora de la implementación, podemos comprobar que la estricta adherencia a dichas normas no se presenta de manera consistente en el día a día.

Gente atendiendo reuniones o fiestas; filas, aglomeraciones y encuentros que no respetan la sana distancia; dificultad para encontrar lugares dónde asearse las manos; alza y acaparamiento en los precios de insumos de higiene y limpieza; personas que no usan correctamente o de plano desdeñan el uso de cubrebocas.

Acatar las medidas en un gran número de casos no es cuestión de voluntades, sino de tener la oportunidad de contar con las condiciones para llevarlas a cabo, y en un país tan desigual como el nuestro, intentar mantener la sana distancia es una barrera infranqueable ( HYPERLINK “https://bit.ly/2QTYmRz” https://bit.ly/2QTYmRz; https://bit.ly/2EYYpsI).

No obstante, también, hay una gran falta de empatía entre todas y todos nosotros. Carencia de empatía para ceder espacios y contener nuestras ganas de salir corriendo a reunirnos con nuestros seres queridos; para usar el cubrebocas y evitar que podamos contagiar a las y los demás en caso de ser asintomáticos; para cuidar nuestras manos y evitar tocar o acercarnos a todos aquellos desconocidos que nos rodean; para considerar que no todas y todos tenemos la opción de usar un cubrebocas con alto grado de filtración; para entender que hoy más que nunca requerimos ponernos en el lugar de los otros.

La ausencia de cualquier intento de entender a las y los demás, al tiempo que anteponemos nuestra comodidad, gusto o divertimento a la su seguridad sanitaria, es el peor error que individualmente y como sociedad hacemos durante esta contingencia global.

Podrán imponerse cientos de normas que busquen la obligatoriedad de estas medidas, pero en tanto no estemos dispuestos a ponernos en la posición de las demás personas, nunca lograremos su cumplimiento en masa. Para detener esta pandemia, hay que anteponer a los demás.

@GalateaSwanson