Dos años de ver al pasado
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Editorial

Dos años de ver al pasado

 


Oficialmente, según lo establece nuestra Constitución Política de los Estados Unidos Mexicano, hoy, el presidente de México deberá rendir su II Informe de la situación que guarda la administración pública a su cargo. Desde hace dos años que Andrés Manuel López Obrador asumió la primera magistratura del país y, todo apunta a que los resultados de su gestión son más bien magros, excepción hecha tal vez de la lucha contra la corrupción que sólo ha atendido a ver hacia el pasado y no en su propio equipo de gobierno, con casos bien documentados de funcionarios inmersos en casos de corrupción. En el rubro de la inseguridad seguimos peor que en el pasado, ante muestras evidentes de inmovilidad para hacerle frente a los grupos criminales, con el argumento de “abrazos no balazos”, que forma parte ya del escarnio colectivo. Sin embargo, el permanente ajuste de cuentas con regímenes anteriores, ha hecho que el país no vea hacia adelante, sino en una venganza perpetua, teniendo frente un panorama económico incierto y de crecimiento negativo.

La crisis que ha traído consigo la pandemia ha puesto en entredicho un mal manejo y un permanente dar la espalda a la opinión de expertos y de organismos internacionales, como la Organización Mundial de la Salud (OMS), que han advertido una visión superficial y vaga, respecto a un mal que hoy mismo ha llevado al país a una total incertidumbre, con más de 63 mil muertos y cerca de medio millón de contagios probados. Sin embargo, la fijación del presidente ante la corrupción del pasado, la venta del avión presidencial y otros temas que se han convertido en obsesión, como el Aeropuerto de Santa Lucía o el Tren Maya, han minimizado la vida y la crisis económica que se avecina, como un golpe demoledor para los mexicanos, sobre todo, para los que menos tienen. 

La situación de pobreza que priva en el país, se ha querido superar con programas clientelares, más para posicionar al gobierno y al partido electoralmente, que para coadyuvar a forjar una sociedad responsable y dedicada a producir. Así, en los 30 millones que votaron a favor del proyecto de la Cuarta Transformación (4T), el mito se ha ido desmantelando. López Obrador y su régimen han dejado en el país, más encono que esperanza; más incapacidad para gobernar y de sacar adelante al país que sentar los cimientos de una verdadera transformación de México. Los deslices, los tropiezos, los yerros y discursos llenos de claroscuros, han dejado en evidencia que no es lo mismo estar en campaña 18 años que gobernar, al menos en estos dos años de ver al pasado.   

No bajar la guardia

Aunque quisiéramos ser optimistas, pese a estar en semáforo amarillo, la pandemia de Covid-19 no nos ha dado tregua en Oaxaca. Hace poco menos de un mes, el gobernador Alejandro Murat hizo un llamado a la ciudadanía para llevar a cabo una jornada de 40 días usando el cubre-bocas para contener los contagios y muertes por este mal. Todo indica que los ciudadanos de todos los estratos sociales han respondido. Sin embargo, existe un factor que tal vez ha pasado desapercibido por las autoridades y es que, desde que se impuso el semáforo epidemiológico naranja, la movilidad se ha disparado. Como lo hemos publicado de manera gráfica en las páginas de El Mejor diario de Oaxaca, la ciudadanía se ha volcado en las calles. El turismo extranjero y nacional que durante julio abarrotaba las calles del Centro Histórico, hoy, aún en menor cantidad, ya está en algunas áreas concurridas como Santo Domingo o el Andador Macedonio Alcalá. 

Hace un par de días superamos los 13 mil 500 casos positivos y más de 1 mil 25o decesos. No es una cantidad menor. Hace poco había más de 300 personas en los hospitales, muchos de ellos intubados, lo que implica un porcentaje preocupante de gravedad y muerte. La disciplina impuesta por las autoridades hace un par de meses se ha relajado. Insistimos: la cantidad de personas en el Mercado de Abasto o en el Centro de la ciudad, se ha multiplicado, no obstante, el riesgo de contagios. Los filtros sanitarios han desaparecido y tal parece que todo ha vuelto a la nueva normalidad, cuando aún el número de casos positivos supera, salvo excepciones, los cien casos diarios y los decesos no bajan de los nueve o diez. Esto es, estamos aún lejos de mejorar, pues tal parece que la excesiva confianza empieza a contagiar a las autoridades y ciudadanía, sin reparar en un preocupante y latente repunte.

Ya hemos mencionado que de aquellas comunidades llamadas con eufemismo “de la esperanza”, de las que hacía alarde el presidente Andrés Manuel López Obrador, ni sus luces. Cada día, en el reporte de los Servicios de Salud en el Estado (SSO), se siguen sumando más y más. Muchas poblaciones que hasta recientemente estuvieron libres de contagios, siguen engrosando el mapa de nuevos casos. Es importante subrayar que aún nos falta una parte de esos cuarenta días a los que llamó el ejecutivo estatal. Esperamos que sea el tiempo justo para acotar este terrible mal. Pero tal como vamos consideramos que hará falta un esfuerzo adicional para lograrlo. Por lo pronto, la pandemia sigue adelante y sin darnos descanso, dejando a su paso un lastre de dolor y muerte.


 

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