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Ante la creciente inseguridad que se vive a nivel nacional, y en especial en Oaxaca, donde la delincuencia se ha desatado y la impunidad reina por doquier. La sociedad aterrorizada empieza a imponer la Ley del Talión: “ojo por ojo y diente por diente”, los linchamientos y la justicia hecha por propia mano proliferan, ante la mirada complaciente de quien tiene la responsabilidad y obligación de imponer la ley, y proteger a la sociedad a la que “dice servir”. Los homicidios, secuestros, violaciones, robos a casa-habitación,  extorsión, asaltos a transeúntes, donde los delincuentes acechan en cada esquina, ante la nula vigilancia policiaca para hacerle frente.

Los encargados de salvaguardar la seguridad e integridad de los ciudadanos, se distraen en otras actividades ajenas a su responsabilidad, andan en campaña, ya sea para ser diputados, presidentes municipales, o bien, haciendo negocios para asegurar su futuro, distrayéndose de sus funciones específicas. La corrupción corroe sus entrañas y todo parece indicar, que el flamante Secretario de Seguridad Publica, Raúl Ernesto Salcedo Rosales, anda muy ocupado en otros menesteres, menos en hacer su chamba y tomarse la molestia de implementar un plan emergente de seguridad, para proteger a la ciudadanía que se encuentra en la total indefensión. Los mandos medios argumentan el desinterés de sus jefes, quienes siempre andan en la pachanga, y se quejan que  no los dotan del material e insumos necesarios para realizar una actividad efectiva para combatir a la delincuencia, sin gasolina, sin viáticos, sin armamento, en unidades viejas y desvencijadas, y ante esta pandemia sin protocolos sanitarios.

Los bajos sueldos, propician que muchos elementos policiacos caigan en manos de la delincuencia organizada o el hampa, a quien venden protección  para nivelar su salario, pues tenemos que aceptar que nuestros cuerpos de policía están en total desmoralización, que no aprueban un examen toxicológico y psicológico; la Academia de Policía deja mucho que desear en la preparación y capacitación de nuevos elementos.  La pregunta es: ahora, ¿quién podrá defendernos?