Damnificados en el olvido
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Opinión

Editorial

Damnificados en el olvido

 

Durante la pasada visita presidencial a Oaxaca, de la que hubo también críticas, se advirtió que a quien manda en el país sólo le importan sus proyectos y su imagen. Tal vez por ello hubo en dicha gira de trabajo atención sólo para los aspectos que le interesan y no así para quienes desde el pasado 23 de junio, a raíz del sismo de 7.4 grados que afectó a decenas de comunidades de la Sierra Sur y la Costa, quedaron sin techo y con su patrimonio perdido. Desde que ocurrió el siniestro nos percatamos que atender a los mexicanos en desgracia no es tarea del gobierno de la Cuarta Transformación. A diferencia de regímenes anteriores, cuyas cabezas mostraron mayor sensibilidad, a López Obrador o a la Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, incluso al mismo Coordinador de Protección Civil, no les interesó en absoluto la decena de fallecidos por el sismo ni, mucho menos, las pérdidas materiales. Obvio, no son prioridad.

No es un ejercicio ocioso de crítica ni de llamar la atención. Quien gobierna para los mexicanos debe entender que no todo es miel sobre hojuelas. Oaxaca y los oaxaqueños somos más que proyectos carreteros diferidos desde hace décadas o metas presidenciales para el ego. Si como dijo en la conferencia de prensa del pasado viernes 24 de julio, en su momento recorrió la zona de los Ozolotepec –que conoce muy bien- sorprende la apatía y superficialidad con la que ha visto su tragedia. Pueblos olvidados que, cada día que pasa parecen quedar nuevamente en el abandono. Comunidades que durante siglos tal vez han vivido alejadas de Dios y de las bondades gubernamentales, como San Andrés Lovene, Santa Catarina Xanaguía, San Juan Guivini, entre otros, que siguen mostrando un rezago estructural, no obstante, los programas oficiales que parecen no llegar hasta estas comunidades marginadas.

Esperamos que el gobierno de Alejandro Murat, después de las promesas presidenciales, siga adelante con las obras de restauración y rehabilitación de la zona siniestrada por el sismo. Hay miles de viviendas destruidas y caminos rurales que, con las lluvias intensas de los últimos tiempos, requieren de mantenimiento constante. Pueblos olvidados que deben ser incorporados a las tareas del desarrollo y en el radar de los apoyos institucionales para sacarlos del atraso y la marginación en la que siguen viviendo, pese a los discursos oficiales de bienestar y demás.

Coletazos a economía

Oaxaca cierra este mes con un terrible lastre económico, sobre todo en el sector de los servicios turísticos. Desde la primera quincena del mes de febrero, cuando se dio el primer “puente largo” del año, tan criticado por el presidente Andrés Manuel López Obrador, que declaró que dichos espacios de tiempo había que eliminarlos, los prestadores de servicios no la han visto llegar, como se dice vulgarmente. En efecto, este mes ha sido en verdad letal para el turismo. Nada que ver con otros años y temporadas; con altos niveles de afluencia y derrama económica. Como ya hemos dicho, terminamos este mes con saldos económicos preocupantes y graves. En editoriales anteriores hemos manejado los efectos demoledores no sólo en los principales destinos turísticos del estado, Oaxaca de Juárez y los Valles Centrales, Huatulco y Puerto Escondido, sino aún en sitios de poca afluencia como son los balnearios que operan en la zona de Etla, en el Istmo o las playas cercanas a Salina Cruz, en donde ha sido prohibida la llegada de visitantes.

Recientemente en sitios cercanos a Puerto Escondido, como Manialtepec o Ventanilla o a Puerto Ángel, como Zipolite o Mazunte, abrieron sus puertas de manera relativa al turismo, encontrándose con una reducción drástica de visitantes. Algo similar ha ocurrido en la capital oaxaqueña en donde pese a haberse decretado casi en semáforo naranja y la apertura de restaurantes, cafés, bares y otros, los propietarios han advertido una ocupación de mesas y espacios realmente mínimos. Y ello se ha observado inclusive en negocios ampliamente conocidos y acreditados para los exigentes comensales de la capital. Los hoteles que ya aplican estrictas medidas de seguridad, siguen teniendo pocos clientes, en donde se emplea hasta un 25% del personal.

A pesar del retorno a semáforo epidemiológico rojo, como ya hemos comentado, la movilidad en la capital y los Valles Centrales se ha exacerbado. Los mercados están a toda su capacidad. Ya no hay cierres escalonados ni totales. Hemos denunciado que el transporte urbano y foráneo sigue operando sin respeto alguno a las medidas de prevención. Y no hay quien los meta al orden. Pareciera que autoridades y transportistas están coludidos. Atrás quedaron las maniobras de fumigación y operación de filtros sanitarios. Para muchos estamos casi en semáforo verde, cuando nuestra capital y municipios conurbados siguen estando como ejes de contagios y muertes.