Morena: por el control del INE | El Imparcial de Oaxaca
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Morena: por el control del INE

 


Para quienes juegan ajedrez y les gusta tener ventaja sobre su oponente, saben que existe un principio estratégico: quien domine el centro del tablero, domina el juego. En la política mexicana, en particular en el desarrollo de los procesos electorales, también existe un mismo principio: quien domine el Instituto Nacional Electoral (INE), domina las próximas elecciones.

Este principio lo ha sabido desde siempre el actual presidente de México; o, al menos, lo tuvo que aprender duramente en sus tres incursiones como candidato a la presidencia de nuestro país. Recordemos que, al menos en una ocasión, públicamente mandó al “diablo” a esta institución al no lograr los votos suficientes en el país para lograr tan codiciado cargo. En sus otras participaciones como candidato, desdeñaba las actividades programadas por el propio instituto, como lo hizo con los debates públicos. Más recientemente, ya como presidente de la República, anunció que vigilaría las elecciones, desconociendo la autoridad del INE.

Esta actitud del actual presidente hacia el Instituto no es fortuita. La historia de la democracia en México es breve y un tanto atropellada. Pero es mejor a lo que teníamos. Esto lo sabe de primera fuente el propio presidente y sus colaboradores más cercanos en el gobierno, pues vivieron y militaron en el partido que dominó los años más antidemocráticos del país. A tal grado lo saben, que el ícono mexicano de los fraudes electorales, el Sr. Manuel Bartlett Díaz, ocupa el importante cargo de Director General de la Comisión Federal de Electricidad.

Para aquellos que no estén familiarizados con la democracia en nuestro país, es importante recordar que, desde su nacimiento, hasta el año de 1990, las elecciones eran organizadas, vigiladas, controladas y calificadas de legales por un órgano denominado Comisión Federal Electoral, el cual era dirigido por el Secretario de Gobernación. Esta Comisión no era más que un apéndice de facto de dicha Secretaría, dominado por políticos del propio partido en el poder, en la que escasamente participaba la poca, pero creciente, oposición mexicana.

Estas condiciones subsistieron en México hasta 1990, año en que se reformaron las leyes electorales y se creó el Instituto Federal Electoral (IFE), el antecedente inmediato del INE. Sin embargo, este Instituto continuaba siendo controlado por el gobierno y el partido en el poder. No fue sino hasta las reformas electorales de los años 1994 y 1996, en las cuales se crearon las figuras de “Consejeros Ciudadanos”, y se substituyeron a los funcionarios del Gobierno por aquellos, quienes desde entonces eran designados por la Cámara de Diputados.

El primer Consejo General del IFE, encabezado por el Dr. José Woldenberg, jugó un papel de suma trascendencia para la democracia en México. Estableció los cimientos de la participación ciudadana en los procesos electorales, los transparentó y le dio certeza. Fue durante su gestión en que se concibió, por primera vez, la alternancia política en México, al ser electo el Sr. Vicente Fox Quezada como presidente de la República.

A partir de entones, hasta el día de hoy, el IFE y el actual INE, han ejecutado un rol importante en la democracia mexicana; pues, pese a las grandes presiones del gobierno y los partidos políticos, ha logrado darles certeza a los recientes procesos electorales. Empero, la credibilidad del Instituto ha sido cuestionada por el escrutinio público debido a los siguientes temas que se han convertido en sus “áreas de oportunidad”: a. La costosa inversión pública al sistema de partidos políticos y procesos electorales; b. El proceso de designación de consejeros ciudadanos, han estado sujetos a posibles intereses de partidos políticos, a tal grado que los partidos consideran que debe existir una “cuota”; y, c. El fantasma de los fraudes electorales ha persistido en el consciente colectivo, a pesar de que la transparencia en los procesos de hoy en día es abismal comparados con aquellos de los años 80.

El actual pleito que mantienen los diputados federales por Morena, el partido en el poder, con respecto a la elección de los consejeros ciudadanos del IFE que suplirán a aquellos que concluyeron en su encargo, es muy simple y mundano, su estrategia es muy parecida al PRI de los 80: controlar los procesos electorales. Esto, porque, quizá, lo tienen muy grabado en su ADN político. También puede ser porque, quizá, tienen temor a unas elecciones intermedias muy aleccionadoras.

El INE de hoy, no necesita ser controlado por los partidos políticos, ni por el gobierno actual. Si la cuarta transformación realmente pretende lograr un cambio verdadero en el país, no debe de apostar por retomar y ejecutar las mismas estrategias políticas y antidemocráticas del pasado. El INE debe ser fortalecido para lograr una verdadera independencia ideológica y política. Requiere que los ciudadanos sin interés alguno, ni adeudos políticos, empoderen a este Instituto. Requiere que el presidente de México y sus cercanos colaboradores no lo ninguneen, que lo respeten como autoridad electoral. Requiere que los partidos políticos y gobiernos se alejen de los romanticismos del pasado. Requiere, que todos los mexicanos crean posible que el INE puede llevarnos a conseguir la verdadera democracia.