Consulta: Proceso irreversible
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Opinión

Editorial

Consulta: Proceso irreversible

 

La semana pasada, autoridades municipales y personajes principales de Capulálpam de Méndez, el pueblo mágico de la Sierra Norte, en conferencia de prensa en el centro de la capital oaxaqueña, dieron a conocer la suspensión definitiva, de las concesiones que hace algunos años habían sido otorgadas a la minera canadiense Continuum Resources LTD, a la compañía Minera la Natividad y Anexas y a otros particulares. Como informaron, dichas concesiones para la exploración y explotación de oro, plata y otros minerales se dieron sin haber consultado a la comunidad indígena agraria, como se prevé el Convenio 169 sobre Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes de la Organización Internacional del Trabajo. La lucha de esta comunidad se dio desde el año 2015. Al fin lograron la suspensión.
Dicha medida debe poner en alerta tanto al gobierno como a diversos organismos autónomos o descentralizados, respecto a la importancia que revisten en la ley mexicana, la consulta a las comunidades indígenas, para llevar a cabo cualesquier proyecto público o privado. Y llama la atención, justamente porque este hecho se dio a escasos dos días de que los medios dieran a conocer que se autorizaron ya cinco contratos para igual número de empresas que participarán en el llamado Proyecto Transístmico, en donde, es sabido, se ha dado una gran oposición de parte de grupos indígenas de las etnias zapoteca, mixe y zoque, entre otras. Es obvio que no son los grupos en sí los que mueven a este tipo de oposición, sino dirigentes de membretes que van por prebendas y dádivas del gobierno, a cambio de atenuar las cosas.
La lectura de esta sentencia judicial es que, la consulta a las comunidades indígenas se ha convertido en un proceso irreversible. He ahí la oposición de las comunidades de la península de Yucatán o comunidades de Tabasco y Campeche, al Tren Maya, a los proyectos eólicos en el Istmo de Tehuantepec y otros grandes propósitos que son, asimismo, prioridades para el gobierno federal o para las empresas que generan energía limpia. Empero, insistimos, deben ser las comunidades, los grupos étnicos y los dirigentes indígenas, quienes deben levantar la voz, no vivales como muchos que hacen alarde del ropaje indígena, cuando son vividores de los pueblos originarios. Y en Oaxaca, dichos especímenes abundan por doquier. Los tenemos en el Istmo, en la Sierra o en la Mixteca.

 

Violaciones al Reglamento

Es impresionante el número de accidentes de tránsito que se registran en la capital oaxaqueña, sin que las autoridades hayan tomado medidas que eviten que esto ocurra. El número de percances se dan entre conductores de motocicletas que conducen a exceso de velocidad o lo hacen sin el casco protector, que es un instrumento obligado para este tipo de unidades. En redes sociales, a menudo se suben fotografías de hombres y mujeres adultas, conduciendo motos con bebés o menores de edad a bordo, sin contar con la protección necesaria. Es más, en una unidad pequeña pueden subirse a dos o tres más, cuando el espacio es sólo para dos. No existen pues –siempre abordamos el mismo tema- campañas que permitan fortalecer las medidas de prevención y evitar violar el reglamento de Tránsito vigente.
La doble fila se ha hecho ya un hábito. Madres y padres de familia que, a la hora de entrada o salida de las escuelas, se estacionan en doble fila sin recato alguno, obstruyendo el tránsito vehicular. El caos vial es inevitable. Pero jamás se aparece por ningún lado, una patrulla u oficial de Tránsito Municipal que, con silbato en mano evite este tipo de acciones ilegales. Insistimos: esto se ha convertido ya en un vicio arraigado, pues en toda la ciudad estacionarse en lugar prohibido es ya una institución, que se hace porque jamás hay sanciones para quienes de esa manera se burlan de la autoridad. Hay que ver sólo frente al Paseo Juárez “El Llano”, desde la mañana hasta la noche. Decenas de vehículos estacionados de manera ilegal y salvo esporádicas veces, reciben su boleta de infracción, no obstante, las molestias que ocasionan al resto de automovilistas u operadores del transporte urbano.
En zonas densamente pobladas como la Colonia Reforma y el norte de la ciudad, la necedad para no pagar estacionamiento sale a veces demasiado caro a los imprudentes que invaden de manera burda, las entradas de los domicilios, en donde figura el letrero de “no estacionarse”. Las grúas particulares que contrata el ayuntamiento de la ciudad, tienen trabajo para llevarse al corralón a los imprudentes y necios. Un factor adicional, es la falta de disposición para que vehículos utilitarios de refrescos, cerveza o mensajería, eviten los congestionamientos viales, al estacionarse en el arroyo vehicular en las “horas pico”, haciendo para todos, un infierno vial.