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Editorial

Grandes expectativas

 


Estamos ya en el primer puente largo de 2020, que inició desde el pasado viernes, con la suspensión de clases en las escuelas de educación básica, por la celebración del Consejo Técnico Escolar (CTE) y la suspensión de hoy lunes 3 de febrero, en conmemoración del Aniversario de la Promulgación de la Constitución de 1917. Dicho período se da, a menos de un mes de que terminara con buenas cuentas la temporada decembrina que, según lo informó el titular de la Secretaría de Turismo, Juan Carlos Rivera, en su oportunidad, fue una de las mejores de los últimos tiempos en los tres destinos del estado: la ciudad de Oaxaca de Juárez, Huatulco y Puerto Escondido. La derrama económica fue superior se dijo, a la de otros años, así como la superación del promedio de estancia de los visitantes, que rebasa ya los 3.5 días.

Hace poco más de una semana, los boletines oficiales dieron cuenta de la participación del gobernador Alejandro Murat, en la Feria Internacional de Turismo (Fitur), que se celebra en Madrid, España. Se menciona la participación de conocidos chefs oaxaqueños, mostrando las bondades de nuestra rica gastronomía. Es importante subrayar que, según ha trascendido, el gobierno federal, a través de la Secretaría de Turismo, ha cancelado los apoyos para promocionar los destinos del país, sobre todo en el extranjero, lo que nos hace suponer que fue el erario estatal de donde se financió el viaje. Bajo esta premisa, esperamos que dicho desembolso, en tiempos de austeridad, se vea reflejado en una importante promoción para el turismo extranjero, que en este período o los subsecuentes, coadyuve a ubicarnos mejor en el mercado mundial. No tendría sentido asistir a eventos tan importantes para regresar con las manos vacías.

Porque hay algo en lo que mucho hemos insistido: Oaxaca es mucho más que Guelaguetza, que las fiestas de julio y la Noche de Rábanos. Es mucho más que gastronomía y artesanía. Tenemos una vasta cultura y un sinfín de sitios tanto arqueológicos como coloniales, además de un mosaico multiétnico y pluricultural, que a veces es soslayado por la inmediatez de la costumbre. En efecto, hace falta imaginación y corresponsabilidad de gobierno y prestadores de servicios para poder promocionar todo lo que Oaxaca puede ofrecerle a México y el mundo. Hay que dejar atrás el paternalismo reflejado en el gobierno y hacer realidad una mayor afluencia y una mejor derrama económica.

Indigencia sin control

En los últimos días la nota roja de los diarios y las redes sociales han dado cuenta de varios casos de indigentes que han fallecido en la vía pública. Se trata de alcohólicos crónicos y enfermos, que viven en situación de calle, los cuales deambulan en su mayoría por las bodegas del Mercado de Abasto, las riberas del Río Atoyac y también en algunos atrios de iglesias, como la de San Agustín. Pernoctan en la calle y a la intemperie, ante la imposibilidad de acudir a sus hogares –si es que los tienen- o a refugios municipales para pasar la temporada de frío o tomar alimentos. En el mes de diciembre, el ayuntamiento de la capital oaxaqueña, anunció la habilitación de espacios para recibir, justamente, a personas en dicha situación. Sin embargo, los fallecidos siguen incrementando a estadística. Es más, a principios de enero, uno de dichos indigentes estuvo prácticamente medio día agonizando en plena vía pública, sin que ningún cuerpo de socorro hiciera algo por él.

La semana pasada circuló una fotografía en las redes sociales, en donde aparece un elemento de la Policía Auxiliar, Bancaria, Industrial y Comercial (Pabic), acreditado en Tuxtepec, dando de comer a un indigente. Ciertamente despertó simpatía, pues en el imaginario colectivo, alcohólicos y drogadictos que viven en una situación límite respecto a sus excesos y males, ya no son dignos de atención, pues ni siquiera son recibidos en grupos tradicionales o anexos para enfermos de dichos padecimientos crónicos. Es más, cuando pernoctaban en el zócalo de la capital, siempre las denuncias ciudadanas giraban en torno al pésimo aspecto que daban al Centro Histórico. Y lo siguen dando, recostados en las bancas de piedra ubicadas en San Agustín, en donde orinan o defecan sin importar la relevancia histórica de dicho monumento de los siglos XVI y XVII.

Se trata evidentemente de un tema de salud pública que, en efecto, no es tarea simple, habida cuenta de las prioridades que existen en el sector salud. Lo que no hay que soslayar es que, a dichas personas, más allá de los estigmas y la descalificación social, hay que darles la oportunidad de volver a la vida y dejar atrás el infierno de las adicciones. Es necesario alentar en los organismos que luchan por la recuperación y la reinserción en el sector productivo, aunque lo hacen de manera altruista y sin apoyo gubernamental, los instrumentos para que puedan tener éxito. Es muy triste ver morir a quienes desde hace mucho la propia sociedad y hasta sus familias, desahuciaron, pero, sobre todo, verlos tirados en la banqueta, sin esperanza, sin salvación y sirviendo como un triste espectáculo para el morbo ciudadano.