Rapacidad magisterial
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Opinión

Editorial

Rapacidad magisterial

 

Si existe un gremio cuyo comportamiento irresponsable ha tenido el respaldo del gobierno de la llamada Cuarta Transformación, ése es el magisterio oaxaqueño, pues el mismo presidente lo ha considerado –obviamente de manera equivocada- como el mejor de México, pues en la perspectiva del primer mandatario, se le ha estigmatizado de manera “injusta”. Es evidente que el presidente no ha sentido los coletazos que, de manera permanente, nos inflige dicho gremio magisterial. Tampoco sabe de casi cuarenta años de bloqueos, plantones, suspensiones de clases, atraso escolar y rezago educativo. Si lo supiera, tal vez diría otra cosa. Hay quienes reconocen que la pérdida de tiempo por suspensiones y paros, sumaría al menos dos o tres ciclos escolares completos. El magisterio afiliado al llamado Cártel 22, en sus diversos niveles, es un ente eternamente insatisfecho, irresponsable y rapaz.
Uno de esos casos emblemáticos es el de los maestros de educación indígena que, sin pena ni remordimiento alguno, pusieron en marcha su paro de 72 horas, justamente al reiniciarse el ciclo escolar, luego del período vacacional decembrino. Un reducido grupo de maestros del nivel de Educación Indígena del Cártel 22, esperaron a cobrar la segunda parte de su aguinaldo de 90 días para protestar, además de las dos quincenas de diciembre. Sin embargo, el dirigente de dicho nivel, Héctor Cruz Lomelí, un ex militar de las Fuerzas Especiales en retiro, ha estado bajo la mira de sus agremiados por sus posturas disparatadas. He ahí el por qué, de un padrón de al menos 14 mil maestros de educación indígena, sólo le hayan secundado en sus movilizaciones y arbitrariedades ante la sociedad, no más de 500.
Pero, ¿qué es lo que quiere en citado sargento segundo? Volver al pasado, cuando los dirigentes magisteriales controlaban (y vendían) las plazas; quiere ser juez y parte, ejercer al mismo tiempo como docente y como funcionario. Por eso pide el reconocimiento de un membrete y que no sólo vea sus temas sindicales, sino que también decida en asuntos que son competencia de la autoridad educativa. Sin embargo, las leyes federales y estatales no lo permiten. Sólo para poner en contexto sus argumentos, otorgar cerca de mil plazas, además de crearla Dirección General de Educación para los Pueblos Originarios, implicaría modificar las legislaciones en materia de educación. Lo que exige el citado dirigente y sus secuaces no es procedente, más ahora que hay una nueva relación con los gobiernos federal y estatal.

Bloqueos: Tema preocupante

Oaxaca se ha convertido en la tierra de los bloqueos carreteros y atentados permanentes al derecho a la libre circulación. El hecho de que en el Istmo se hayan dado cerca de 222 en 2019 y en la capital, al menos en promedio dos por día, debe preocupar a las autoridades y no dejar hacer, dejar pasar, como si se tratara de una virtud para la gobernabilidad. Sin embargo, pese a la protesta, al reclamo de los sectores productivos y empresariales, desde las altas esferas del gobierno estatal, parece que no pasa nada. Hemos empezado el año con los bloqueos de no más de 500 mentores de educación indígena, cuyo dirigente –como ya lo hemos dicho- quiere que le creen un traje a la medida, en donde él pueda hacer y deshacer. Plazas, adscripciones, contrataciones, etc. Un trago amargo fue para los citadinos reiniciar el ciclo escolar, luego del período vacacional decembrino y toparse con el crucero del Aeropuerto cerrado, calles y avenidas bloqueadas.
El sitio que se pone a menudo a la ciudad ha generado ya exigencias y reclamos, habida cuenta de que dicho método ha trastocado de tal forma la paz social y el movimiento de la economía, que no tarda en que reviente la violencia. Y se esperan días difíciles ante la inconformidad que se ha desatado una vez que el Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana (IEEPCO), calificó cerca de 400 procesos electorales a través del sistema normativos internos. Todos los pueblos que han mostrado alguna inconformidad vienen a la ciudad a hacer su borlote; a fastidiar al citadino; a desfogar sus bajas pasiones con la ciudadanía. Y hay algunos que lo hacen con violencia extrema, como es el caso de Santo Domingo Teojomulco o Santa María Teopoxco, una comunidad en la que se han arraigado los peores vicios, amparados justamente por los famosos usos y costumbres.
Como hemos comentado en ocasiones anteriores, se culpa a las autoridades del uso del método infame del bloqueo, lo cual puede tener algo de razón, empero, la verdad es que la industria del chantaje y la presión está sumamente arraigada en el imaginario colectivo. Es más, se sabe que en la Secretaría General de Gobierno lo toman como una cosa cotidiana, de tal manera que cuando los funcionarios se enteran de que hay un bloqueo en tal o cual parte, lo que hacen es encogerse de hombros y dejar que quienes toman las calles, cruceros o carreteras, permanezcan ahí dos o tres horas o más, para hacerse presentes.