Actuar con civilidad | El Imparcial de Oaxaca
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Actuar con civilidad

 


Las escenas de “falta de justicia” se ven a cada rato en todo el país, la aplicación de la ley, al parecer no es pareja, y las formas de manifestarnos dejan mucho que decir de quienes lo hacen, todo está cambiando por la ley del más fuerte, de quién tiene más gente que lo respalde, aunque la razón no le asista.

Este ejercicio se aplica para cualquier momento, basta con tomar un periódico por las mañanas y observar la cantidad de información que nos señala la forma en que nos comportarnos, encender la televisión, conectarse a las redes sociales o hablar con el vecino o vecina de lo podrido que está nuestro entorno y que alguien debería hacer algo.

No existe un mecenas, que venga a arreglar sus problemas, que le diga a alguien más lo mal que le hace a la consciencia social, no existe ese salvador que venga a poner en cintura a la bola de rijosos de la Sección 22, que viven del caos y molestias que generan a la población, no vendrá alguien de fuera a poner orden aquí en nuestro entorno, sólo se consigue con el conjunto de acciones a favor de un ambiente saludable, que usted o yo podamos agregar.

Por ejemplo hace unas semanas, tuvimos el problema de la basura, cuyos camiones no circularon y con ello se alcanzó a ver el grado de respeto y civilidad que presentaron las colonias, por ejemplo en el centro de la ciudad, los negocios y casas habitación, solo buscaron un espacio ajeno para dejar su basura y hacer más grande un montón que ya estaba, justificando sus acciones porque no se resolvía ese problema y les ocasionaba a ellos uno mayor “el de tener basura y que ellos mismos o sus clientes producían” en sus negocios, ocasionando un problema de salud y que no estaban dispuestos a resolver, salvo “su mejor opción”, dejarla fuera de sus casas y que se convirtiera en el problema de otro más.

Bastaba con darse una vuelta por las calles y ver quienes verdaderamente tomaban soluciones en bien de uno y de los demás, quedándose con el problema y esperando o ideando la solución del mismo.

Según del diccionario de la Real Academia Española Civilidad hace referencia a Sociabilidad, urbanidad. Orden. Colocación de las cosas en el lugar que les corresponde. Concierto, buena disposición de las cosas entre sí. Urbanidad. Comedimiento, atención y buen modo. Cortesía. Demostración o acto con que se manifiesta la atención, respeto o afecto que tiene alguien a otra persona.

En la casa tenemos la obligación de procurarla, como cuando nos repartimos las tareas en familia, en la calle sabemos cuándo es momento de cruzar una calle y cuándo debemos ceder el paso, en la escuela tuvimos nuestra mayor experiencia en ese sentido: nos reunimos con el maestro y compañeros en un horario establecido y en un espacio acordado (el salón de clases), tomamos decisiones de común acuerdo, nos distribuimos las actividades y materiales de trabajo. Cuando ocurre algo excepcional, como un problema entre alumnos, todos sabemos que hay una estructura de autoridad para resolverlo. En conjunto esas acciones muestran respeto y consideración por los demás en distintos niveles.

Estos valores avanzan en una escala gradual, que va de lo superficial a lo profundo. En la superficie se hallan la urbanidad y la cortesía, un conjunto de normas fáciles de aprender y seguir: cuidar la higiene y apariencia personales, hablar con amabilidad a las demás personas y comer con buenos modales. En el siguiente plano se encuentra el orden: la organización de las actividades y proyectos de manera que se tomen en consideración a los demás. En el nivel más profundo está la civilidad: la capacidad de llevar la cortesía, el respeto y el orden a toda la sociedad en su conjunto y crear un clima propicio para la convivencia y la participación.

En este mismo sentido Luana Lacramioara comenta que la ciudad es nuestro entorno cotidiano donde contactamos con la familia, los amigos, los vecinos, los colegas, la escuela, las autoridades, etc. Es nuestro sitio de inmediatas relaciones sociales. En la cultura urbana la civilidad es el elemento más significativo, dado que los seres humanos interactúan en cierto territorio cultural limitado, apareciendo conflictos y discusiones que se deben arreglar según unas reglas comunes. Cada integrante de la comunidad tiene sus necesidades que son el corazón del orden social. Para ser ciudadano no basta con pertenecer a una comunidad, participar e interactuar con los demás, sino que hace falta asumir las responsabilidades que esto supone.

Aunque tenemos una vida pública y una privada, esto no debe suponer que estos ámbitos son opuestos y diferentes, sino más bien deben interaccionar y ahí es donde aparece el concepto de civilidad. La importancia del concepto de civilidad en medio de la globalización radica en una coyuntura que se basa en las confrontaciones de lo público y lo privado. Los modelos socialmente premiados (en occidente, pero gradualmente también en oriente), fomentan los comportamientos individuales, a la vez que el modelo económico de mercado asegura que el mayor bienestar se alcanza maximizando los intereses individuales. La importancia, por lo tanto de realzar lo público, base de la civilidad, se pueden ver en el libro La democracia en América (Alexis de Tocqueville):

“… puede ocurrir en efecto, que los individuos, absorbidos por sus asuntos particulares, debido al exceso del deseo de bienestar, descuiden lo público. Llegará el momento entonces en que, con tal de que se les deje ocuparse de sus pequeños asuntos cotidianos se desentiendan de todos los demás. Abrase realizado aparentemente el ideal de corte: orden y progreso. Pero la libertad habrá desaparecido, puesto que la libertad privada no es tal. La libertad es indivisible y no puede hablarse de libertad privada sin libertad pública.”

La civilidad tiene que ser un concepto continuamente presente desde la más temprana infancia y que esté alimentado tanto por la familia como por la escuela, también supone un autocontrol y un entendimiento y asimilación de los comportamientos. El papel más importante lo tiene la familia, porque los niños pasan más tiempo en casa que en la escuela. Pero no por eso la escuela debe seguir una senda de continua “alimentación” con información, sino que también debería educar a través de asignaturas. Una economía fuerte y vigorosa no puede existir sin un buen sistema educativo, sin personas bien formadas, capaces de competir en el mercado.

No seamos presa de la incivilidad que dificulta la vida diaria, genera desorden y continuos conflictos entre todos. En el peor de los casos degenera en violencia, inseguridad y retraso en el desarrollo social.

Twitter@g_vasquez