Dos orates y medio | El Imparcial de Oaxaca
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Hoja por hoja

Dos orates y medio

 


Si un aspirante a la presidencia de la República dice que va a “hacer entrar en razón” a Donald Trump por una pretendida defensa de los “migrantes de todo el mundo”, sólo nos recuerda que las instituciones de salud mental tienen motivos de sobra para su existencia, recintos que bien pudiera albergar a los personajes en cuestión, más a otro que vocifera desde el Orinoco.

El periodismo en Estados Unidos de América está reconocido como una de las prácticas de comunicación más profesionales en el mundo. Los diarios The New York Times y The Washington Post, son emblemáticos de la comunicación impresa, totalmente veraz y confiable. El último de ellos reveló una conferencia telefónica entre el presidente de México Enrique Peña Nieto y el de EUA, Donald Trump, cuya duración es inusual entre jefes de Estado en tiempos de paz o entre mandatarios de países supuestamente amigos. Tal conversación ocurrió el 27 de enero de 2017, sólo siete días después de que Trump tomara posesión, revelando que éste no sólo desconoce reglas básicas de cortesía o trato político y diplomático, mucho menos conocimiento de asuntos legales, de convenios o de acuerdos internacionales. Está claro que Trump ni idea tenía en ese momento de las implicaciones de vociferar sobre aranceles al comercio con México. Desaforado por su reciente triunfo, el novel presidente se dejaba arrollar por su arrogancia e intentaba humillar a Peña Nieto, tal vez no en lo personal, sino por representar éste a México, país al que detesta el esquizofrénico de tupé amarillo.

Esta Hoja por Hoja ha sido siempre un medio crítico sobre la figura del presidente Peña, de su familia, de su gabinete. Está claro que la debacle del PRI y las indudables expresiones de corrupción en que han incurrido miembros de la administración federal y de gobiernos estatales, han provocado la bajísima simpatía que el pueblo de México mantiene hacia su presidente. Pero en honor a la objetividad, debe reconocerse que Enrique Peña Nieto no sólo se comportó de manera prudente en la conversación telefónica, sino que se mantuvo con firmeza -sin alteraciones de tono-en una cuestión crítica y frente a una brutal amenaza de Trump: el muro fronterizo: México no lo puede (ni debe) pagar.

Trump mostró una flaqueza que debe aprovecharse: es un político mendaz y traicionero. Lo primero porque engaña, lo segundo porque pide a Peña no hacer público que México no pagará el muro, dado que sus votantes se lo reclamarían, entonces traiciona a éstos porque en mucho votaron por él si construía el muro. De manera que tácitamente Trump reconoce que, si va adelante con su loca idea, será el pueblo americano quien pague la costosa, inútil y oprobiosa obra.

Pero de ello ha surgido a escena un orate de proporciones mayúsculas: Nicolás Maduro, que en un delirio de grandeza y protagonismo ha llamado “cobarde” al presidente Peña, entre muchos otros insultos, impropios también de un jefe de Estado y más a modo de su propia figura: un autócrata, dictador, tirano, ignorante y mentiroso. Debe reconocerse también que Luis Videgaray, Canciller mexicano, reviró lo de “cobarde” de manera acertada, en defensa de su jefe y en un posicionamiento propio de un Ministro de Exteriores al ser atacada la figura presidencial.

En Estados Unidos gobierna un desquiciado a quien debe hacérsele frente por los medios que el derecho y los tribunales internacionales nos lo permiten. Venezuela sufre las consecuencias de un primer lunático: Chávez, que dejó en su lugar a un alienado Maduro conducido por su locura que lleva a su país al precipicio económico. A éste ignominioso déspota se le debe combatir también por las instituciones regionales que han de vigilar el respeto democrático y las libertades ciudadanas.

Al mesianismo tropical sólo se le puede combatir con el voto. De sufragar la mayoría de los votantes, nos limpiaremos de una negra expectativa para México: la de convertirnos en otra Venezuela y ser, ahí sí, lacayos, pero de la dictadura castrista.