Polariza y vencerás
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Polariza y vencerás

 

En esos años de la Guerra de Independencia aún prevalecía el uso de “castas”, desde el Virreinato, para clasificar a los diferentes grupos raciales que se esparcían en el territorio debido al inevitable instinto humano de reproducción sin mirar colores de piel. Morelos proscribía la distinción y hacía iguales a todos los “americanos”, así también se nos conocía a los novohispanos o mexicanos por ser la “América Mexicana”, no olvidemos que Hidalgo se autoproclamó “Generalísimo de América”.

“En 1812, en Oaxaca, declara (Morelos) con su estilo peculiar y burlesco: “Quedan abolidas la hermosísima jerigonza de calidades (indios, mulatos y mestizos) nombrándolos a todos generalmente americanos”

En otros imprescindibles textos de Morelos: “Si entre los indios y castas se observase algún movimiento, como que los indios o negros quisieran dar contra los blancos o los blancos contra los pardos, se castigará inmediatamente al que levante la voz… que no haya distinción de calidades, sino que todos los nombremos americanos, para que mirándonos como hermanos vivamos en la santa paz que nuestro Redentor Jesucristo nos dejó…”

Explicable absolutamente que Morelos invocará al Redentor, debido a que era sacerdote formado en el Colegio Seminario de San Nicolás en Valladolid, hoy Morelia.

Como hemos visto, en el escudo oficial del gobierno de Morena, aparece en primer lugar, de izquierda a derecha, una imagen de Morelos, personaje a quien frecuentemente se invoca y se hacen referencias a conveniencia del régimen en el poder, pero se ignoran groseramente algunos conceptos del ideario morelense, como la unificación de los mexicanos para consolidar una nación de iguales. Morelos también, al abogar por los pobres, no habla de repartirles dinero de manera gratuita, sino que propone el incremento de su jornal, es decir, proclama la virtud del trabajo y la justa remuneración a este factor económico. No inventó programas asistenciales para obtener votos.

Pero, hoy en día, desde la “primera magistratura del país” (como se le dice), se recurre a la diferenciación de razas, de etnias, a la pigmentación de piel, lo cual el régimen puede justificarlo porque desde 1994, que fue reformada la Constitución, se formalizó un sistema de “apartheid”, al acomodar en el Artículo 2º., la “composición pluricultural sustentada originalmente en sus pueblos indígenas”, menospreciado a quienes involuntariamente llevan en sus genes el ADN de otros grupos nacionales que dan lugar a la mezcla de razas o mestizaje que, por encima de ideologías, somos la mayoría de los mexicanos.

Pero si en el aspecto etnológico se están remarcando diferencias, en el asunto ideológico el grado de agresión a quienes opinan distinto, es probablemente más grave, dado que acentúa el odio, el encono y la venganza entre la sociedad: conservadores, fifís, reaccionarios, ternurita, son algunos de los calificativos que se endilgan a supuestos “adversarios”. No se diga la ferocidad contra algunos medios, articulistas, columnistas y hasta historiadores, que pasan por la maquinaria verbal de tortura a que son sometidos diariamente en el Salón Tesorería del Palacio Nacional.

Estamos presenciado algo no visto en México: exacerbar diferencias, polarizar. Ha habido discriminación y desdén por la inferioridad de clases, pero no existía odio. Es indispensable leer Mein Kampf (Mi Lucha) de Adolf Hitler y enterarnos de lo que significa escribir libros para anunciar políticas destructivas. El Führer proclamó abiertamente la instauración de un “Estado racista”, cosa que impuso al llegar al poder. No muchos advirtieron el peligro del nazismo. Hay tiempo para rectificar.(Textos tomados del facsímil de Sentimientos de la Nación, M. A. Porrúa; Historia de México, Lucas Alamán; Siglo de Caudillos, E. Krauze).