Apuntes sobre el Lunes del Cerro | El Imparcial de Oaxaca
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Apuntes sobre el Lunes del Cerro

 


Esto no es una repetición de la antigüedad, es el resultado de lo que sigo estudiando, investigando y que, al aclarar, puedo compartir con ustedes a través de las páginas de EL IMPARCIAL, El Mejor Diario de Oaxaca.
Las crónicas cuentan que a partir de la llegada pacífica de los mexicas al valle grande, territorio zapoteca, en dónde establecieron Huaxyacac, su cuartel; como era natural se mezclaron las culturas zapoteca y mexica.
Los oaxaqueños oriundos de la región del valle entendemos, porque crecimos en esta tradición muy nuestra, lo que son los Lunes del Cerro, lo que es la guelaguetza y lo que es la costumbre reciente de especular con la Guelaguetza para catrines.
La fiesta del Lunes del Cerro siempre fue y sigue siendo en el 2019, una fiesta pagana, popular y familiar qué cómo su nombre indica se celebraba al aire libre para rendir tributo a la Madre Tierra en agradecimiento por los dones recibidos, especialmente el maíz, el agua y el sol.
En la época prehispánica se llamó Hueitecuilhuitl, La Gran Fiesta de los Señores; a partir de 1928, Fiesta de la Azucena y hoy Guelaguetza, lo cierto es que los oaxaqueños la seguimos llamando: Lunes del Cerro.
Hasta 1828, el Lunes del Cerro era una fiesta familiar, en la que no tomaba parte ninguna otra región del Estado, más que los habitantes de la capital y sus pueblitos y agencias aledañas. La fiesta era en la tarde.
Cuenta Guillermo Rosas Solaegui (1978) que: “Desde la falda del cerro hasta la rotonda en dónde está el monumento a Juárez, había a regulares distancias tienditas improvisadas, en donde se vendían exquisitos manjares… Música acá y allá, tanto en changarros populares como en changarros de catrines… el comercio, todo de la ciudad, cerraba sus puertas por la tarde para que su personal de empleados no se perdiera de su fiesta favorita, inclusive los propios patrones…Hermoso Lunes: música, luz y alegría, amor comida y bebida, era la fiesta del pueblo y para el pueblo… Por regla general y era algo esencial: El remojón. Caía un torrencial aguacero a eso de las seis de la tarde, que no respetaba paraguas, sombrillas, impermeables de hule y de palma… Pero por gracia quien sabe de quién, el aguacero no duraba mucho. Después del remojón que daba a los paseantes, cesaba… yéndose cada quien a su casa, llevando en su interior, la satisfacción de haber gozado de una fiesta netamente oaxaqueña, de casa, íntimamente hogareña, en grande.”
La guelaguetza es una costumbre heredada de los zapotecos que se practica principalmente en la región de los Valles Centrales; consiste en recibir o dar ayuda para realizar una fiesta, que puede ser una boda, un bautizo, un cumpleaños o la fiesta del santo patrón; pero también puede ser un duelo, como un difunto—. La guelaguetza que se recibe o que se da, puede ser en efectivo, en bienes o en un servicio personal. Al recibir guelaguetza, adquieres el compromiso de pagar posteriormente el equivalente, lo mismo o algo mejor a tu benefactor, cuando él lo necesite.
La guelaguetza es para todos donde quiera que se necesite y puede darse en cualquier fecha; más que tratar de explicarlo, los oaxaqueños lo vivimos, sentimos y agradecemos.
Centeotl, la diosa mexica de la tierra y del maíz, se incorpora a la celebración pagana porque fue ofendida por los habitantes de Huaxyacac
Y como castigo Centeotl empobreció las tierras, secó los pozos y los ríos y las cosechas no se daban y los alimentos empezaron a escasear durante varios años. El sumo sacerdote, el tlatoani y los comerciantes reconocieron su olvido imperdonable de la diosa de la tierra y del maíz; de inmediato empezaron a construirle un Cu (teocalli).
La diosa atendió sus ruegos y cubrió nuevamente de frutos la tierra de Huaxyacac. El 13 de Tecpal del IX Hueitecuilhuitl, tercer lunes del mes de julio, los sacerdotes acompañados de hombres y mujeres, se trasladaron al cerro del Fortín dispuestos a reparar el agravio a la diosa. Reunieron a todas las doncellas para seleccionar a la más hermosa que debía ser sacrificada a la diosa Centeotl el siguiente lunes.
La joven que tuvo el privilegio de ser la elegida se despidió de su familia y fue conducida al Cu (teocalli) en dónde ayunó, realizó diversos ritos y oró toda la semana para ser digna de la diosa.
El siguiente lunes, día de la octava, subieron nuevamente a las faldas del cerro de El Fortín llevando regalos a la doncella próxima a ser sacrificada; después de este acto, organizados todos en una procesión, con los sacerdotes y la doncella al frente, se trasladaron al Cu (teocalli) que estaba situado donde hoy se halla el templo del Carmen Alto y allí fue sacrificada la virgen mexica ante el altar de la diosa Centeotl.