La manifestación como medida de chantaje | El Imparcial de Oaxaca
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La manifestación como medida de chantaje

 


La libertad de expresar nuestras ideas y lograr ser escuchados por la sociedad, los representantes del pueblo o quienes sean, es un derecho que tenemos todos a la libre manifestación de nuestras ideas, pero, sin olvidar al individuo que se encuentra al lado y que puede que no le importen mis intereses y atienda los propios.

Durante años hemos visto la forma tan perversa de los grupos sociales, que más que intereses comunes persiguen intereses económicos o de poder a los que están acostumbrados y que difícilmente renunciaran, mismos que los hacen mover gentes como usted o como yo, a manifestarnos en diferentes formas para contribuir al caos y a los escenarios propios para seguir chantajeando a papá y mamá gobierno.

Sólo tomemos una semana en la historia de Oaxaca, de esas en la que las manifestaciones están a la orden del día, donde individuos salen a las calles a defender sus intereses, toman calles, bloquean avenidas, le generan a todos afectaciones, porque no llegan temprano a sus trabajos, mismos cuyos patrones no toman en cuenta y además se les descuenta de su salario, con ello ya la manifestación de unos pega a todos; otro ejemplo, los mismos grupos sociales, pero con otro nombre, toman las calles para manifestarse “pacíficamente”, usted debe llegar a una cita médica que el seguro le programó hace dos meses y no puede faltar, pero ese día no llegó y ahora deberá esperar otros meses más, además que le regañan por no asistir, y así me puedo seguir con miles de ejemplos y todos van en función de que usted o yo, expongamos nuestros enojos y se crea otro problema social, que es el que los mismos grupos de siempre mantengan activo su movimiento y chantaje.

En las redes sociales se inundan de mensajes de ellos mismos, como si fuera la delincuencia organizada y nos enganchamos en sus corajes e intentamos manifestar los propios, que también tenemos por ese sentir de la falta de justicia y abonamos a que esto se vuelva más grande, convirtiéndose en un monstruo de miles de cabezas.

Sin embargo existen responsables de todos estos problemas, están los que de manera sistemática crean el caos para sacar de ahí tajada, los que hacen omisión a las leyes que rigen las conductas que todo un pueblo debe acatar y los que abonamos a los conflictos sin resolver nada, más que el señalamiento a todos de los errores que se cometen.

En primer lugar debemos señalar a los que crean el conflicto, a esos que ya viven de ellos y les ha dejado ganancias jugosas, prebendas y compromisos con los que ahora ostentan el poder de gobernar, esos parásitos de la sociedad, que ya encontraron su mina de oro y la seguirán explotando, hasta que… y aquí interviene el segundo responsable, el gobierno, que le ha faltado los cojones suficientes para aplicar la ley, esa que no debería estar de adorno, cuyo propósito es la justicia (aunque no lo parezca), es el equilibrio de las fuerzas, para poder convivir, esa ley que ha costado la sangre de muchos valientes que han luchado por ella, aplicarla, no hará que las cosas estén peor, al contrario, no aplicarla, ha hecho que las situaciones que vivimos nos mantengan maniatados y sin el sentido de la justicia y el tercer involucrado en esto somos todos los “ciudadanos a pie”, aquellos que manifestamos ideas vagas y abonamos al conflicto, por sentirnos afectados por esta forma absurda de vivir, sólo basta observar las ideas que circulan en la red, sobre los conflictos que tenemos todos los día, pocos son los que ofrecen verdaderas soluciones desde nuestras trincheras a los conflictos que se viven, casi siempre, escribimos o hablamos con la intención de dañar y no de ayudar.

Quizás porque aún no comprendemos, el concepto de lo justo, según Platón, el hombre puede reconocer lo que es justo y acceder a la idea de la justicia por reflexión, experiencia y razón. Para Platón, el individuo justo es aquel que usa su razón según la verdad, que tiene fortaleza y valentía y que actúa con moderación. Sin embargo, si es ignorante no puede salir de la oscuridad en que está sumergido por falta de conocimiento.
En el límite del mundo inteligible está la idea del Bien, que es difícil de percibir, pero una vez que se ha logrado se convierte en la causa de todo lo bello y perfecto del universo, y el que quiera ser sabio en esta vida no tiene que apartar los ojos de ella.

Un estado puede ser justo cuando está dirigido por personas sabias, porque la justicia se percibe con el entendimiento y no con los sentidos.
Muchos se atreven a decir, que la República de Platón es un verdadero tratado sobre la justicia. San Agustín hace una teología de la verdadera justicia no estrictamente tomada como tal sino como la posibilidad del amor de unos a otros y de la concordia de los intereses comunes de un pueblo que busca su fin temporal y que practica aunque imperfectamente la justicia, porque el hombre en este mundo no puede llegar a esa perfección.

Aristóteles entiende por ésta lo que es legal y lo que es justo y equitativo. La justicia universal coincide con la virtud y es casi equivalente a la obediencia de la ley. Del mismo modo sostiene que la justicia no es un medio como las otras virtudes sino como la virtud que produce el equilibrio entre el que posee demasiado y el que no posee demasiado. Aristóteles llama a la conciencia moral y a sus principios “razón práctica”.

Descartes, desde el racionalismo, nos dice que sólo existe el yo pensante y Dios. Que siendo seres creados, poseemos la capacidad de juzgar que procede de Él; y que si esta facultad es utilizada en forma correcta no cometeremos errores.

Para Kant, la justicia es una de las virtudes del hombre como parte de la conciencia moral que es la actividad espiritual humana más allá de la actividad del conocimiento. Los principios de la razón práctica, apelativo que utilizaba Aristóteles, son también principios racionales, aplicados a la práctica, a la acción, a la moral. Los calificativos morales sólo pueden adjudicarse al hombre. Las cosas no pueden ser buenas o malas, el único digno de ser bueno o malo, moral o inmoral, justo o injusto es el hombre.

No basta que una acción sea legal para que se aplique la justicia, porque si una persona actúa por miedo al castigo no es moral ni justa. Un hombre es moral y justo cuando hace lo que debe hacer obedeciendo a una Ley universal.

Twitter@g_vasquez