Yo de pronto sentí un tirón | El Imparcial de Oaxaca
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Opinión

¡Que conste.... los olvidados!

Yo de pronto sentí un tirón

 


YO de pronto sentí un tirón, un golpe bruto, un dolor, después nada, como que quería vivir o quería morir cuando al paso de los días, entendiendo un poco las cosas supe que ya no podría caminar bien, que la silla de ruedas era mi segundo hogar, mi casa, mis piernas, mi sustento, mi angustia, mi tragedia. No entiendes nada cuando solamente eres una víctima, el otro venía borracho, sin sentido, se estrelló cuando estaba yo en el alto, llegó de pronto y por fortuna venía solo, y por desgracia, no morí, solamente quede discapacitado, sin poder caminar, sin moverme de un lado al otro, sin poder jugar, sin caminar por los montes sacando a los perros o caminando al lado de mis hijos o saliendo a bailar con mi mujer, inmovilidad y tragedia llegan sin saber por qué. No sé si hay dios que castiga, pero creo que cuando menos hay dios que sabe la razón del por qué y sí, en vez de andar, ahora, estoy anclado escribiendo, algunas veces babosadas, otras denuncias, en algunas tragedias y en las más dolientes y perversas historias de la nada, del dolor, a lo mejor no conocí el dolor bien a bien, tampoco me mataron en el 68 en Tlatelolco, ni en el campo militar, ni el Lecumberri, ni en el exilio, ni en los montes, ni en las ciudades, ni en las calles, quisieron matarme con habladas y casi lo logran, pero aquí ando, en la silla de ruedas, en la muleta, en la andadera, cada paso duele como duele todo en la vida y así se va reconociendo lo que hay. A veces todo y a veces nada…

Y ahí está el gandaya, se estaciona en el lugar de la rampa y no se puede pasar, se estaciona en el lugar del discapacitado y el muy conchudo se va caminando a comprar las viandas y el jodido tiene que doblarse de dolor a cada paso y va encabronado, ni siquiera puede reclamar porque no tiene la fortaleza para pelear y es lógico que los gandayas que hacen esto son normalmente agresivos y ojetes y terminan insultando al que reclama: Pues yo no tengo la culpa de que estés tullido, reclámale a tu madre viejo pendejo… y se va, tan campante que ni siquiera tiene el valor para disculparse o bien para golpear y mostrar su odio y resentimiento… y uno aguanta, pues no hay de otra. Lo que hay, sin duda, son muchos ojetes que invaden y no respetan los sitios de los discapacitados.

Los políticos no caminan, andan en las camionetas y protegidos por sus guaruras y policías y no se dan cuenta de que las banquetas son un asco y que ni los viejos, ni los niños ni los discapacitados pueden andar por ellas sin estar en peligro de caídas y madrazos. Eso sí, muchos discursos, muchas recolectas para comprar sillas y muletas y dar muletazos para que vean que se hace algo. Hace unos años, Poncho y su mujer, se empeñaron en hacer las rampas en las esquinas de las calles y las banquetas y muchos reían por eso, y no veían lo que sufren los que no pueden andar con facilidad con sus piernas. No preguntan a los viejos, ni a los niños ni a las señoras de cómo se la pasan de jodidos en las calles y banquetas de la ciudad, y ya no digas en las colonias populares, donde ni pavimento existe ni calles adecuadas ni transporte público que garantice esa seguridad, en fin, si la gente normal se la pasa de perros, los jodidos las sufrimos más. Por eso no entiendo si Dios me castiga o simplemente me pone las pruebas para saber con cuánta resistencia me formó y con cuánto dolor camino o con cuánto dolor existo y ahí estoy, dando vueltas en la cama, sin encontrar el lugar ni el sitio de comodidad, todo duele y nada deja de doler, y la angustia, tengo jóvenes aún en la casa, ellos están que no saben aún que van a hacer, no se encuentran del todo, uno ni siquiera se pregunta dónde termina el tiempo porque para él no existe ya que no distingue que el día es para talachar y la noche para dormir, y la jovencita, dulce y brava, inteligente y valiente sabe para dónde quiere andar y espera que la podamos apoyar, y la angustia, los años están encima y el dolor para caminar es brutal, hay días que no aguanto y salen las lágrimas y tengo que llorar en la soledad, porque me siento muy infeliz de estar jodido, y todavía, tener que llorar… pero así es la vida y tal parece que las lágrimas salen para desaguar las penas, y los llantos, para darnos ánimos y continuar…

Y es muy frustrante saber que con teclear no se generan las conciencias ni se producen los dineros para mantenerme en pie y fuerte y digno y claro. Hay, eso de estar jodido y viejo no es muy sano, se duele uno por todo y se sacan los llantos por nada, y el silencio es el diálogo entre el teclear y la computadora y lo que va saliendo del corazón y de los recuerdos y las esperanzas. Cada día se van las palabras y se secan los recuerdos. Uno va por nada y va por todo, al final de los días cuando no hay mucho que perder se sabe que el valor de la vida y de la salud es la gran riqueza, y que en muchos días de la vida la perdimos buscando oro que no es ni felicidad, que no aparece. Todo está en uno, eso que ni qué. Y a propósito dejo la andadera en el piso de abajo, me obligo a caminar y dar pasos, con dolor, con mucho dolor físico y del alma, y a veces quisiera uno dejar todo y dejarse ir hacia la nada y uno espera a que se pasen las horas y no hay muchas fuerzas para continuar, y solamente estoy tecleando, saliendo lo que nace y escribiéndolo, así como van, como tal, como sale, y entonces me recuerdo lo de aquella viejita que llegará a dar toda su riqueza: En una caja las nueces que dan fuerza al cuerpo y la estampita que da fuerza al alma, y es como mi ángel de la esperanza y me paro y camino y dejo de pensar en el dolor solo en que tengo que salir para poder apoyar a esos jóvenes que ahí están, uno de noche y la otra tratando de descubrir dónde está el origen de la vida y la razón del Universo, y me acuerdo de mi ángel de las nueces y lloro, pero quiero, amo, recuerdo… y dejo el dolor a un lado. Hay nueces para dar la fuerza al cuerpo y la estampita para dar el valor al alma… y aquí voy, caminando como chencha…