La Guelaguetza, ¿exclusión vigente? | El Imparcial de Oaxaca
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La Guelaguetza, ¿exclusión vigente?

 


Comenzó julio y para Oaxaca surge la esperanza de que venga turismo y que la derrama económica sea estrepitosa, por motivo de las festividades de este mes, “Mes de la Guelaguetza”.

La fiesta más importante para los oaxaqueños es ésta, a pesar de que su origen no es tan antiguo, ni de origen prehispánico como muchas personas creen, ya que en 1932 con motivo del 400 aniversario de elevación a Ciudad de la Villa de Antequera realizaron el Homenaje Racial, impulsado por intelectuales de la época, mismo que se llevó a cabo en abril de ese año.

El Homenaje Racial cambió de nombre en 1934 a Lunes del Cerro, Fiesta de Ensueño, Luz, Tradición y Leyenda y a partir de 1950 se llamó Guelaguetza.
Desde el inicio se crearon estereotipos de los oaxaqueños y cito el libro “Oaxaca, 1932” realizado por el Ayuntamiento de Oaxaca de Juárez, en donde recompilan datos sobre esta fiesta por la que desfilaron: “los jamás conquistados mixes y su sed de cultura; los zapotecos serranos…. simbolizando la redención del indio zapoteca; la Mixteca y la Cañada como las regiones de ‘más personalidad étnica’ y el Istmo como ‘nuestro oriente misterioso’: una superación de Arabia y Estambul”.

Pero era normal ya que la celebración fue planeada y organizada por la población mestiza que desconocía los elementos de la cultura de los pueblos indígenas, mismos por los que se está luchando por preservar con investigaciones y el rescate de las lenguas maternas.

Quizá uno de los puntos a resaltar sea quendesde su conformación se excluyera a la población indígena, ya que los participantes fueron mestizos y los bailes que ahora vemos, fueron creados en los años siguientes, o sea que la exclusión y discriminación en estas fiestas siempre ha existido.

Los bailes que se presentaron fueron creados, no son de origen prehispánico como manejan algunas personas, tampoco había Diosa Centéotl, lo que sí había eran denominadas embajadoras; en 1932 hubo fue un certamen de belleza, siendo la ganadora Margarita Santaella, “Señorita Oaxaca”, que por cierto no representaba literalmente a la mujer indígena.

Hasta 1969 se organizó por primera vez el certamen Diosa Centéotl, ganando Dora Rodríguez Baños, mismo que ha sido criticado por considerarlo un concurso de belleza.

Por otro lado, actualmente, el Comité de Autenticidad determina que tan “auténtico” es el bailable que realizan las delegaciones, aunque muchas sean excluidas, para las funciones de la Guelaguetza.

En el 2006 se tuvieron que buscar más lugares para representar la Máxima Fiesta de los Oaxaqueños, por motivos de la APPO, y actualmente se puede disfrutar de este espectáculo, aclaro que muchos municipios realizan desde hace muchos años esta celebración, pero aquí en Valles se puede acudir a Santa María Atzompa; Reyes, Etla; San Antonino Castillo Velasco, Zaachila, Santa Cruz Mixtepec y Mitla, entre otros, además de que en las regiones como en la Costa en la Villa de Tututepec hacen una representación de la Guelaguetza. Dando así la oportunidad a locales y visitantes de ver este ejemplar evento, que es reconocido internacionalmente en diversos escenarios.

Durante algún tiempo el Comité de Autenticidad fue criticado también porque se les acusó de desconocimiento de las tradiciones y que era viciada su decisión, a causa de que algunos de sus miembros no fueran oaxaqueños o que no pertenecieran a los diferentes grupos indígenas; en el 2016, el Congreso del Estado realizó diversas reformas a la Ley de Desarrollo Cultural del Estado por lo que el comité contaría con integrantes pertenecientes a las distintas etnias de la entidad.

Sin importar que fuera creada para establecer la identidad estatal como respuesta a la política nacionalista de la época, la Guelaguetza es parte de nuestra cultura actual, intangible y magnífica, pero hay que reconocer: no todas las delegaciones tienen la oportunidad de presentarse (como es el caso de los pueblos afromexicanos de la Costa) en el Auditorio Guelaguetza, ya que es el Comité de Autenticidad el cual elige quiénes participarán en los dos Lunes del Cerro, en sus cuatro presentaciones. Por lo que podríamos llamar a eso un toque de exclusión o de racismo, algo que siempre ha caracterizado este evento.