2 de octubre: 50 años | El Imparcial de Oaxaca
Oaxaca
La Capital Los Municipios
El Imparcial del Istmo El Imparcial de la Costa El Imparcial de la Cuenca
Nacional Internacional Súper Deportivo Especiales Economía Estilo Arte y Cultura En Escena Salud Ecología Ciencia Tecnología Viral Policiaca Opinión

Opinión

Editorial

2 de octubre: 50 años

 


Hoy es un día de gran trascendencia en la historia del México contemporáneo: se cumplen cincuenta años de que el movimiento estudiantil fuera reprimido en la Ciudad de México, por parte de las fuerzas del Estado. Dicho acontecimiento marcó profundamente al pueblo mexicano y sentó un precedente que no debe repetirse. Cientos y cientos de jóvenes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), del Instituto Politécnico Nacional (IPN) y de otras instituciones, fueron muertos, heridos, desaparecidos o encarcelados por participar activamente en manifestaciones públicas, que exigían al gobierno, mejorar la calidad de la educación, la calidad de vida de la población, democracia y ser escuchados. La respuesta del gobierno fue brutal: la entrada del Ejército a las instalaciones universitarias y las brutales persecuciones pusieron a México a los ojos del mundo, como un país en el que la inconformidad social de apagaba con sangre. La historia registra a varios personajes como responsables de la sangrienta represión: Gustavo Díaz Ordaz, presidente de la República; el General Marcelino García Barragán, Secretario de la Defensa Nacional; Luis Echeverría Álvarez, Secretario de Gobernación; Luis Gutiérrez Oropeza, Jefe del Estado Mayor Presidencial y Alfonso Corona del Rosal, Jefe del Departamento del Distrito Federal, entre otros.

Sin embargo, es importante subrayar que dicha efeméride se ha convertido en justificación para actos fuera de la ley y el vandalismo pernicioso. Tanto en la ciudad de México como en Oaxaca, grupos de jóvenes de los denominados anarco-punks hacen de las suyas. Agreden a la ciudadanía, a la policía, destruyen negocios, vehículos, etc., en un afán provocador. Recurren a este método sin saber a ciencia cierta la esencia de aquel movimiento y su filosofía; las causas justas a que aspiraron los jóvenes que fueron asesinados o desaparecidos; las aspiraciones de un pueblo mejor, a que le apostaron muchos más que padecieron las mazmorras en la prisión de Lecumberri o aquellos que, como la historia registró posteriormente, eran tan rebeldes que fueron arrojados a mar. Las fuentes de información tanto militares como civiles que fueron apareciendo durante este medio siglo, da cuenta de las atrocidades que se cometieron para silenciar el movimiento estudiantil y todo lo que vino detrás. La lectura de este episodio vergonzoso es que jamás debe repetirse.

El mito indígena

Si hay algo que en Oaxaca se ha explotado a pasto es el mito indígena. Quien se inviste con la aureola de algún grupo étnico tiene la certeza de que las puertas se le abrirán. Es el caso de un conocido explotador de dicho mito que por supuesto no es indígena, pero que ha lucrado a placer con el argumento de los pueblos originarios y los del color de la tierra. Se trata de Manuel Pérez Morales, franquicitario del Partido Socialdemócrata de Oaxaca (PSDO) que, con dicho argumento, logró que dicho partido –o más bien membrete- pudiera burlar la prohibición de no haber obtenido el mínimo porcentaje de votos para evitar su extinción. Vale la pena destapar un poco de las trapacerías de dicho personaje. Hace al menos diez años formó una organización, denominada “Organismo Insurgente José María Morelos”. Dicho membrete devino poco después una organización denominada “Shuta Yoma”, cuyo significado pocos conocen, pero con ese argumento busco devenir partido político.

En su propósito de inscribirse como tal, obtuvo un rechazo del entonces Instituto Estatal Electoral (IEE), pero buscó el apoyo del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federal (TEPJF). En sentencia, éste órgano jurisdiccional ordenó registrarlo como Partido Socialdemócrata de Oaxaca (PSDO). Desde ese momento, dicho membrete ha servido sólo para que este sujeto y su esposa, María Guadalupe Murillo se beneficien de las candidaturas y pervivan de las mismas. En el pasado proceso electoral, el PSDO obtuvo menos del porcentaje que exige la ley para los partidos contendientes. A raíz de ello, el Consejo General del Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana (IEEPCO), ordenó su extinción. Pues no. De nueva cuenta el argumento de lo indígena se impone y dicho partido –o membrete- de nueva cuenta y contra derecho, sigue prevaleciendo como partido político, en un momento en que el país está volviendo al esquema de partido único. Esta situación llama la atención, pues en el mismo papel estuvo asimismo, el Partido de Mujeres Revolucionarias (PMR), que tampoco alcanzó el mínimo de votos para continuar en el entorno electoral. No obstante, nos hemos percatado de que hay eventos publicitarios que advierten que dicho partido continúa tal cual. Que alguien nos explique lo que está pasando. Lo que sí es cierto, es que el mito indígena sigue sorprendiendo a los mismos magistrados del órgano federal para que el PSDO al menos, siga como patrimonio de una sola persona y familia.