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Editorial

Mixtepec, Quiechapa… ¿y la ley?

 


No es un secreto que en los últimos meses se han cometido en la entidad crímenes que han generado indignación no sólo en el estado, sino inclusive a nivel nacional y sin duda, la inquisición de organismos internacionales.

El abanico de hechos criminales es amplio. Sólo en lo que va del año los homicidios dolosos se cuentan por cientos. Las ejecuciones en regiones como la Cuenca, la Costa, el Istmo y los Valles Centrales, no son ajenas a esta estadística criminal.

Es impresionante la cantidad de asesinatos y lo escalofriante de los mismos, cuando tienen el sello indiscutible del crimen organizado, como ha ocurrido en la zona de Tuxtepec.

Los feminicidios se han contabilizado sólo en lo que va del año, en más de sesenta casos. Sin embargo, hay hechos que por sí mismos muestran que más allá del perfil criminal, hay un trasfondo: las viejas rencillas que prevalecen en algunas comunidades del estado, que han velado armas durante décadas o posiblemente, por siglos. Un ejemplo es el de Santo Domingo Yosoñama y San Juan Mixtepec, en la Mixteca oaxaqueña. Hace años fue el secuestro de vecinos de la segunda comunidad por parte de pistoleros de la primera, quienes los mantuvieron en la cárcel municipal, hacinados, privados ilegalmente de la libertad, sin asearse y sin alimentos, cerca de tres meses.

?Hubo entonces algún acto de autoridad -los hechos se dieron durante el gobierno de Ulises Ruiz- para castigar a los que violentaron la ley? No. Se les instaló una aberrante “mesa de diálogo”. Hay una organización en esa zona, a la que pertenecen los agresores de Yosoñama y es “Antorcha Campesina”. Han sido sus dirigentes los que en lugar de atenuar el odio soterrado que subyace en dicha comunidad en contra de sus vecinos, han procurado exacerbarlo. El ejemplo se dio hace al menos un mes, cuando un grupo armado, presuntamente de Yosoñama emboscó una camioneta en la que viajaban a Tlaxiaco, cinco mujeres originarias de Mixtepec. No solamente las asesinaron sino que incineraron el vehículo con los cadáveres adentro.

Hace poco más de un mes, sicarios de la agencia de Santiago Lachivía, emboscaron con armas de alto poder a sus vecinos de San Pedro Mártir Quiechapa. El resultado fue de cinco muertos, sin que a la fecha se sepa de órdenes de aprehensión ni, mucho menos, que los criminales que asesinaron a mansalva a sus vecinos, hayan tenido castigo. Y así como estos casos, hay muchos más en donde la impunidad simplemente campea.

¿Fiscalías o entes burocráticos?

Hace poco más de tres semanas, la LXIII Legislatura del Estado designó, luego de recibir de parte del ejecutivo estatal, Alejandro Murat, la terna de prospectos que acudieron a registrarse para la Fiscalía Especial de Combate a la Corrupción y su similar para Delitos Electorales. Ambas forman parte de la armonización de las leyes locales con la nacional, cuyo término constitucional vencía justamente por esa fecha.

Luego de validar la terna propuesta por el ejecutivo, los y las legisladoras designaron y tomaron protesta a Jorge Emilio Iruegas Álvarez, como Fiscal para el Combate a la Corrupción y Esther Araceli Pinelo López, como Fiscal para Delitos Electorales. Algunas voces representadas en dicho en la Legislatura demandaron de los nuevos fiscales, responsabilidad y compromiso con las causas y demandas de los oaxaqueños. Es decir, hacer valer el voto de confianza que les brindaron los representantes populares para aplicar la ley vigente en las materias, sin vacilaciones ni dudas. Y hay razón en ello. Se han creado órganos en apariencia autónomos que más tarde que temprano han resultado un fiasco. Se echan las campanas al vuelo para festejar las designaciones para que los titulares simplemente se duerman en sus laureles sin responder a las exigencias ciudadanas.

Nos referimos por ejemplo al caso de la corrupción, que ha permitido que unos cuantos malos servidores públicos, hayan saqueado por completo los magros recursos estatales. Y no solamente en la pasada administración sino incluso antes. Los responsables de haberse llevado miles de millones de pesos, gozan de cabal salud y disfrutando de viajes, excentricidades y demás el dinero mal habido, sin que el larguísimo brazo de la justicia los haya alcanzado de veras.

Lo que hemos vivido en los últimos años requiere del nuevo Fiscal Anticorrupción, compromiso y trabajo sistemático, no solamente la pose de los méritos académicos o laborales. Oaxaca es una entidad con problemas graves de corrupción, pero más aún de impunidad. Por tanto, en breve veremos si el nuevo servidor público es capaz de enfrentar ese mal que durante décadas ha corroído la vida institucional de México y de Oaxaca, ha respondido a las expectativas ciudadanas o si, simplemente, ha sido condescendiente con esas prácticas perniciosas. La moneda pues está en el aire. Los vicios electorales, tampoco son cosa menor en este atomizado mundo de municipios.