Espionaje y baños de pureza | El Imparcial de Oaxaca
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Espionaje y baños de pureza

 


El espionaje es una práctica antigua y universal. Sin espionaje no se ganarían guerras ni se obtendrían secretos militares. Puede decirse que hasta permite el equilibrio de fuerzas: la Unión Soviética de Stalin en tiempos de posguerra obtuvo gracias al espionaje la fórmula de la bomba atómica americana. Los aliados ganaron la Segunda Guerra Mundial por el espionaje y el contraespionaje; el Almirante Canaris, jefe de ese servicio en Alemania Nazi proporcionó información vital y estratégica al bando enemigo.

Rusos y gringos se intercambian espías de tiempo en tiempo, a quienes mantienen temporalmente en prisión. Pero los casos de espionaje a favor del enemigo por un nacional se considera traición a la patria y se condena con la muerte en la mayor parte de los países donde esa pena está vigente.
Edward Snowden se hizo famoso por revelar secretos de espionaje de la CIA y vive exiliado en Rusia. Richard Nixon cayó del poder por el caso Watergate, espiar a sus opositores y es unos de los affaires de espionaje más sonados en la historia, como lo fueron los Rosenberg en la época del macartismo, acusados y ejecutados injustamente por señalárseles como espías. Hasta nuestros días es famosa Mata-Hari, la bella bailarina espía, acusada por los franceses de ser agente al servicio de Alemania en la Primera Guerra Mundial.

Con avidez vemos películas y series de espionaje y las novelas sobre el tema son abundantes y nos hacían desvelar de emoción en ocasiones de su interesante lectura. IanFlemming creó a un inmortal Agente 007 que el cine convirtió en leyenda viva desde hace más de cincuenta años, Bond es un súper espía al servicio de su Majestad y del MI6 londinense.

Pero si la guerra es la prolongación de la política por otros medios (como dicen que dijo Clausewitz), en política el espionaje es inherente a esa actividad tan desprestigiada por los políticos mismos, que se dedican como adicción a espiarse mutuamente; y no sólo espían a sus adversarios de bando, sino a sus propios correligionarios con los fines más aviesos y con la perversidad que priva en esa calaña.

Hoy en día en México se está dando de manera un tanto morbosa un caso de presunto espionaje a comunicadores y a activistas de derechos humanos. Las buenas conciencias se escandalizan de que el gobierno federal haya adquirido el famoso software “Pegasus”, asunto conocido por un reportaje del famoso diario The New York Times (del cual es socio Carlos Slim, por cierto y afecta a una periodista muy cercana a este magnate: la que reveló la “casa blanca” de la señora Peña), como si fuera novedad o inusitado que un gobierno posea equipos de escucha, como los tienen todos los gobiernos del mundo y los gobiernos de estados y hasta de municipios grandes en México.

La producción y venta de equipos de espionaje se realiza por empresas de muy alta tecnología y sólo se venden a gobiernos, aunque hay un activo mercado negro paralelo.

El reportero Azam Ahmed, de ese periódico, en entrevista radiofónica con Loret de Mola, confesó que no tiene pruebas de sus dichos en la extensa nota, pero como ocurre en toda especie o “borrego”, se da por cierto a pie juntillas y ha dado lugar a que se victimicen más de tres, se bañen en pureza y con ello adquieren publicidad añadida.

El presidente Peña Nieto, como tanto le ocurre, hizo unas malogradas declaraciones que fueron interpretadas de inmediato como amenazas. No defendemos en Hoja por Hoja a políticos y hombres del poder, pero en esta circunstancia la torpeza oficial (que empieza por Osorio Chong) provocó el dislate y ha hecho que tengamos un gobierno vulnerable, una diplomacia ramplona (derrotada en la OEA por el caso Maduro), un sistema de seguridad inservible, una instancia de espionaje frágil (CISEN) y un equipo de gobierno ineficiente. El espionaje oficial fue detectado mediante espionaje también. Los periodistas y comunicadores también espían y tienen informantes. No nos extrañe, esto es un simple caso de “espiaos los unos a los otros”.