Afrenta a los derechos civiles | El Imparcial de Oaxaca
Oaxaca
La Capital Los Municipios
El Imparcial del Istmo El Imparcial de la Costa El Imparcial de la Cuenca
Nacional Internacional Súper Deportivo Especiales Economía Estilo Arte y Cultura En Escena Salud Ecología Ciencia Tecnología Viral Policiaca Opinión

Opinión

Editorial

Afrenta a los derechos civiles

 


Es admirable que las comisiones y defensorías que dicen proteger y salvaguardar los derechos humanos hagan mutis ante en las constantes agresiones a los derechos civiles por parte de maestros de la Sección 22, su matriz la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), así como organizaciones sociales de toda laya y oportunismo, en el montaje de bloqueos carreteros y afrentas a la ciudadanía. Estamos ciertos de que, al menos al magisterio beligerante y pseudo-democrático, jamás le faltará un pretexto.

Fechas, efemérides y conmemoraciones luctuosas o de remembranza a “sus mártires”, siempre las habrá, como es el caso del 14 de junio -día del fallido desalojo en 2006-; el 19 de junio -los hechos de Nochixtlán en 2016- o la falsa “batalla de Todos Santos” -el 2 de noviembre de 2006-, al igual que la derrota del famoso movimiento social y político de hace once años. Es decir, por motivo no paramos. Pero ello se ha transformado en una constante agresión a automovilistas, pasajeros, transportistas y demás, que a la fecha, han guardado prudencia en no responder de manera violenta ante estos abiertos ataques a las vías de comunicación, a los que prácticamente se ha acostumbrado el Estado.

La semana pasada, desde el viernes 16 de junio hasta el lunes 19, los accesos carreteros a la capital oaxaqueña estuvieron bloqueados por grupúsculos de mentores. No digamos la súper carretera Oaxaca-Cuacnopalan, a la altura de Asunción Nochixtlán. Días antes, los grupos de vividores y asaltantes que se escudan en la lucha social, estuvieron atracando en la caseta de Suchixtlahuaca, sin que autoridad alguna evitara la comisión de este ilícito.

Ello implica que detrás de una lucha que sus dirigentes asumen como genuina, se esconden delincuentes que aprovechando el viaje roban, asaltan, secuestran vehículos utilitarios y saquean. La sociedad observa no sólo la ceguera premeditada y burda de los organismos de derechos humanos sino la apatía del gobierno para restituir el principio de autoridad.

En nada difieren los normalistas atracando en las casetas de cobro o los maestros cobrando en los bloqueos carreteros a los automovilistas, que los huachicoleros que ordeñan los ductos de Petróleos Mexicanos, con el pueril argumento de que sólo expropian. Lo que ha ofendido al pueblo de México y particularmente a los oaxaqueños es la impunidad, que se vuelca con agresiones y ofensas sobre la población inerme e indefensa.

Los vividores de siempre

Como si se tratara de un sueño guajiro y pretendiera revivir la gloria perdida de un movimiento fracasado, como fue el del 2006, de nueva cuenta apareció en el escenario el miércoles por la mañana, el “líder social” -así se les llama ahora a los mercenarios que trabajan por la paga- Flavio Sosa Villavicencio, conocido con el mote de “El Demonio de Tasmania”, a la cabeza de un reducido grupo de supuestos comuneros de San Raymundo Jalpan, seguidores del derrotado candidato a la alcaldía de dicha comunidad, Olegario Luis Benítez.

Lo cierto es que -dicen algunas fuentes confiables- los participantes en el cierre de los accesos al edificio legislativo y la puerta principal de la Universidad Anáhuac, eran sólo miembros de la organización denominada COMUNA, franquicia de Flavio Sosa. No se sabe si la ignorancia de este sujeto es tal que no entiende cuando un asunto es “cosa juzgada”, como es el caso del diferendo por la presidencia municipal de Jalpan o si, experto como es en chantaje y presión, trata de torcer la ley, para que algunos de los seguidores de Olegario -trabajador del Monte de Piedad- ocupen algunos cargos de elección popular, que no obtuvieron por la vía de las urnas y que ahora con presiones, bloqueos, amagos y amenazas pretender ocupar.

Oportunistas, falsos redentores sociales y vividores del chantaje, como Flavio Sosa, su cómplice César Mateos y otros de su calaña, son ampliamente conocidos en Oaxaca. Ya no engañan a nadie. Sorprender incautos, con demagogia y veleidades, para negociar por atrás de la puerta a cambio de jugosos sobornos, ha sido su vida. Por ello se han incrustado en ciertos organismos públicos, en donde tienen sus alfiles. Sus maniobras siempre han sido oscuras, pues lo mismo dicen actuar con limpieza que caminan al filo de la ley.

Hay que recordar hace al menos un par de años, cuando dos cercanos a Sosa fueron ejecutados a la salida de un bar de Santa Lucía del Camino, cuando viajaban a bordo de una unidad asignada a la Defensoría de los Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca (DDHPO). Nadie supo de la orientación de las investigaciones. En el trasfondo se ventiló el tema del narcotráfico y algunas voces etiquetaron a Flavio en el asunto. No se requiere ser un experto en seguridad para saber que durante el movimiento de 2006 y los más de seis meses que duró u aún en el 2017, el narcotráfico y los grupos criminales ocuparon la plaza en Oaxaca.