De 1984 a 2018: Hermanote o hermanastro | El Imparcial de Oaxaca
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De 1984 a 2018: Hermanote o hermanastro

 


Entre 1947 y 1949 Eric Arthur Blair escribió una famosa novela de anticipación (futurista o de “ficción distópica”): 1984 (o Mil-novecientos-ochenta-y-cuatro) que describe lo que en la mente de Blair hubiera sido el mundo 35 años después de la publicación. Pero a diferencia de Un mundo feliz, de AldousHuxley, el entorno social de 1984 se da en condiciones de una gran devastación económica y social: pobreza, hacinamiento, escasez de alimentos y medicinas, guerra permanente, analfabetismo y otras desgracias. Lo que muchos malos intérpretes de la obra hacen destacar es al Hermanote o Hermano Mayor (Big Brother, que no Gran Hermano, porque es grandote, pero no grandioso), un vigilante permanente de la autoridad que observa toda conducta de los habitantes.

Bradbury o Burgess imaginaron también mundos futuristas, que como Huxley concluyen en sociedades vencidas al final por el retorno a los viejos principios y a la moral pública, es decir, las humanidades del futuro vivirán en un mundo de confort y alta tecnología, la reproducción humana se dará por manipulación genética y las clases sociales se clonarán y clasificarán por capacidades intelectuales y manuales, seres humanos transgénicos e intelectualmente dotados según un destino inexorable.

En la novela de Blair (George Orwell, su pseudónimo, para que no me reclamen), hombres y mujeres mantienen sus características intelectuales intactas, pero no hay una gran evolución científica o técnica, salvo unas modestas telepantallas y la figura escrutadora del Hermanote que puede entenderse puramente ficticio, como instrumento de terror mental.

Orwell-Blair, alcanzó en cambio a observar regímenes políticos como el comunismo en la Rusia Soviética o las intransigencias e intolerancias de las izquierdas españolas en la Guerra Civil 1936-1939. La importante de su famosa novela es que predice lo que ocurriría en gobiernos controlados por partidos únicos, intolerantes, dictatoriales, represivos, intransigentes pero con verdaderos fracasos financieros y económicos, simulados con información estadística falsa; personas perseguidas por sus ideas y en consecuencia destinadas a la desaparición permanente; guerra constante para generar sentimientos de unidad nacional, frenesí de patriotismo y endovilgilancia`, o sea niños espiando y denunciado a los padres y por ello no hacen suprimir a las familias.

Tal pareciera que el fin de la Unión Soviética y sus satélites socialistas de Europa, llegaron a conocer, hacer 30 años, los peligros del Big Brother y por ellos regresaron a sus viejos valores cuya destrucción había iniciado en 1917, pero que ahora hasta han reivindicado a los Romanov al grado de canonizar a la familia real brutalmente asesinada.

Pero quedaron Cuba y Corea del Norte. Una reproduce las malas condiciones de vida narradas por Orwell casi con precisión; la otra reproduce el principio del ultranacionalismo agresivo y la guerra, como reafirmación de lealtades al jefe de Estado y verdadero soberano. Fidel-Raúl Castro y Kim Jong-un, han jugado el papel indisoluble de dueños de los destinos de cubanos y norcoreanos, de brutales Hermanotes que son el azote de los menores e ínfimos, como consideran a sus pueblos.

La novela 1984 materializada en los regímenes totalitarios germinó en Venezuela, que cosecha las maldades de los Hermanotes tiránicos Chávez y Maduro. Nuestro país, México, sin preparación política, sin educación cívica, con propensión crear reservaciones indígenas multilingües y a la expansión de la pobreza rural y la delincuencia urbana, que ha sustituido el soma de la era Fordiana por las drogas, afrontará en 2018 el reto orwelliano: un pretendido Big Brother que dice luchar contra la “mafia en el poder”, quiere tomar el lugar de ésta y constituirse en hermanastro y verdugo que decapitará a una sociedad frágil, desorganizada, desorientada: estará en su medio: el estercolero de la corrupción. Leer a Orwell puede prevenirnos de un orate.