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“Un Estado de derecho, es un modelo de orden para un país, por lo cual éste se rige por un sistema de leyes escritas e instituciones, ordenado en torno de una constitución, la cual es el fundamento jurídico de las autoridades y funcionarios, que se someten a las normas de esta”. El Estado moderno es un acuerdo en el que los ciudadanos se comprometen a respetar las leyes e instituciones; y las autoridades se comprometen a procurar la seguridad, la libertad, el bienestar, la propiedad privada, haciendo cumplir la ley. En otras palabras, el Estado de derecho, es el “acuerdo”, fundamentado en la confianza de que cada parte cumplirá con sus compromisos. De esta manera, los ciudadanos autorizan al Estado a ejercer el uso de la fuerza, para que se cumpla el acuerdo.
El Estado moderno, encuentra sus más remotos orígenes con la invasión europea al continente Abyanáhuac en 1492, con el que se inició la construcción del “nuevo orden mundial”. El colonialismo, la modernidad, el capitalismo y el eurocentrismo, nacen con el despojo de la riqueza del Anáhuac y el Tawantinsuyu. En 1776, con el surgimiento del primer país del mundo, E.U., los dueños del dinero empiezan con la destrucción del “viejo orden”. Después siguió el financiamiento de la revuelta de París, pomposamente llamada por los mercaderes y su “historia oficial universal”, La Revolución francesa, y de ahí, empezaron a caer las monarquías como piezas de dominó, primero en Europa, y después en el resto del “mundo libre”. El nuevo orden mundial impuesto y diseñado por los dueños del dinero y su “democracia representativa” comenzó con “la moderna adoración del becerro de oro”. Lo demás es historia.

En 1821, los criollos y los gachupines deciden hacer la paz y crear “su país de ellos y para ellos”, excluyendo, por supuesto, a los pueblos anahuacas y su milenaria cultura. Es decir, crean un país sin pueblo. En 1828 los criollos traicionan a los gachupines y los expulsan de “su país”. Se dividen en dos bandos: conservadores y liberales, iniciando una lucha fratricida hasta nuestros días. Los criollos recibieron un territorio que comenzaba en la frontera de lo que hoy es Canadá, abarcaba las islas del Caribe, la costa del Golfo de México hasta Florida y llegaba hasta lo que hoy es Panamá.

La historia criolla del país, mal llamado “México”, porque no todos somos mexicas, comienza “mal y de malas”. Han ido perdiendo dos terceras partes del territorio heredado del Virreinato, hasta llegar a la soberanía política, alimentaria, energética, financiera, etc. Son tan ineptos e incapaces los criollos, que tuvieron que ser un anahuaca zapoteco y un mestizo, los que “construyeron el país”, que ellos no pudieron hacer. Juárez y Díaz serán los verdaderos “constructores” del nuevo país. Los criollos siempre han sido dominados por los extranjeros, a quienes admiran y temen, solo que unos ven hacia Europa y otros a E.U. Los vecinos del Norte, desde el embajador Poinsett hasta Trumph, han manejado con desprecio a los criollos bajo el liderazgo Washington y Walt Street.
A partir de la creación del PRI y el modelo de la economía mixta, el país fue creciendo bajo la dirección de una “dictadura perfecta”, de corte nacionalista y popular. Para entender nuestra situación debemos de tener en cuenta que las tierras del Anáhuac han sido muy ricas y que, durante los últimos cinco siglos, se han expoliado y pareciera que su riqueza nunca termina de agotarse, además de contar con un pueblo que milenariamente es muy trabajador y educado.

El punto de quiebre fue la implantación, por órdenes del gran capital, del modelo neoliberal. A partir de Salinas, los hombres en el poder, educados en el extranjero con la ideología gringa, y al servicio de E.U. y sus poderosas empresas, empezaron a destruir el país. Primero políticamente, después empezaron a desmantelar al Estado, y se repartieron el botín, creando un estado de confusión e inestabilidad. Fueron, sistemáticamente, destruyendo y boicoteando las fortalezas de la nación, desde las morales hasta las materiales. La corrupción y la impunidad fueron el “aceite y el combustible” de esta acción depredadora.

De Fox a nuestros días, la clase política y la clase poderosa económicamente “se desfondaron”. La rapiña y la destrucción del país se ha convertido en un frenesí, México es manejado como un negocio de unos cuantos. El Estado de derecho dejó de existir y se volvió a “la ley de la selva”. No se respetan las leyes, las instituciones se han corrompido. La poderosa clase política y empresarial han lesionado gravemente al país, al pueblo y a las instituciones. En México, en estos momentos, desde los más altos niveles hasta los municipios, no se respeta la ley, se roba descarada y cínicamente, el país está infartado y está totalmente infectado de corrupción e impunidad. Por supuesto, que no son ni todos los políticos ni todos los empresarios, eso es lo que nos da esperanza. Este país tendrá que dar una de las batallas más importantes de su historia. Pero, esta batalla, la tiene que dar el pueblo con el pueblo. O vuelve el Estado de derecho, la honorabilidad, el respeto y la responsabilidad histórica, o se pierde para siempre este país, llamado México. Visite www.toltecayotl.org