Administraciones obesas Corrupción internacional | El Imparcial de Oaxaca
Oaxaca
La Capital Los Municipios
El Imparcial del Istmo El Imparcial de la Costa El Imparcial de la Cuenca
Nacional Internacional Súper Deportivo Especiales Economía Estilo Arte y Cultura En Escena Salud Ecología Ciencia Tecnología Viral Policiaca Opinión

Opinión

Debates y Deslindes

Administraciones obesas Corrupción internacional

 


En los países pobres donde no existen industrias, empresas agrícolas o comerciales que ofrezcan trabajos bien remunerados a la población, el estado suple esa función con las obras públicas y empleos. La administración se convierte en bolsas de trabajo que mitigan el problema del desempleo y permiten distribuir dinero.

A partir de la Revolución Mexicana el estado mexicano tuvo que asumir el papel de promotor del desarrollo, exentó de impuestos a las industrias, obsequió terrenos, adecuo sus escuelas para crear carreras productivas que encabezaran las tareas de las nuevas industrias y formó una burocracia que promoviera ese modelo.

Lo que se necesitaba en esos momentos era producir, distribuir y que la población tuviera dinero para que esta pudiera consumir y hacer crer las economías regionales.

Así funcionamos con un estado benefactor hasta 1970, cuando don José López Portillo declaró que su gobierno sería el último de la Revolución. Meses después entraron los neoliberales y la función del estado tuvo otras dimensiones, que fueron las de cuidar a los grandes industrias, al gran capital, a los medios de comunicación y esperar que se cumpliera la oferta que hizo la política neoliberal desde el siglo XVIII, primero crear riqueza y esta se distribuirá paulatinamente. No paso así. Los ricos se hicieron muy ricos y los pobres aumentaron geométricamente.

Los estados de la república tuvieron un desigual desarrollo económico, tanto en lo económico, en lo educativo como en lo adminsitrativo.

Las administraciones públicas, en algunos casos, crecieron en forma desproporcionada, otras limitaron el crecimiento de este sector, porque otros grupos crearon empleos para emplear la mano de obra que crecía a un 3 por ciento anualmente. Ese fue el caso del Estado de Coahuila donde se instalaron las plantas armadora de General Motors, la Jepp, la siderúrgica Altos Hornos y cientos de industrias alimentadoras de estas grandes industrias, o el Estado de Aguascalientes donde se instalaron las oficinas públicas del INEGI, la instalación de la automotriz Nissan y se incrementó y mejoró la agricultura. Lo mismo ocurrió en Querétaro y en la zona del Bajío se crearon condiciones y facilidades para instalar industrias y una agricultura mecanizada; la zona era rica en minerales, desde la colonia exportaban plata y oro y la gente tenía como religión el trabajo, de esa manera se fueron desarrollando en forma acelerada esos estados.

No ocurrió lo mismo en Oaxaca, Chiapas, Yucatán, Tabasco. El proceso de industrialización no llegó y en algunas áreas el desarrollo de la agricultura, la pesca, fue lento e ineficiente. No se crearon distritos de riego, ni cooperativas que funcionaran. Aquí en Etla se puso un parque industrial y se empezaron a armar bicicletas. Al poco tiempo desaparecieron porque los vecinos querían una utilidad de esas empresas sin tener ningún derecho. Junto a esos problemas creció una burocracia ineficiente y corrupta. En esa condiciones las administraciones públicas se hicieron numerosas, obesas, improductivas, se crearon empleos sin ninguna función, ni tarea específica, la negociación de esas plazas cayó en manos de líderes corruptos y los gobernadores con tal de llevar la fiesta en paz, permitieron que el aparato de la administración pública creciera en forma geométrica.
Cuando estos empleos que crea el gobierno se van a la obra pública, a la mejora continua, a actividades productivas y sirvan a procesos de producción, finalmente ayudan a la economía. Cuando se emplea mano de obra en tareas ociosas, no productivas el resultado es catastrófico, porque en el corto plazo se colapsa la economía del sector público y de la entidad.

Esto nos ocurrió en Oaxaca, el aparato educativo que tenía que haber sido un detonador económico cayó en manos de mafia de la Sección 22 que vio en esa área un filón de oro y en lugar de preocuparse por sacar buenos estudiantes y emprendedores, se dedicó a saquear las aéreas públicas, a detener el progreso, a hacer huelgas interminables y a destruir el objetivo esencial de la educación que era convertirse en la masa crítica del desarrollo. En otras dependencias pasó lo mismo los aparatos administrativos crecieron sin atender muchas veces a las necesidades específicas de la administración, se buscaba más bien satisfacer las necesidades de líderes corruptos, —está el caso de un dirigente del sector salud que tiene a 10 familiares suyos dentro de las nóminas de esta dependencia y ninguno trabaja, todos están comisionados—. Este ejemplo se multiplica en todas las dependencias, donde cada nuevo secretario y líder mete a sus allegados sin importar las necesidades del trabajo y lo que es más grave sin atender los techos financieros.

Ese es el dilema al cual se enfrenta en ese momento las dependencias del estado. En el gobierno federal ha prohibido crear nuevas plazas y en los estados están evitando contratar personal. Lo grave es que nadie se preocupa por poner a trabajar a los que ya están contratados. Oaxaca esta en los extremos de la mala administración, con una burocracia incapaz de promover el desarrollo, impreparada, ociosa y corrompida por los sindicatos. Ese es el dilema, mantenemos una clase ociosa y en algunos casos corrompida, o se toman una serie de decisiones, dolorosas, pero necesarias. Ese es el caso del sector salud, en el cual existen problemas muy serios que paralizan el sistema. No hay medicinas porque no hay dinero, no hay dinero porque se va en sueldos, no hay buen servicio, porque el personal está mal preparado, están mal preparados porque no estudiaron y no trabajan todos los empleados. Hay un exceso de comisionados que nada más cobran. La crisis que está presente y sin resolverse responde a gobiernos ineficientes y líderes sindicales corruptos.

CORRUPCIÓN INTERNACIONAL

Para conocer si las políticas públicas son válidas y la manera como se desarrollan los países es la adecuada necesitamos de referentes sólidos, estables y confiables que nos permitan una evaluación científica y verdadera. Se trata de conocer los niveles de desarrollo que se tienen. Desde que ganaron la segunda guerra mundial los Estados Unidos instalaron y consolidaron una serie de organismos de carácter internacional que serviría en primera instancia para dictar las reglas de juego de los americanos a los otros países, después para propiciar el desarrollo y después evaluarlo. Estos organismos fueron el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y una serie de organismos internacionales como la OEA, quienes valoraban en forma permanente cómo el desarrollo de la economía mundial y de los países. Es inútil decir que estos organismos se presentaron como organizaciones imparciales, que sus encuestas y trabajos académicos respondían a una serie de reglas a un consenso internacional y las variables se manejaban con ética, equidad y justicia.

Ahora, ha causado un profundo y desalentador malestar e impacto en el mundo de la política y economía internacional la publicación del The Wall SreetJournal de la semana pasada en que el jefe del Banco Mundial Paul Romer, reconoce que su organización financiera altero su ranking de competitividad empresarial para perjudicar a Chile y al gobierno de Michelle Bachelet, Romer afirmó que el estudio de 2006 a 2010 y de 2014 a 2018 ha tenido alteraciones y está contaminada por las motivaciones políticas del personal del Banco Mundial. Con la llegada de Michelle Bachelet al gobierno de Chile el Banco Mundial bajó a propósito los índices de credibilidad y la facilidad para hacer negocios en ese país, en una clara y franca agresión económica.

 

Ahora Paul Romer ha tenido que reconocer que durante los gobiernos socialistas de la señora Bachelet no han bajado las condiciones para invertir en Chile y hacer negocios y que este país ha mantenido durante el gobierno socialista una apertura y un crecimiento moderado, pero firme. Estos organismos como el Banco Mundial, ahora tan cuestionado, al Fondo Monetario Internacional y otros, han quedado mal parados, porque más allá del impacto negativo que pudieron causarle a las inversionistas sobre Chile y el gobierno socialista de Bachelet, han dado al traste con su credibilidad, se han manifestado como organismos facciosos y por lo pronto han perdido la confianza de la comunidad internacional.
Hoy, estos organismos se quitan la careta y reconocen su parcialidad para juzgar a los gobiernos que no son adictos o fieles seguidores de sus políticas neoliberales. Como ven, son los Estados Unidos y no los rusos los que intervienen en las elecciones de los países latinoamericanos.

Todo parece indicar que tanto la nación mexicana y otros países así como la comunidad internacional requieren de nuevo paradigmas y de una revisión profunda de los principios en que está metida esta nueva sociedad que antes de la llegada de Donald Trump parecía inamovible.