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Inmovilismo oficial ante pérdida de 18 mil has boscosas al año

Degradados, 86% de los suelos en la entidad; es una amenaza para la producción agrícola


Inmovilismo oficial ante pérdida de 18 mil has boscosas al año | El Imparcial de Oaxaca
Fotos: Archivo El Imparcial / Avanza la desertificación del suelo en la entidad; Oaxaca pierde al año 18 mil hectáreas de bosques

Pese a que Oaxaca pierde anualmente un promedio de 18 mil hectáreas de zona boscosa, los diversos niveles de gobierno carecen de una estrategia definida para aminorar los impactos.

En el marco del Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación y la Sequía, defensores del medio ambiente como Nazario García Ramírez advierten de la falta de políticas públicas adecuadas para protección del medio ambiente.

Lamenta el avance de la desertificación en varias zonas del estado, desde la región de la Mixteca, Istmo de Tehuantepec, Sierra Sur y la Costa; “la degradación de la tierra causada fundamentalmente por la actividad humana, por la sobreexplotación y uso inadecuado de la tierra y  variaciones climáticas”, dijo.

La Comisión Nacional Forestal (Conafor) reporta que el 86% de los suelos de Oaxaca presenta algún grado de degradación y en el 27.4 % es severa, situación que se agrava con la sequía.

La desertificación de los suelos se convierte en una amenaza para la producción agrícola, la diversificación de cultivos, el uso eficiente del agua y la captación del agua de lluvia, lo cual genera un deterioro ambiental que se asocia a la baja sustentabilidad de cultivos”, detalló Ramírez.

Para Jaime Leal González, del Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT), cuando la lluvia de temporal se retrasa, genera que se tenga que hacer un uso eficiente de la lluvia; “no vamos a lograr si se nos infiltra al subsuelo, por eso los agricultores deben dejar rastrojo o una cobertura vegetal viva con otros cultivos en su parcela”.

Explica que la desertificación es la degradación de la tierra como consecuencia de las actividades humanas tales como la deforestación, la explotación del agua, la agricultura y la ganadería. Por otro lado, la sequía ocurre cuando la precipitación acumulada durante cierto lapso de tiempo es menor a la habitual.

Y las consecuencias que conllevan no se dan por separado sino que desencadenan muchos más problemas en las poblaciones que los padecen, al ser más visible  la escasez de agua, lo que provoca que las comunidades afectadas tengan menor acceso al recurso, lo que dificulta su desarrollo.

Pero también genera la imposibilidad de producir alimentos suficientes para la población o el ganado, por lo que ambos se ven afectados, aunado a que la falta de agua pone en peligro la salud y, con el tiempo, la región empobrecerá.

De acuerdo con la Comisión Nacional de Zonas Áridas, la presión demográfica intensifica la degradación de las tierras, condición que produce deforestación y/o contaminación de ecosistemas acuáticos (de agua dulce y de agua salobre). Además, pérdidas de materia orgánica, carbón del suelo, de cobertura vegetal y biodiversidad debido a cambios en el uso del suelo.

 

La tala inmoderada, sin freno en las regiones

 

Restaurar y recuperar la tierra

 

La Lucha contra la Desertificación y la Sequía impulsada por la ONU recuerda cada año los trabajos a efectuar para restaurar y recuperar la tierra, de ahí que en 2021 se centraran en la renovación de las degradadas, la resiliencia económica, creación de empleos y seguridad alimentaria.

En tanto, expertos del Instituto de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias y del Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo enfatizan que técnicas de agricultura de conservación y mejoramiento tradicional de cultivos son opciones viables para hacer frente a los retos de la desertificación y la sequía en nuestro territorio.

Aunque los distintos  gobiernos han recalcado que la protección de los suelos es una de las prioridades del Estado, la realidad es que este aparente interés se desvanece entre promesas y retóricas vacías, opina el ambientalista Nazario García.

Entre los principales factores que desencadenan la situación adversa se encuentran la explotación insostenible de los recursos hídricos, que es causa de graves daños ambientales, incluidos la contaminación química, la salinización y el agotamiento de los acuíferos.

También las pérdidas de la cubierta vegetal a causa de los incendios forestales. Concentración de la actividad económica en las zonas costeras como resultado del crecimiento urbano, las actividades industriales, el turismo de masas y la agricultura de regadío.

Para los ecologistas, las actuaciones en materia de protección de suelos deben tener como principal objetivo el desarrollo de una gestión sostenible de las tierras agrícolas, de los recursos hídricos y de la ordenación del territorio.

Sin embargo, explican que las políticas que lleva a cabo el gobierno en materia agrícola, urbanística e hidrológica se alejan cada vez más de un modelo de desarrollo sostenible que pudiera prevenir la degradación de las tierras.

En el Proyecto México para la Reducción de Emisiones por deforestación y degradación (M-REDD+), se expone que Oaxaca ha destacado como el tercer estado con mayor pérdida de cobertura forestal en México.

Tan solo en los noventas se reportaban pérdidas de  alrededor de 35 mil hectáreas anuales, además figuraba entre los primeros diez estados con mayor tasa de deforestación (0.6%).

Se estima que la deforestación en 25 mil ha por año, había sido ocasionada por la expansión de actividades agropecuarias y asentamientos humanos, así como los impactos de incendios que pueden representar un porcentaje substancial de la pérdida de cobertura arbórea.

Las regiones de Oaxaca donde tradicionalmente se ha reportado mayores procesos de deforestación son: en la región Sierra Sur, la Mixteca al oeste del estado y en la Sierra Mixe.

 

Los incendios forestales arrasan con áreas verdes

 

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