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Tapetes de arena cobran vida por celebración de Día de Muertos

Mantienen la tradición en la Villa de Zaachila; para “vestir el alma de las personas” durante la levantada de cruz


  • Tapetes de arena cobran vida por celebración de Día de Muertos
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Desde su niñez, Cristian Andreiv Pérez Campos conoció de los tradicionales tapetes de arena de su natal Villa de Zaachila. En esta comunidad de los Valles Centrales de Oaxaca, aprendió y empezó a crear sus primeras piezas. Al inicio, para los concursos escolares y hace casi ocho años para “vestir el alma de las personas” durante la levantada de cruz, que se acostumbra a los nueve días del deceso, o para los 40 días y el año del fallecimiento. Incluso, a los siete años del suceso.

Mientras se toma un descanso y sus manos aún muestran restos de la diamantina, Cristian Andreiv cuenta que los tapetes también se acostumbran realizar durante las festividades de Día de Muertos. La difusión de esta tradición ha comenzado con más días de antelación, algunos trabajos en recintos cultuales y comerciales, a fin de que locales y visitantes conozcan de una tradición enlazada con la innovación.

“Es un gusto ser uno de los muchos que todavía realizamos esta bella tradición”, dice Andreiv, quien ubica los antecedentes de esta en la época prehispánica, cuando se era habitual “colocar una ofrenda en el suelo”, en alusión a “nuestro origen: venimos de la Madre Tierra”.

Con la colonización española, esta tradición de la región Valles Centrales de Oaxaca “se mezcla y se vuelve en lo que es la tradición de la Santa Cruz”, como se conoce a la elaboración de tapetes “en nuestros pueblos”, agrega el zaachileño. 

“Es cuando se elabora esta alfombra de origen prehispánico, pero ya con una imagen cristiana, de la religión, y que se realiza para los nueve días de fallecimiento de una persona. Dependiendo el pueblo, se realiza tanto a los nueve días como a los 40 y al cumplirse un año. En algunas partes del Istmo de Tehuantepec, a los siete años”.

 

El tapete, símbolo del alma de una persona

Cuando se elabora por el fallecimiento de una persona, el tapete simboliza el alma de esta, pues se coloca en el lugar donde el cuerpo de esta fue tendido para ser velada. Imágenes religiosas como la Virgen de Juquila, el Señor del Rayo u otra que haya sido de la fe del difunto se representan en las piezas.

“Y la tradición nos cuenta que el alma permanece todavía a los nueve días, entonces las personas lo tienden ahí. Es como darle un vestido al alma porque se vela toda una noche. Es como el color del alma, materializarla porque después se lleva un proceso de levantada de cruz, que es cuando las personas se despiden del difunto nuevamente”.

Esta tradición es característica de la región Valles Centrales de Oaxaca, aunque se ha extendido a otras más, relata Andreiv. “Ahorita, con las redes sociales y los medios que tenemos se ha expandido a diferentes regiones del estado, ya casi e todas la gente los conoce y anhela tener un tapete, pero es originario de Valles centrales”.

Para su elaboración, la materia prima es la arena o tierra, en alusión al origen. Cal, polvos de ladrillo o carbón molidos son otros de los materiales con los que se crean formas y da color. Con el paso del tiempo y la accesibilidad a otros elementos, se usan también algunos pigmentos industriales y diamantinas. Estas últimas han reemplazado a las botellas de vidrio molidas.

Durante las festividades de Día de Muertos, los tapetes vuelven a elaborarse, en tanto es una ocasión en la que cree que las almas de los fallecidos regresan al mundo terrenal para convivir con sus familias.

“Nosotros creemos que ellos regresan del Mictlán y retomamos esa tradición de los nueve días, pero es más como una forma de adorar o apreciar a la catrina, a la muerte, hasta cierto punto. Es un momento para reírnos, de apreciarla, porque es un tema que durante el año nos da miedo, tristeza, pero que en estas fechas, sobre todo los oaxaqueños, tendemos a reírnos con ella, a disfrutar”.

Esa es la razón por la que en los tapetes los motivos que se plasman son catrinas y catrines, representaciones del diablo en una versión “chusca” o retratos de los familiares fallecidos.

En los últimos días, Andreiv ha realixado diversos tapetes en espacios culturales y comerciales de la capital oaxaqueña, uno de ellos el mercado orgánico El Pochote, en la calle Porfirio Díaz, centro. Asimismo, fue invitado para desarrollar uno en San José del Cabo, California, como una manera de llevar la tradición de los tapetes de arena de Oaxaca para ser admirados por otros públicos.

En El Pochote, creó una muerte inspirada en los textiles oaxaqueños y la figura de la artista Frida Kahlo, a partir de una fotografía en la que la extinta autora aparece con indumentaria tradicional de la Cuenca del Papaloápam.

Para elaborar un tapete de aproximadamente un metro y medio de longitud por uno de ancho, Andreiv emplea cerca de tres horas. Pueden ser hasta ocho, según la dimensión y complejidad del trabajo. 

Además de admirar estas creaciones, el también artesano invita a la gente a indagar más sobre el tema y apoyar a los artesanos que lo hacen. “Sobre todo que valoren, que alejemos un poco eso que nos quiere afectar, como el Halloween, y retomemos nuestras raíces, que es el Día de Muertos”.