Una plaza desolada en Etla por Covid-19
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Una plaza desolada en Etla por Covid-19

Por la pandemia, la tradicional plaza de los miércoles no se instala; tianguistas se regresan con sus productos

Una plaza desolada en Etla por Covid-19 | El Imparcial de Oaxaca

 “Prefiero morir de coronavirus que de hambre. A mis 60 y tantos años no había visto esta situación”, señaló la señora Verónica Matadamas quien es vendedora de tortillas en la plaza de este municipio. 

Ayer, la autoridad municipal cumplió con el acuerdo de cerrar el mercado “Porfirio Díaz” y con esto, cientos de personas quedaron sin realizar su actividad económica.

Además, no se permitió la instalación de la plaza como todos los miércoles, misma que reúne a personas de diversas comunidades tanto del distrito de Etla, como de otros municipios e incluso, de estados vecinos. 

“Ahora no voy a tener ni que comer; uno va el día y ahora, no voy a poder vender mi tortilla que hago para poder tener unos cien o 200 pesos”, comentó la mujer cuyo esposo es de edad avanzada y padece enfermedades.

En la Villa de Etla, debido a estas restricciones, algunas vendedoras de tortillas provenientes de la comunidad de Mazaltepec se quedaron en las esquinas de calles cercanas al mercado municipal, al igual que vendedores de otros giros.

No obstante, elementos de la Policía Municipal los estuvieron retirando en cumplimiento a las indicaciones de la autoridad para evitar conglomeraciones y con ello la proliferación del Covid-19.

Ayer, los juegos mecánicos que se instalaron en días anteriores en espera de la festividad del Quinto Viernes de Cuaresma, se fueron levantando del centro de la Villa de Etla, frente a la mirada de decenas de personas que llegaron ayer para la plaza. 

“Yo no creo. Si ese es nuestro destino de morir por una epidemia, es preferible morirse del coronavirus que morirse de hambre porque ahorita no hay nada, ¿qué vamos a comer?”, preguntó con cierta tristeza en sus ojos. 

La señora Verónica compraba maíz para elaborar tortillas, grano que sufrió un incremento de 50 pesos en el precio por costal. 

A sus más de 60 años no había visto una situación igual, solo las historias que le cuenta su mamá que hace años hubo una epidemia de sarampión que cobró la vida de varios niños de su familia. 

“Si nos toca morir, ni modo: yo no creo eso, es una guerra entre los países que está afectando a los más pobres”, señaló.