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Miseria oculta en barrios marginales de la capital oaxaqueña

Habitar en una zona agreste, raspar las laderas del cerro para encajar casitas de lámina, cartón y madera, vivir a oscuras, sin agua, sin transporte, sin drenaje, es la manera en la que personas de escasos recursos sobreviven en los rincones más inhóspitos de la ciudad.


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El pequeño cuarto de lámina y madera de 15 metros cuadrados es el hogar de Gloria desde hace 10 años; una mesa y la estufa es todo lo que hay en su cocina y comedor, una cama a su costado es la recámara. Las esperanzas de una familia de tres integrantes se han forjado aquí, entre cuatro paredes, un techo de láminas y piso de tierra.

Gloria García vive en la colonia Los Encinos, un núcleo poblacional no reconocido del municipio de Oaxaca de Juárez, en donde habitan 280 familias que carecen de todo, no hay agua, luz, drenaje y las viviendas son de materiales tan frágiles que “al año el viento se lleva de dos a tres cada temporada”.

Desde su lavadero, Gloria tiene un mirador increíble desde donde se presenta gran parte de la ciudad de Oaxaca, “mi esposo es albañil y trabaja afuera, lo mismo que mi hijo, lo que ganan apenas si alcanza para comer, acabar de construir la casa es un sueño lejano”.

Para ellos no hubo estudios, las oportunidades nunca llegaron cuando eran niños; por eso ahora hacen lo posible para que sus hijos vayan a la escuela, a pesar de que tienen que caminar una vereda sinuosa, trepar entre las rocas y andar entre el polvo.

La lámpara de gas que cuelga en su estrecho corredor da constancia de la carencia de servicios básicos como el suministro de energía eléctrica, aunque los polines de la vivienda están adornados con cables, pues desde hace un tiempo, de una de las calles de la parte de abajo le pasan corriente con la que alimentan un foco y un viejo televisor de tubo.

POBRES ENTRE LOS POBRES

Para medir la pobreza, el Consejo Nacional de Evaluación de Política de Desarrollo Social (Coneval) toma en cuenta, en primer lugar, el ingreso, además de las carencias sociales como: rezago educativo, carencia por acceso a los servicios de salud, carencia por acceso a la seguridad social, carencia por calidad y espacios de la vivienda, carencia por acceso a los servicios básicos en la vivienda, carencia por acceso a la alimentación.

En la colonia los Encinos, las carencias sociales están presentes en cada casa, en cada rostro, aquí la estadística pasa a segundo plano. La precariedad inunda esta colonia localizada a menos de 20 minutos a pie del centro de la capital de Oaxaca.

Cuando una persona se encuentra en situación de pobreza tiene al menos una carencia social (en los seis indicadores de rezago educativo, acceso a servicios de salud, acceso a la seguridad social, calidad y espacios de la vivienda, servicios básicos en la vivienda y acceso a la alimentación) y su ingreso es insuficiente para adquirir los bienes y servicios que requiere para satisfacer sus necesidades alimentarias y no alimentarias.

Mientras que cuando una persona se encuentra en situación de pobreza extrema tiene tres o más carencias, de seis variables, dentro del Índice de Privación Social y que, además, se encuentra por debajo de la línea de bienestar mínimo. Las personas en esta situación disponen de un ingreso tan bajo que, aun si lo dedicase por completo a alimentos, no sería capaz de solventar la ingesta mínima de nutrientes necesarios para tener una vida sana.

Tomando en cuenta estos parámetros, Gloria es parte de las 951 mil personas que viven en pobreza extrema en Oaxaca, y no está ni cerca de escapar de ese estigma social.

La mayoría de las personas que habitan la colonia Los Encinos llegaron de las comunidades indígenas, buscando un mejor futuro, proceso que les ha costado sangre y sudor, y hasta la fecha ese bienestar que persiguen aún luce inalcanzable.

 

AGUA CON TINACOS Y LO QUE ALCANCE

Mientras los pollos que cría se alimentan sin preocupación, Gloria narra su día a día en la cima del cerro, donde no hay forma de surtirse de agua más que con pipas, la lluvia es un consuelo que muy pocas veces es benéfico, pues la intensidad de las trombas hace tambalear su endeble vivienda.

No hay dinero para construir una cisterna y “cada tinaco de mil 100 litros cuesta 130 pesos y nos dura una semana, cuando se acaba pues nos aguantamos; además que por al mal estado de las brechas, muchas veces las pipas no puede subir”.

Gloria aprendió a cuidar el agua por necesidad, mientras lava la ropa recolecta con botes todo el líquido posible. La ropa tendida sobre una desvencijada cerca de malla que intenta ocultar la casa de los mañosos pues, “la inseguridad es complicada, porque todos hemos sido víctimas de la delincuencia”.

 

TRANSPORTE, SUEÑO URGENTE

El único medio de transporte que llega hasta la vivienda de Gloria son los mototaxiscon tarifas exageradas, 30 pesos por viaje y eso cuando los conductores están de buenas y se arriesgan a subir.

La última ruta de urbanos tiene su base a más de un kilómetro de distancia, en las faldas del cerro, de ahí hay que subir una pronunciada pendiente. Los taxis no suben y si lo hacen cobrarían lo de una semana de sueldo.

El camión repartidor de gas llega, apenas, lo que representa una tranquilidad para ella, pues su esposo e hijo trabajan fuera la mayor parte del tiempo y es imposible que cargue sola el cilindro hasta la cima del cerro.

 

UN DESEADO RECONOCIMIENTO

Para Gloria el gran problema de Los Encinos es la falta de reconocimiento por parte del municipio, son décadas viviendo en el limbo, sin que ninguna autoridad los visite, y presas fáciles para las organizaciones sociales que han sangrado a los vecinos para “permitirles” vivir en su propia casa.

“Muchas veces venían personas externas a tratar de sacarnos, nos gritaban y decían que eran los dueños, nos pedían cuotas”, dice Gloria con impotencia, “tuvimos que buscar e investigar quién era el verdadero dueño, al final le pagamos 40 mil pesos y hasta entonces dejaron de molestarnos”.

En la colonia vecina, Santa Cecilia, la historia se repite, ahí los colonos no saben a quién pedirle los servicios, unos dicen que pertenecen a San Jacinto Amilpas, otros a Oaxaca de Juárez, y algunos no les interesa.

“Llevamos años buscando el reconocimiento, pues nos dicen que solamente así nos darán servicios, pero no podemos, no nos hacen caso”, explica la vecina de la colonia los Encinos.

Ante la falta de apoyos invita al presidente municipal y al gobernador del estado para que los visiten, “estamos a unos cuantos minutos del centro de la ciudad, y somos cientos de personas los que vivimos sin nada”.

 

Carencias sociales y rezago

En 2018, tres millones de Oaxaqueños contaban con al menos una carencia social, mientras que un millón 832 mil 800 personas contaba con más de tres carencias sociales.

En rezago educativo se encuentran un millón 107 mil 200 oaxaqueños, en carencia por acceso de servicio de salud 665 mil 100, en carencia a los servicios de seguridad social se encuentran tres millones 116 mil 600 oaxaqueños, en espacios de la vivienda, un millón 27 mil 600; en servicios básicos de la vivienda, dos millones 384 mil 400 oaxaqueños y en carencia por acceso a la alimentación un millón 142 mil 200.

En la capital de Oaxaca, 25 mil 326 personas padecían rezago educativo, por carencias a los servicios de salud, 63 mil 628; por acceso a la seguridad social, 162 mil 743; por calidad y espacios de la vivienda, 20 mil 928 personas; por carencias a los servicios básicos de vivienda, 50 mil 319 personas y por acceso a la alimentación, 44 mil 725 personas.


 

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