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“El turno más ch*ngón es la mañana”: asegura ‘Jumanji’, asaltante de combis

‘Jumanji’, de 24 años, se dedica a robar a pasajeros en el transporte público como su papá; narra cómo eligen la ruta y los horarios en los que hay un mayor botín


“El turno más ch*ngón es la mañana”: asegura ‘Jumanji’, asaltante de combis | El Imparcial de Oaxaca
Imagen ilustrativa: Internet

Jumanji tiene 24 años y ha sido chalán de rateros en Ecatepec, donde su papá se dedica al robo de transporte público.

“Últimamente la raza se ha pasado de lanza con nosotros, o sea, ya no es un robo como el de antes, que te bajas de la combi o del camión y ya sabes que tiene el 18, luego, luego regresas a la casa. Pero la raza se ha puesto más (difícil) en Ecatepec. De hecho estamos chambeando ahorita, a ver quién es la siguiente víctima y pues la gente se ha hecho de valor, mi carnal”, dice.

En entrevista con Excélsior asegura que tienen “checada la ruta” y hasta tienen identificados los horarios en los que el botín es más grande.

“Aquí tenemos checada la pinche ruta, son como 20 compiros (asaltantes), hasta tenemos placa. El turno más chingón es en la mañana, de seis de la mañana a diez de la mañana, ahí no hay pedo, te llevas una moneda. El siguiente turno es de las doce del día a las cuatro de la tarde, ahí la chamba no está tan chida porque las combis van vacías, pero lo chulo, lo chulo, ahorita que se viene la época de Navidad de las siete cazamos la víctima, y de las siete a doce reventamos y coronamos”, detalla Jumanji.

El Jumanji dice que ahora es más complicado asaltar a pasajeros porque muchos se defienden, aunque lo que más le preocupa es que en medio del robo algún policía fuera de servicio le dispare.

“Mucha gente trabaja en Ciudad de México, pero vive en municipios conurbados del Estado de México u otros estados y diariamente tiene que usar el transporte público durante largos trayectos, por mucho tiempo, y están hartos de que los asalten en el transporte público. Entonces, de repente ven un momento de oportunidad, nadie lo planea, por supuesto, alguien se anima, dos o tres, y se arriesgan, no saben si el delincuente va a sacar la pistola o ya la sacó y ven la forma en que lo van a enfrentar. Tiene muchas variantes, pero a lo que voy con esto es que la gente también se arriesga”, dice Elisa Godínez Pérez, doctora en Ciencias Antropológicas.

En lo que va de 2021, se han reportado 10 mil 561 robos en transporte público, la mayoría con violencia, de acuerdo con datos oficiales. A eso se suman los delitos que no se denuncian.

De enero a noviembre de este año, a nivel nacional se presentaron al menos 73 episodios relacionados con linchamientos, intentos de linchamientos o civiles que frustraron asaltos, de acuerdo con una recopilación hemerográficas.

“También hemos visto que llega un delincuente con una navaja y las cinco o seis personas se le van (encima), lo derriban y lo empiezan a golpear permanentemente, y esto rebasa (la proporcionalidad de la defensa legítima). Ya no es que lo detengas infraganti y lo pongas en manos de la autoridad, que eso sería lo que correspondería conforme a derecho”, comenta la doctora en Ciencias Antropológicas.

Jumanji cuenta que su familia entera se ha dedicado al robo y que incluso su padre se encuentra preso. Asegura que no sabe hacer otra cosa y que siente culpa por asaltar a personas, pero también se siente mal por no tener dinero. Sabe que corre el riesgo que en algún momento, sus víctimas, como les llama, se defiendan y no regrese a casa.

“Sí, carnal, sí me he pasado de lanza, pero con puro filero hasta eso, no con plomo, pues antes no tenía dinero para comprarme un cuete o un tubo (pistola) y andaba asaltando en las combis con puro pinche filero. Varios se me pusieron guapos (se defendieron), pero se llevaron sus navajazos”, dice Jumanji.

En diversos eventos se ha linchado a los agresores, pero es aquí donde surge otro dilema, si las víctimas se convierten en victimarios. A esto se suma que ante la empatía de sufrir un asalto o un acto de violencia, otros ciudadanos puedan aplaudir la justicia por propia mano, aunque se trate de un delito.


 

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