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En la Mixteca mantienen viva la producción de flor de muerto

Consumir local y que los jóvenes produzcan es esencial para que el coronavirus afecte menos en la economía


  • En la Mixteca mantienen viva la producción de flor de muerto
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Se sembró una cuarta parte de lo que se cultiva cada año, con la esperanza de —al menos— recuperar lo invertido, pero en la Mixteca, los productores mantienen viva la producción de flor de muerto, en la que trabajan desde hace cuatro meses.

Pedro Estrada Lima, productor de Santiago Huajolotitlán, es de las primeras personas que empezó con la siembra de flor de muerto en esta parte de la Mixteca, hace unos 30 años.

“Cuando estaba chiquillo, iba con mi jefecita a Huajuapan a hacer las compras de Día de Muertos y me daba tristeza porque venían puros productores de fuera, de Atlixco, Puebla y Tehuacán, y nos daban la flor muy cara”, recordó.

“Yo dije, si Dios me da licencia llegar a una cierta edad, lo que yo voy a hacer es sembrar flor de muerto y se me cumplió mi sueño, sembraba con unos señores que ya se nos adelantaron y ahora lo hago con mi familia”, continuó.

Es así como empezó a sembrar la flor de cempasúchil. Esta crece en dos tipos de suelo, húmedo conocido como lama o arena. La semilla se coloca en la charola o almarcigo, desde el 20 de junio, para que el 20 de agosto se trasplante. 

La roja o de terciopelo, conocida también como borla, de pavo, cresta de gallo, corona de Cristo, es más delicada, más susceptible a las plagas, “la puede matar el agua o le puede entrar la mancha”.

Antes, de cada cuatro metros que sembraba, se salvaban dos. Ahora, lo que hace es poner las semillas en las charolas y las mete en invernaderos. Se prepara el almarcigo el 15 de junio para que un mes después se trasplante al suelo.

EMPIEZA LA COSECHA

El corte de las flores es a partir del 29 de octubre hasta el 1 de noviembre. Como este año se cancelaron las velaciones en los panteones por el Covid-19, saben que la venta del día primero está prácticamente perdida.

Los campos de esta zona conocida como la Cañadita se pintan de amarillo y rojo, porque muchos productores se dedican a plantar flor roja y amarilla; son productores de San Francisco El Huamúchil, el barrio de Palo Flor, de Santiago Huajolotitlán, entre otras.

“La gente sufre mucho porque los productores de fuera venden la flor al precio que ellos quieren. La competencia le favorece al cliente y lo más importante es que ya no vienen tantos de fuera a venderla, nosotros somos principales abastecedores de flor, de esta región”, explicó.

Estos productores locales, comercializan sus cosechas en la calle privada de Tapia, a un costado del Mercado Ignacio Zaragoza, donde estacionan sus camionetas. Tienen el acuerdo con los que laboran en el mercado, de que pueden vender solamente de media paca para arriba, cuyo precio varía cada año, aunque en sus terrenos sí le pueden vender a la gente la cantidad que guste y tienen venta a domicilio llamando al 953 122 87 25 y al 953 176 10 56.

Los plantíos de don Pedro se encuentran pasando el puente de Santiago Huajolotitlán que está atrás de la iglesia, sobre la carretera a San Sebastián Progreso, en la primera casa del lado derecho.

VENTAS INCIERTAS 

La pandemia por el Covid-19 afectó a los productores: “estábamos en ese riesgo de, se venderá o no se venderá, todavía no sabemos, por eso este año sembré sólo un cuarto de hectárea de la roja y lo mismo de la amarilla, cuando siempre he sembrado una hectárea”.

Sembró poco porque reconoce que cada año hace gastos muy fuertes, en la semilla, en el tractor, los foliares. Invirtió de 7 mil a 8 mil pesos en la flor roja y 5 mil en la amarilla, con recuperar la inversión se sentirá aliviado, “porque yo pienso que ganancia no va a haber”, consideró.

EN EQUIPO

Don Pedro Estrada, apasionado de hacer producir el campo, ha logrado que sus hijos se involucren en las actividades desde pequeños, tanto, que dos de sus hijos están estudiando en Chapingo, Pedro, que estudia bachillerato y Neledith Roberto, que culminará su carrera en un año.

“Mi esposa, Alejandra Lima Hernández, y yo nos sentimos orgullosos de que nuestros hijos se involucren, al igual que mi hija Nayeli, y que podamos hacer un equipo. Yo desde pequeño fui chalán, pero no hay como tener tus propias cosechas y que los jóvenes quieran seguir en el campo”, expresó.

Y es que, todo el año están sembrando. Después de recoger la flor van a pizcar maíz, luego recogen el zacate y sigue la siembra de calabacitas, en cuyo llano cuentan con agua suficiente porque hay varios nacimientos arriba, lo que significa que el agua está limpia.

Eso permite que los productores de estas comunidades saquen unas mil cajas diarias de calabacitas en los meses de febrero y marzo, que se van a la central de abastos en la Ciudad de México, a Puebla, y acuden compradores foráneos por flor de calabaza. También producen ejotes, cilantro, rábanos, cebollas, jitomate, tomate, maíz, frijol, pepinos.