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En Oaxaca, vive el campo contraste entre el maíz y el tomate

Del autoconsumo a la exportación, el campo de este municipio de los Valles Centrales muestra dos realidades de la producción agrícola, una que está en vías de extinción y otra que vive su mayor auge


En Oaxaca, vive el campo contraste entre el maíz y el tomate | El Imparcial de Oaxaca

Contrastes en el campo de uno de los municipios marginados de Valles Centrales, al que algunos valientes llaman “conurbado” a la capital del estado. En unos casos el campo no da para sobrevivir, en otro se trabaja bajo un lema “con técnica e inversión el campo es productivo”. De un lado el maíz, el cultivo nacional que ya no da ni para el al autoconsumo, del otro lado el tomate, una planta que recibe mucho mayor atención de los economistas que de los historiadores y sociólogos pero que coloca a México como líder mundial de producción, con ventas por exportaciones de hasta 20 mil millones de pesos anuales. Todo en una superficie de 35.77 kilómetros cuadrados.

El maíz vuelve a San Andrés Ixtlahuaca “área de atención prioritaria” para la Secretaría de Desarrollo Social; el tomate lo coloca como uno de los diez principales productores del estado, con exportaciones a Estados Unidos. En los campos de maíz los hombres se han vuelto viejos, en los de tomate la explosión productiva está por alcanzar su mayor nivel.

“No hay capital para mover el campo” es una de las primeras frases de don Aurelio Cortés Vásquez, de 74 años de edad, propietario de media hectárea. Su labor, además de la falta de atención oficial la dificulta el clima. “Antes, en primer lugar llovía más, cualquier gente tenía su yuntita y trabajaba, ahora las cosas están mal”, continúa.

“Antes se podía vivir del campo porque llovía desde abril, hacíamos dos siembras, la de abril y la de julio, había cosecha, había forma de vivir porque llovía más pero ahora ya no llueve, empieza a llover hasta junio y en septiembre se empieza a retirar el agua, el campo es aventurero, sobre todo lo que es de temporal”.

Hoy sus recursos son insuficientes para comprar esa “yuntita”, que le costaría 20 mil o 30 mil pesos para producir más allá de su propia mesa. Para acceder a recursos de programas para el campo requeriría acreditar la propiedad de su tierra a través de una escritura notariada, para lo que no alcanzan los recursos que recibe del programa 65 y más, mil 160 pesos cada dos meses.

“Lo ocupo para comprar frijol, maíz, azúcar porque lo que siembro no me alcanza para vivir. Me compro unos dos tres costales de maíz para que hagan tortillas, el costal vale 280 o 300 pesos, lo demás es para comprar azúcar, frijol, sal, chiles, tomate y se acabó el dinero. Nosotros siempre le buscamos, yo a veces trabajo de mocito, estuve trabajando en Monte Albán, ahí nos ocupaban para limpiar las pirámides. Ahí trabajé 10 años pero este año ya no me dieron trabajo porque ya necesitan gente activa, gente joven y yo ya tengo 74 años”.


El campo, pero hay que hacer más

Reynaldo Cortés Cruz tiene 34 años y ayuda a su madre para cuidar la media hectárea que siembra con granos de maíz cada año. Hace cinco o seis años los ciclos anuales se perdieron por la falta de agua. Si bien la inversión que se requiere para la siembra es poca, también lo es la ganancia. Para producir 500 metros cuadrados se requieren mil 500 o dos mil pesos y se obtiene por cosecha dos mil o tres mil. “Por eso es que la gente a veces ya no quiere, porque la ganancia es muy poca. El campo es ahora para irla sobrellevando, porque antes resultaba, vendía más maíz, ahora el agua es muy escasa”.

Con ese precio ha optado por convertir la producción de maíz en alimento para ganado, una actividad complementaria que de igual forma va a la baja. Son cinco animales, vacas y toros que compra y vende anualmente, con ingresos de 10 mil o 20 mil pesos por cabeza.

-¿Si tuviera que vivir de esta media hectárea podría hacerlo?

-No, por eso es que no es mi trabajo. A mi mamá porque a ella le gusta, pero no es mi fuerte, yo le ayudo, pero es muy difícil, por eso mejor la gente emigra. Mis padres, como se dice, con frijoles y sal, pudieron vivir, pero no es vida. Necesitas ropa, unos buenos zapatos, por lo menos dos o tres pares al año y en el campo nada más te dan los huaraches, y si te va bien. Es muy difícil la vida del campo.

La alternativa para Reynaldo se encuentra en otros trabajos adicionales que realiza de herrería y en la albañilería, construyendo invernaderos.

Técnica e inversión

El ingeniero Frumensio Santiago Hernández ha optado por acompañar la producción en el campo desde la construcción de invernaderos. Su compañía construye alrededor de una hectárea de infraestructura anualmente y se guía por un lema “con técnica e inversión el campo es productivo”.

La inversión inicial para la construcción de un invernadero va desde los 175 mil pesos por uno de 500 metros cuadrados hasta un millón 750 mil pesos para construir 5 mil metros cuadrados.

El apoyo que entrega la Sagarpa para este tipo de infraestructura varía dependiendo del grado de marginación de cada municipio. En las zonas de muy alta marginación se otorga 90% del costo y en las de alta 70%; en zonas de media marginación como San Andrés otorga 90 pesos por metro cuadrado. Con la acreditación de esta secretaría se puede acceder a créditos de Financiera Rural.

“En el 2010, aproximadamente, hubo un boom en San Andrés de la agricultura protegida, hubo un ingeniero que le dio mucho impulso, hoy es una fuente importante de ingresos aquí, hay gente que vive y depende de la agricultura protegida, aunque como todo tiene sus altibajos, en general la gente ha mejorado sus condiciones con los invernaderos”, explica.

Con la protección de los invernaderos

El tomate ha sido uno de los cultivos privilegiados en San Andrés, que paso de sembrarse a cielo abierto a estar protegido en al menos 20 invernaderos de la zona, dos de ellos, de 2 mil 500 y 2 mil 700 metros cuadrados, pertenecen a dos hermanos de don Frumensio, Marcos y Pedro, que han iniciado la siembra en un buen momento, en el que el kilo de tomate cuesta hasta 20 pesos en el mercado y que venden hasta en 15. La proximidad de la Central de Abasto es un factor a favor para ellos.

Marcos ha iniciado la siembra de cuatro especies diferentes de tomate, como el Cid y Moctezuma, en espera de ver de cuál obtiene la mejor calidad y rendimiento.

A la actividad se han sumado familias enteras e incluso profesionistas que han optado porque la producción de tomate sea su principal fuente de ingresos.

De acuerdo con el Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera de la Sagarpa, en San Andrés se produjeron mil 460 toneladas de jitomate en 2015, con ganancias de hasta 10 millones 658 mil pesos.

Un plan a largo plazo

El ingeniero Pánfilo Sánchez cuenta que los invernaderos son parte de un plan a largo plazo que inició en el año 2001 con la construcción de bordos para la captación de agua que permita la conservación de los mantos freáticos. Como asesor técnico de Firco (Fideicomiso de Riesgo Compartido), en colaboración con autoridades municipales, creó el plan de producción y comercialización para el que la Sagarpa aportó 1.3 millones de pesos para la construcción de dos bordos amplios, mientras que la Semarnat dio entre 200 mil y 300 mil pesos para otros de menor tamaño. Hoy hay 23 bordos de captación de agua para la comunidad. Ese punto fue el inició de la conversión de un campo que considera tendrá una mayor explosión en cuanto a ganancias y familias beneficiadas.

El campo, recuerda, estaba abandonado y los pozos secos. El primer invernadero que se construyó fue de 300 metros cuadrados; en 2007 se levantó uno de tres hectáreas y hoy la agricultura protegida alcanza ocho hectáreas, desde donde se enviaron a McAllen, Texas, 96 toneladas el año pasado. En este momento el intercambio comercial está parado en espera de que el precio del producto se estabilice.

El jitomate que se produce en esta zona, asegura don Panfilo, tiene ventajas competitivas respecto al de las zonas de mayor producción como Sinaloa, ya que es cultivado de forma semiorgánica, con muy poca incidencia de plaguicidas químicos, además de que se riega con agua a la que “nada más le falta ser embotellada”.

“San Andrés tiene uno de los mejores climas del mundo, lo que siembres se da, tenemos agua, hay un potencial que no hemos explotado y sin embargo, no sólo los tomates en invernadero han incrementado su producción, sino también las hortalizas, ejote, chile bajo riego tecnificado o por goteo”, asegura.

Sus predicciones son que en los próximos cuatro o cinco las zonas sembradas con riego tecnificado se incrementen en 50 por ciento y que los invernaderos cubran 20 o 25 hectáreas. Ese futuro, sin embargo, seguirá conviviendo con el de don Aurelio, para quien el campo ya no da para comer.


 

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